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Traumatología fue la especialidad “estrella” del exitoso Congreso Internacional de Medicina efectuado la semana anterior en nuestro país, mientras que, por el contrario,  los periodistas parecemos estar tan traumatizados que no podemos ni siquiera organizar una reunión decente representativa del gremio para elegir directivos con legalidad y transparencia, porque, como se sabe, en el más reciente “Congreso” del Colegio de Periodistas de Nicaragua (CPN), votó apenas un poco más del 16 por ciento de los electores. ¿Y el 83 por ciento?: en su mayoría excluidos mediante artimañas y trampas; y otros no asistieron por apáticos, de lo cual con dificultad se les puede reclamar, al existir una situación de caos, división y polarización en el periodismo nacional, que es harto desesperanzadora y desmovilizativa.

Qué lejos estamos los periodistas como corporación de alcanzar el nivel organizativo de los médicos, pese a los muchos errores que se cometen en el ejercicio de la medicina, dada su cada vez más profunda complejidad. Los congresos como el que los galenos acaban de realizar, elevan la calidad de los médicos, mientras nosotros nos hundimos en la miasma, el canibalismo y la fragmentación, debido a directivos y miembros que confunden las obligaciones del gremio con ajenos intereses de control del poder gubernamental.

Es de lamentar no solo la incapacidad del CPN para unir al gremio y organizar asambleas o congresos nacionales electivos, sino también para cumplir con su misión  esencial: la capacitación profesional. Más bien el CPN transmite desaliento con algunas de sus actuaciones, como la desafortunada gestión para que le otorgaran una pensión de gracia –beneficio económico de parte del Estado—a uno de los periodistas más corruptos del país, lo que desestimula entre los agremiados el interés y compromiso con la ética profesional.  Sobre todo, “ejemplar” mensaje a los colegas más jóvenes.

El expediente del seudo-periodista estuvo en manos del Comité de Ética del CPN en años anteriores, pero no hubo una medida definitiva, pese a las múltiples pruebas y evidencias presentadas por los colegiados del departamento de Chinandega. Como si faltara algo más, no solo fueron sepultadas todas las denuncias, sino que esta persona fue utilizada como activista de la campaña electoral del actual Presidente del Colegio. Todo un contrasentido, porque, ¿cómo va a ser un buen propagandista alguien tan manchado de mala práctica profesional? Pero sucedió como parte de algo inverosímil, porque en realidad no hubo elección democrática, sino un costoso montaje organizado con apoyo oficial, que se encargó con éxito de excluir a la mayoría.

Aún más nocivo y retorcido fue que de manera inaudita el Presidente del CPN se haya tomado la molestia de recolectar con paciencia mensajes transmitidos en la red de periodistas (correo electrónico) en la que está inscrito medio millar de colegas, para determinar si su contenido ameritaba acusar en los juzgados a esas mujeres y hombres de prensa; y llevarlos a la cárcel. ¿Llevarlos a la cárcel? ¿Por iniciativa del CPN? Son acciones incomprensibles quitarle sin ningún proceso su membrecía al colega Sergio Simpson por ser un crítico de la gestión gubernamental; y en contraste premiar a un corrupto. Sin embargo, de alguna manera los periodistas lo permitimos.

Es insólito que el Presidente del CPN contratara a un abogado --el Licenciado en Derecho Marlon Gutiérrez--, le entregara una recopilación de mensajes y le consultara acerca de si el contenido de los mismos ameritaba acusaciones judiciales. Un dirigente gremial buscando cómo procesar judicialmente a sus colegas. ¡Para Ripley! Y la respuesta del abogado fue de antología: hay méritos suficientes para presentar una querella judicial. ¡Ve qué lindo!, como dice Juan Molina Palacios en su programa radial.

También el Colegio de Contadores Públicos de Nicaragua suele hacer congresos internacionales y nacionales y frecuentes seminarios y talleres. Los contadores viven en constante capacitación, actualización y especialización. Esto es un sueño para los miembros del CPN, cuyos directivos ni se han enterado que la misión principal de los colegios reside en el fortalecimiento profesional de todos los periodistas. Más bien el CPN fragmenta al gremio.

Por el contrario, los egresados de las promociones de periodistas de 1979 a 1984, nos dejan una gran lección, pues muchos de ellos, incluso algunos provenientes del exterior, lograron reunirse en Managua y celebrar sus 30 años de haberse graduado. Fue toda una proeza organizativa, además de una expresión de respeto y tolerancia a la diversidad de pensamiento. Ahí no tomaron en cuenta si a la fulana o el sutano le gusta o no la familia gobernante.

Lo relevante de todo esto es que mediante elecciones libres y sin fraude, hay que desalojar de la dirección del CPN a los usurpadores, y ya que ellos cuentan con el respaldo del poder gubernamental, esto no ocurrirá si no se constituye en todo el país una poderosa fuerza organizada y consciente de periodistas, que vaya tomando forma desde ahora, y que esté encabezada por las nuevas generaciones de colegas, por los nuevos titulados y egresados. Si no, seguiremos sumergidos en el pantano, y continuarán ocurriendo hechos inverosímiles  que más bien parecieran producto de un ilusionista. Pero no debería extrañarnos, pues, como dijo Gabriel García Márquez, la realidad es más fantástica que la imaginación.

(*) Editor de la Revista Medios y Mensajes.