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Lic. Erick Ruiz José


A Guillermo Rothschuh Villanueva y María Noelia Aráuz.

Hemos presenciado cómo centenares de personas, desde pequeños (obligados por sus padres) hasta la tercera edad, se desbordaron sin problemas hasta la Plaza La Fe para celebrar otro aniversario de la Revolución Sandinista. Un evento que se realiza desde hace 28 años.
Yo no había nacido cuando Somoza se fue. Ni muchos otros jóvenes que ahora son los votantes en potencia de toda Nicaragua. Por tal motivo, son otros tiempos los que vivimos. Sin embargo, se percibe cierto retorno a la “antigüedad”, a aquellos años de guerra y sufrimiento. Esto refiriéndome a la situación gubernamental del país.
Es como si toda la gente que sigue fervientemente al Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, (principalmente a Daniel Ortega) estuvo escondida o en hibernación. De repente, las consignas, pensamientos socialistas --comunistas, patriotismo, populismo, actitudes bélicas y amor por los caídos; son nuevamente marcas indelebles del supuesto nacionalismo que se ha perdido tanto en las últimas generaciones.
Es por eso que al gobernar nuevamente el “compañero” Ortega y su esposa, la “compañera” Rosario Murillo, este 38 % de la población ha encontrado una forma de adaptarse a la realidad de su nación. Esto se debe a que en esos mismos 28 años, Nicaragua se estancó en un subdesarrollo económico, tecnológico y, sobretodo, social.
Por ende, las personas se identifican con la manera tosca y poco ortodoxa en que el nuevo gobierno lleva las riendas. Es como si hubiésemos retrocedido unos treinta años y nos encontráramos con un país en guerra y listo para enfrentar la decadencia dejada por la administración corrupta de una dictadura; llámese Somocista o Danielista.
Por otro lado, la celebración del 19 de Julio simboliza el triunfo de un pueblo entero; una victoria que fue lograda gracias a miles de nicaragüenses asesinados sin piedad en una guerra injusta. Sin embargo, se percibe que el Sandinismo actual propone a un Daniel Ortega con facultades muy limitadas para gobernar, como el héroe de la Revolución. Como si gracias a él los nicaragüenses somos libres.
Es cierto que fue una pieza importante de esos sucesos. No obstante, su imagen se ha extralimitado. La mayoría de los seguidores del Frente Sandinista han optado por adaptarse a este fanatismo porque no se pueden adecuar a lo que en realidad el mundo atraviesa.
Esta modalidad de gobierno no ofrece respuestas sólidas ni efectivas para que una persona (sobre todo los jóvenes) confíe en un futuro prometedor y menos en un presente estable. Cualquier “chavalo” menor de 30 años que diga sin temor a equivocarse que se identifica con la Revolución Sandinista y con los ideales populistas de Daniel Ortega debe ser cuestionado a profundidad.
Como cualquier fiesta es tomada la celebración en la Revolución. Doña Rosario se esfuerza porque el escenario y los preparativos sean tan pomposos; dignos de una conmemoración importante; y realmente lo es. Pero no se puede confundir el triunfo de un pueblo con el dominio lerdo sobre las decisiones de toda una nación.
Ahora, ¿cómo podemos adaptarnos (el restante 62 %) a este gobierno? Imposible. La única manera es pretender que el tiempo se detuvo y que no hemos crecido. Empezar a llamarnos “compañer@” con la arroba, como símbolo de un nuevo idioma. Comprar más camisetas con la imagen del Che y de Fidel, aunque no sepamos quiénes son. Cantar las consignas “resucitadas” y prepararnos psicológicamente para una guerra que no estaría muy lejos de suceder si este Gobierno continúa por su erróneo camino en pleno Siglo XXI, donde los problemas pueden resolverse sin balas y cañones; aunque no lo hayamos aprendido aún.

* Comunicador Social