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Guatemala siempre se ha destacado en Centroamérica, pero no por las razones que ellos quisieran presumir, sino por el liderazgo en violencia enfermiza crónica que vive  mostrando. Siendo el país con la economía más grande del área no es ni por mucho el  más próspero, ya que su ingreso per cápita está entre los más bajos del istmo.

La desigualdad social y su baja alfabetización son enormes. Los crímenes que se cometen  en Guatemala no tienen paralelo en el área centroamericana. De los que me vienen en  mente: el asesinato atroz de todos los pasajeros nicas en un bus, al que luego  quemaron;  el asesinato salvaje de varios diputados salvadoreños del Parlacén a los que creo  también quemaron; y la reciente matanza brutal de 29 campesinos en una hacienda, solo  porque los asesinos no encontraron al dueño de la misma al que buscaban. A estos  pobres inocentes los decapitaron.

También está la muerte insólita y anunciada del  abogado que la predijo en un video, y que luego las autoridades de ese infame país solucionaron culpando al muerto.

Ahora Guatemala nos regala la perla de asesinar a Facundo Cabral, un intelectual de renombre mundial y cuyo crimen ha impactado más allá de las fronteras centroamericanas, en donde de alguna forma los crímenes en ese país ya no causan el estupor que deberían.

Ahora el mundo entero está presenciando la verdadera imagen de  Guatemala, un país violento en donde la vida no vale nada y nunca ha valido. Las  débiles intenciones de su gobierno no causan mayor consuelo. El narcotráfico  mexicano, que también tiene en jaque a ese gigante del Norte se ha permeado en  Guatemala encontrando terreno fértil y ha desestabilizado a ese país.

Razón tienen los ciudadanos de Guatemala de estar avergonzados del asesinato de Cabral.

Ojala que esa vergüenza nacional que sienten hoy, comenzara una renovación  ética y moral en esa nación. Un parte aguas del antes y después de este bochornoso acto  que mancha en ignominia a toda la sociedad de ese país. Tal vez Facundo con su muerte  inmerecida fecunde esa tierra hacia la germinación de una nueva conciencia que deben  retomar el control de la Ley en ese país, y que la vida pueda nuevamente tener el valor  que tiene en las sociedades civilizadas.

Guatemala ciertamente no está entre la lista de esas sociedades.