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Las formas “yerno” y “nuera”, para referirse a la relación de una madre con el cónyuge de su hijo, tienden a confundirse en el uso, puesto que en español no es muy frecuente que para pares como suegro-suegra, hermano-hermana, abuelo-abuela donde la única diferencia es el género (masculino o femenino), se usen palabras completamente distintas, pero sí tenemos algunos casos (más adelante lo veremos) como: padre-madre, macho-hembra, caballo-yegua y el que nos ocupa, yerno-nuera.

Hay en nuestro idioma seis maneras de formar el femenino. Veamos:
- la terminación -a: gato/gata, director/directora;
- la terminación -esa: duque /duquesa; príncipe/princesa;
- la terminación -isa:: papa/papisa; poeta/poetisa;
- la terminación -ina: gallo/gallina, héroe/heroína;
- la terminación -triz: emperador/emperatriz; institutor/institutriz

La terminación femenina en –a es la predominante. En –isa, es muy infrecuente. Los ejemplos son pocos. Los diccionarios nos informan que papisa es la mujer papa, normalmente usado para designar al personaje legendario de la papisa Juana. En el Diccionario del español actual (1999), Manuel Seco y Gabino Ramos –sus autores- nos transcriben un texto de Torrente Isla sobre la papisa Juana:
¡Ella, que fue más que princesa y más que reina, más que emperatriz y que papisa, por haber sido todas esas cosas juntas!

El femenino de poeta (poetisa) en Nicaragua tiende a desaparecer, pues al menos entre escritores e intelectuales se ha generalizado el empleo de poeta para referirse  indistintamente tanto al hombre que escribe poemas, como a la mujer.

Citemos un ejemplo: Hay temor de comprar un libro de un o una poeta de primera publicación, o “perico” en el oficio de la belleza… (END/19/10/04)

En cuanto a –triz, hay en nuestro país un desconocimiento como forma femenina, pues en los diarios y aun en los rótulos se lee indistintamente para el masculino y el femenino: taller automotriz, mecánica automotriz. Tomemos la página 378 de las Páginas Amarillas de de la Guía Telefónica de Publicar (Nicaragua, 2008) y citemos los dos talleres más conocidos de Managua: TALLER MECÁNICO AUTOMOTRIZ PACHECHO y TALLER AUTOMOTRIZ REPSA.

Finalmente, hay un modo de formar el femenino, no por una desinencia –como en los casos citados-, sino por otro signo, como caballo, cuyo femenino no es *caballa –por ejemplo- sino yegua. A esta manera de formar el femenino se le denomina heteronimia, y heterónimos los vocablos correspondientes a este fenómeno.

Veamos:
Masculino    Femenino
caballero    dama
caballo    yegua
carnero    oveja
hombre    mujer
macho, varón    hembra
compadre    comadre
marido      mujer
padrastro    madrastra
padre    madre
padrino    madrina
papá    mamá
toro    vaca
yerno    nuera

En el caso de macho y varón, los hemos incluido en la misma cajuela, aunque no son equivalentes, como es obvio. Macho se emplea para referirse particularmente a los animales, y varón a los hombres. ¿Por qué? Todos los heterónimos –nos recuerda el lingüista venezolano Roberto Hernández Montoya- tienen distintas causas etimológicas o morfológicas y a veces dependen de tradiciones culturales muy remotas.

El sustantivo macho, animal del sexo masculino, nada tiene que ver con el adjetivo macho, referido al individuo “fuerte, valiente”, muy común en la expresión “hombre macho”. En cuanto a varona, en la Biblia (Génesis 2, 23), se lee: «Dijo Dios a Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona porque del varón fue tomada». Nuestro Darío retoma el término bíblico llamándola “Varona inmortal” en las “Palabras liminares” de Prosas profanas:
Mi órgano es un viejo clavicordio pompadour, al son del cual danzaron sus gavotas alegres abuelos; y el perfume de tu pecho es mi perfume, eterno incensario de carne, Varona inmortal, flor de mi costilla./Hombre soy».

Pero el término para referirse a la primera mujer, esposa de Adán y madre del género humano, es Eva y no Varona. Este último más bien se ha resemantizado, al menos en el uso peninsular, en donde se ha matizado de dos acepciones: “Persona del sexo femenino” y “mujer varonil”. En Nicaragua, y creo que en Hispanoamérica en general, no se usa este término.

Resulta curioso el hecho de que “nuero” no sea caso de equivocación. Creemos que se debe a que normalmente los masculinos se transforman en femenino y no al contrario, por lo que en lugar de provocarse dos errores, es “nuera” la palabra que, de algún modo, comienza a perderse, a relegarse.
En el uso familiar existen expresiones que, aunque gramaticalmente se consideren erradas, forman parte del cálido e íntimo trato familiar y comienza entonces a difundirse la forma coloquial o popular.

En el caso de los heterónimos yerno/nuera, ¿es posible la pareja nuero/nuera mediante la simple desinencia masculina? No hemos encontrado ningún ejemplo al respecto.  Pero yerna aparece registrado en el Diccionario de María Moliner, y en el Diccionario de americanismos (2010) como término usual en Puerto Rico, Colombia, Venezuela, Bolivia, Chile, Panamá y la parte Noroeste de Argentina. El Diccionario de la lengua española (versión digital de la vigésima  segunda edición) incluye República Dominicana. Y en el Diccionario del español actual (1999) de Manuel Seco y Gabino Ramos aparece como de uso en España.

En cuanto a la agrupación yerno/yerna, Ángel Rosenblat nos informa que en ciertas regiones de Venezuela se emplea damo/dama, ovejo/oveja, yerno/yerna. El mismo Rosenblat registra en una edición del diario “El Nacional” del año 1957 un fragmento que reza:

“La yerna pide nulidad de las gestiones realizadas por los apoderados”
Pero el uso de yerna se remonta, en su registro más antiguo, al año 1830, cuando en una de las cartas que el Mariscal Sucre envió a Mariana, le dice: “Al Marqués de San José y su señora y yerna, mil cariños”.

Sobre este último caso, el gran lingüista venezolano agrega en sus Estudios sobre el habla de Venezuela (1960:I, 174):

En veinte siglos de nuestra historia lingüística nuera ha vivido asociado con suegra. En latín era nurus, luego nura, y se ha hecho nuera precisamente por el vocalismo de suegra. Cuando una suegra decía mi yerno y mi nuera sentía sin duda una diferencia radical entre los dos. Si hoy se dice en Venezuela mi yerno y mi yerna es posible que tienda a igualarlos psicológicamente. Al asociarse con yerno, se desvanece la asociación con suegra. Más que una incorrección es posible que haya ahí un cambio de perspectiva.

rmatuslazo@cablenet.com.ni