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En las últimas décadas, desde amplios sectores de la sociedad organizada, se patentiza la importancia de lograr participación amplia en la educación. Esta participación, desde las Cumbres Mundiales, Encuentros de Jefes de Estado, documentos de Unesco y Declaraciones de Ministros de Educación, se ha constituido en un imperativo para que la educación se explicite y concrete como responsabilidad de todos. Tales intencionalidades, expresadas en múltiples foros, más que responder a una moda pasajera, reflejan el sentido profundo que tiene lograr la educación para todos, como derecho natural que trasciende toda normatividad.

Si la educación representa el punto de encuentro de toda la sociedad, en que convergen los sectores sin distingos de raza, cultura, lengua, religión y posición política partidaria; si se trata del mandato oportuno que debe unir al país, en el que logren converger las pretensiones de todos los sectores sin distingo alguno, la participación educativa debería abrir todas sus avenidas para que, en conjunto, decidamos qué educación queremos, qué selección de contenidos científicos y culturales son necesarios, y cuáles serán los valores tradicionales y nuevos que nos caractericen y movilicen.

Es obvio que nadie negará la importancia que tiene que el sistema educativo logre cobijar a toda la niñez, adolescencia y juventud que reclaman oportunidades educativas, pero este esfuerzo por la cobertura apenas es el primer escalón de la equidad y calidad que todos merecemos, sin distingo alguno.

La participación amplia y plural se constituye en fuente y catalizador de equidad, pertinencia y calidad. Es participando que la sociedad, en sus distintos estamentos, contribuirá a que la educación responda a la voluntad general, y que su calidad responda a patrones y niveles, en constante mejora, con respecto a indicadores concertados de referencia. Es con la participación y responsabilización social en la educación, que la sociedad demandará a las instituciones educativas dar cuenta de la relación entre los recursos que se destinan y los niveles de calidad educativa obtenidos. Dicha participación puede ser un detonante y exigencia de la calidad educativa, pero también ser utilizada y manipulada, desde el poder, como un recurso para “quedar bien” políticamente. Por ello, interesa descifrar distintos niveles de participación:

* Nivel 0 de Manipulación o Autoritarismo, al gestionar el apoyo ciudadano, pero sin auténtica participación.

* Nivel 1 de Información, se constituye en el nivel más básico de participación, en tanto es mero consumidor de información que proveen las instituciones.

* Nivel 2 de Consulta, que invita a la ciudadanía a opinar sobre temáticas, utilizada para legitimar decisiones.

* Nivel 3 de Construcción Colectiva o Representación e Incidencia, proceso verdaderamente participativo y democrático, con aportes que son tomados en cuenta.

* Nivel 4 de Contrato Social, por el que el sistema educativo se transforma hacia una “sociedad educativa”, todos los ciudadanos participan, dan seguimiento activo y decisivo.

Cuando la participación es auténtica, amplia y diversa, la concertación de visiones y demandas de calidad educativa, permite encontrar puntos de equilibrio serios, responsables y pertinentes, evitando imposiciones de ningún sector, e identificando soluciones que apuesten al bien común de la nación. Algunos espacios de participación que podrían aportar a la mejora sustantiva de calidad de la educación son, entre otros:

* Concertación del modelo educativo nacional, regido por una clara visión del desarrollo humano sustentable, políticas educativas, contenidos curriculares y valores pertinentes; todo ello acompañado de los recursos financieros que ello requiera.

* Concertación de un Plan Estratégico Decenal de Educación, que posibilite, sin descuidar las metas inmediatas, cumplirlas desde una mirada referencial de largo aliento.

* Centrar la atención en desarrollar oportunidades de educación para todos, con prioridad de la educación rural y educación multicultural, avanzando de forma significativa en desarrollar un auténtico subsistema de educación técnica.

* Desarrollar una estrategia concreta de continuidad educativa que posibilite avanzar en su educación a miles de alfabetizados, evitando que regresen a ser analfabetos funcionales.

* Integrar Comisiones al más alto nivel especializado que activen procesos de diagnóstico, seguimiento y propuestas dirigidas a hacer valer el Modelo Educativo, el Plan Estratégico Decenal y las Políticas Educativas.

* Estructurar y activar un Modelo y Agenda Nacional de Calidad Educativa que incluya, al menos: a) Conceptualizar el modelo de calidad, b) Construcción de Indicadores Referenciales de Calidad que posibiliten conocer los niveles de avance, c) Priorizar estrategias efectivas de enseñanza de la lecto-escritura, basamento del resto de aprendizajes. c) Establecer y concretar políticas claves para la Formación Inicial y Permanente del Magisterio, d) Concertación de métodos pedagógicos surgidos de las mejores experiencias nacionales, e) Proporcionar libros de texto y material didáctico a todas los centros educativos, e) Superar la brecha histórica acumulada en la construcción y remodelación de centros educativos, f) Participar sistemáticamente en procesos de evaluación de los aprendizajes a nivel nacional e internacional, e) Involucrar de forma efectiva a padres y madres de familia como principales socios activos y cooperativos en la educación de sus hijos e hijas, f) Prevenir e intensificar la atención de calidad a la problemática específica que presentan la niñez y adolescencia, f) Dar cuentas a la sociedad de los resultados educativos, y recibir de ella aportes y propuestas de forma periódica.