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La estatua en tamaño y proporciones reales de Sandino (5 pies, 4 pulgadas) que posa  elegante y casi sensitiva en el patio de la Biblioteca-Museo Augusto C. Sandino, la casa de su padre Gregorio Sandino y donde vivió desde los nueve años el histórico guerrillero, salió de las manos hábiles de Juan José Navas Ramírez (Granada, 22/4/1935), que como dijo, el día de su develización en febrero de 1980, “soy granadino por los cuatro costados”. La frase gustó tanto a sus coterráneos que hasta pensaron hacerle un homenaje en la Alcaldía Municipal, que no llegó a realizarse, el tiempo pasó y se olvidó. La firma del artista: JJ Navas R. ha sido borrada por posteriores retoques que  alteraron parcialmente tu textura y color, aunque conservan lo esencial. En el museo de Niquinohomo desconocen el nombre del escultor, dicen: “la hizo un extranjero en 1980”.

La obra que donó a la Revolución, la comenzó a partir del triunfo Sandinista en julio de 1979. La trabajó durante cuatro meses en el patio de su casa en la colonia Primero de Mayo, de Managua. La figura fue adquiriendo forma a partir de la mezcla de cemento, cal, arena y agua, y finalmente en el pulido exterior con cal, leche de vaca y una tintura de azul (“pelotitas de Prusia”), como lo aprendió de su padre Jorge Bernabé Navas Cordonero (Granada, 1874 – 1968), el decorador de la Catedral de León (1904 – 1928), quien bajo las órdenes y protección de Monseñor Simeón Pereira y Castellón (Estelí 1863 –  León 1921), contribuyó a infundirle el alma que le faltaba al más reconocido templo católico nicaragüense y ahora, también el más importante monumento arquitectónico nacional al ser declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco (París, 29/6/2011). A los 94 años, Jorge B. Navas C.(14/8/1968) murió en los brazos de Juan José padeciendo ceguera y los males de la vejez. El entierro fue poco concurrido; nadie recordaba la obra del extraordinario artista, quien entre las limitaciones de la época, con apenas quinto grado de escolaridad y a pesar de no haber visitado nunca una escuela de artes fue un prolífero escultor.

Su padre preparó la tumba de Rubén Darío y colocó sobre ella al robusto y sensitivo león doliente que llora su muerte (1916). Su hijo erigió la primera estatua de Sandino, símbolo por la dignidad nacional, en tamaño y proporciones similares a las reales, al inicio de la época revolucionaria (1979). Los dos: Darío y Sandino son considerados, sin lugar a dudas, los máximos representantes de la nacionalidad nicaragüense, poniéndola en la vista pública internacional.

Juan J. Navas R. fue el único aprendiz  del maestro Jorge Bernabé. Hasta los 16 años ayudó en la preparación de la mezcla y los diseños, dando forma a las esculturas y puliéndolas junto a su progenitor. Navas Ramírez fue el modelo para erigir la estatua de la Madre en Matagalpa, quien aparece acompañada de dos menores. Juan José a pesar de su potencial destreza en la escultura al estilo aprendido y del placer que sentía por el oficio, se dedicó a la contabilidad y el comercio; ocasionalmente elaboraba, para amigos y familiares, algunas esculturas.

En la colonia Primero de Mayo, en medio de la efervescencia revolucionaria de 1979, se difundió la noticia de que Navas Ramírez elaboraba una estatua de Sandino a partir de las referencias históricas leídas sobre sus rasgos, estatura y contextura. Numerosos vecinos y curiosos acudieron a verla. La noticia llegó hasta casa Presidencial, desde donde un día pasó asomándose el Dr. Sergio Ramírez, miembro de la Junta de Gobierno, quien al ver la obra quedó impresionado. Días después envió a Juanita Bermúdez y posteriormente al maestro Fernando Zaravia.

Las opiniones de ambos, principalmente del último, fueron buenas, lo felicitó y le preguntó: “¿Cuánto te están pagando por la obra?”.  El escultor dijo: “nada, es un regalo para la revolución”. Zaravia le pidió que impartiera clases en la escuela de Bellas Artes ofreciéndole tres mil córdobas mensuales. El escultor, evaluando sus ingresos en aquel entonces, prefirió no aceptar el ofrecimiento y seguirse dedicando por afición al arte aprendido.

Juan José, aparte de ayudar a su padre, elaboraba sus propias esculturas. Si había que hacer dos ángeles, su padre hacía uno y él otro. Algunos de sus trabajos eran vírgenes, querubines y ángeles para cementerios en Managua para tumbas de amigos y familiares, algunos bustos para conocidos y particularmente uno que, a solicitud del Párroco de la Iglesia de la Primero de Mayo, hizo para un cumpleaños del Cardenal Miguel Obando y Bravo a principios de los noventa.  Cuenta el escultor que había querido hacer varios bustos de personajes importantes comenzando por Pedro Joaquín Chamorro. Cuando estaba en proceso se contactó con el Diario La Prensa, quienes lo visitaron y le ofrecieron comprárselo. Dijo querer donarlo a la familia del periodista mártir, sin embargo, después, nadie volvió a llegar.  Fue en esos días cuando el sacerdote de su Colonia lo buscó, no sabía qué regalar al Cardenal quien era el Arzobispo de Managua por lo que le pidió un busto con su rostro.  El artista aceptó, rehizo el no concluido de Pedro Joaquín y comenzó a perfilar las facciones de Obando y Bravo. Al acabarlo, vio que estaba logrado, el sacerdote le expresó su satisfacción. Tiempo después, en una visita del Cardenal a la Parroquia, el escultor recibió un cálido abrazo de reconocimiento de parte del Prelado.

El escaso y preciso trabajo escultórico de J. J. Navas R. casi se lo lleva el olvido.  Si su padre, a pesar de su prolífera -no firmada-, pero relevante obra en catedrales de León, Managua y Granada, otras iglesias y cementerios de Managua y Granada ha sido casi invisibilizado por el tiempo, cuanto más quien en su afición, destaca la estatua de Sandino que yace imperecedera. Como un acto de justicia histórica, para no olvidar los méritos ajenos, mencionamos la referencia del hombre que con los padecimientos de la enfermedad que le limita desde hace cuatro años agregado al peso ineludible de sus 76 años, recuerda con entusiasmo los momentos con su padre y cuando salían casi de la nada, las figuras y rostros de sus esculturas, principalmente la del muchacho de Niquinohomo.

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