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En su discurso del 19 de julio recién pasado, Daniel Ortega ofreció de futuro, el pasado. Es decir, más de lo mismo. En lo económico, mediocridad. En lo político, abuso. En lo social, crueldad.

Solamente así puede entenderse la afirmación que su “programa de gobierno es el mismo que tenemos en práctica hoy….”

Ortega empezó su segundo gobierno en mejores condiciones que cualquier otro Presidente en las últimas tres décadas. Casi cero déficit fiscal. Insignificante deuda externa. Una cartera de casi dos mil millones de dólares  de proyectos contratados y/o en ejecución  (y lo estamos viendo en las carreteras San Carlos-Acoyapa, el Guayacán-Jinotega, La Virgen-San Juan, etc, y en algunos proyectos de energía). Y además, durante su período hemos tenido en casi todos los rubros la bonanza de precios de exportación que Nicaragua no había visto en mucho tiempo, o nunca. Sin embargo, el crecimiento promedio de la economía en los casi cinco años de Ortega, y por tanto la generación de empleos, que es la única forma sostenible de salir de la pobreza, ha sido mediocre. El crecimiento económico promedio durante el gobierno de Ortega ha sido menor que durante “los nefastos gobiernos neoliberales”, que enfrentaron condiciones macroeconómicas y del mercado internacional adversas.

Y en política, todos conocemos los escombros en que se encuentra la institucionalidad democrática. Además, Ortega ha gobernado con prepotencia, arrogancia y sectarismo, de manera excluyente, gobernando solamente para los orteguistas, ni siquiera para todos los sandinistas, y menos para todos los nicaragüenses. Y contrario al discurso oficial de “amor y paz”, la no muy “cristiana” trompada que un joven orteguista dio a otro joven que estaba  totalmente indefenso, amarrado a una estatua en protesta pacífica por las violaciones a la Constitución, solamente ha venido a subrayar el estilo  violento y represivo del gobierno de Ortega.

¿Y qué decir de la crueldad social que significa proponer aumentar las cuotas para alcanzar la jubilación, o humillar a los empleados públicos para conservar su trabajo, a los habitantes de comunidades rurales para recibir el bono productivo alimentario, y a los padres de familia que ven a sus hijas e hijos obligados a participar en actividades partidarias en las escuelas e institutos?

Pero la crueldad social mayor es que teniendo las condiciones para generar más y mejores empleos, el gobierno de Ortega no lo ha hecho por ineficiencia y corrupción.

De modo que aunque Ortega haya rodeado de jóvenes su tarima, a la juventud, que quiere futuro, le propuso el pasado.

Cuánta razón tiene Fabio Gadea Mantilla cuando dice que él es un viejo joven, porque a diferencia de Ortega, que es  más joven, ofrece el cambio que Ortega niega.