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El Banco Central de China anunció su quinta alza de tasas de interés en ocho meses y envió un claro mensaje de que sigue más preocupado por la aceleración de la inflación que por un enfriamiento; e intensificó el debate del Politburó sobre asuntos monetarios.

Lo anterior sugiere que el Banco Popular de China (BPC) está revelando su férrea voluntad de endurecer la política monetaria para controlar la tasa de inflación. Algunos analistas indicaron que el Banco Central está haciendo un delicado y arriesgado acto de equilibrismo, puesto que sus esfuerzos para moderar los precios podrían desembocar en una desaceleración de la economía.

El crecimiento chino estimula la importación de materias primas, maquinaria y bienes de consumo desde otros países, engrosa los retornos de los conglomerados globales cada día más dependientes del gigante asiático.

La rápida expansión, unida a las persistentes presiones inflacionarias pese a las reiteradas promesas de los líderes chinos de controlar los precios, pone en riesgo el frágil equilibrio que deben mantener las autoridades entre crecer a un buen ritmo e impedir un sobrecalentamiento.

Connotados comentaristas en China no disimulan su inquietud, en las últimas semanas ante la posibilidad de que al Banco Central se le haya ido la mano en su empeño por endurecer la política monetaria, ahogando el crédito para la pequeña y mediana empresa, tendiente a pagar tasas de interés más altas que las grandes compañías estatales.

El primer ministro de China, Wen Jiabao, advirtió que la inflación es como un tigre, una vez que lo sueltan es “muy difícil volverlo a enjaular”.  El principal temor es que las autoridades apliquen demasiado fuerte el freno, lo que interrumpiría el auge económico.

No obstante, detrás de las cifras de China se oculta una posible vulnerabilidad. Si bien Pekín (Beijing) posee, en teoría, un enorme control sobre todos los resortes de su economía, tiene serias dificultades para manipular estas herramientas para que surtan el efecto deseado.

Su economía está creciendo entre dos y tres veces más rápido que la estadounidense. Mientras Washington ha anunciado recortes de impuestos y otras medidas de estímulo en los últimos meses, Pekín (Beijing) ha elevado las tasas de interés en dos ocasiones, ordenando a los bancos aumentar los depósitos en reserva para reducir la actividad crediticia e imponiendo controles de precios sobre algunos bienes básicos.

Los líderes chinos, en general han operado notablemente los ciclos económicos de las tres últimas décadas, y en ocasiones han tenido problemas para hallar el equilibrio adecuado. En 2006 y 2007, cuando la economía corrió peligro de recalentarse, el Banco Central incrementó las tasas de interés ocho veces en 20 meses, y las autoridades actuaron con firmeza para frenar el auge del sector inmobiliario, uno de los principales motores de la economía local.

Si dependiera del Banco Popular de China (BPC) el ataque contra la inflación hubiera comenzado antes. La política monetaria de la segunda economía del mundo concierne a burocracias rivales, comisiones sigilosas y un Partido Comunista cuya influencia aunque oculta es generalizada.

Las políticas económicas de China han transformado al país más populoso del mundo con un crecimiento anual promedio de 10% en la última década, pero enfrenta su mayor amenaza inflacionaria desde los años 90. Los líderes chinos consideran que el alza de precios es su mayor preocupación económica en 2011.

Si China frena de golpe, podría sofocar su vigoroso crecimiento, un potencial golpe para una economía global que ya es amenazada por la devastación en Japón y los trastornos en Medio Oriente. Si permite que la inflación se desboque, ello asestaría un duro revés a los consumidores chinos, presionando a los exportadores y los bancos.

Controlar la inflación es tarea del banco central, en la mayoría de los países. China tiene el Banco Popular de China (BPC), que responde a los líderes políticos, pero a diferencia de los jefes de la Reserva Federal (Fed), el Banco Central Europeo y otros bancos centrales importantes que son independientes.

Lo cierto es que el Banco Popular de China (BPC) a menudo desconoce las decisiones monetarias hasta que los mandos superiores se las informan, ya que apenas es uno entre una docena de ministerios que presionan a las máximas autoridades del gobierno y del Partido Comunista sobre si deben aumentar las tasas de interés o el tipo de cambio.

En materia de tipo de cambio, el banco central con frecuencia encara la oposición del Ministerio de Comercio, quien busca un yuan subvaluado en beneficio a los exportadores. Los puntos de vista del banco central son a veces ignorados, como en 2008, cuando señaló que el vasto plan de estímulo podía originar una avalancha de préstamos incobrables y desatar presiones inflacionarias.

Sostienen economistas que conocen el proceso, que el banco central (BPC) muchas veces pierde las batallas ante ministerios que representan a enérgicos exportadores y gobiernos locales que gastan sin control.

Propulsor de la economía china, el estímulo fiscal la acreció 9% en 2009 en tanto la mayor parte del mundo se hundía en la recesión, pero también disparó el crédito. En el sector estatal, los bancos le prestaron a las compañías, que invirtieron en bienes raíces residenciales, subiendo a un 50%, los precios de éstos en las urbes en los últimos dos años.

El banco central tuvo que hacer una intensa campaña de lobby para persuadir al  gobierno y al Partido Comunista de que el combate contra la inflación era absolutamente prioritario. Los argumentos del banco central finalmente comenzaron a cobrar fuerza en los debates del Partido Comunista.

*Diplomático, Jurista y Politólogo.