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A principios de enero de 1992 los cambios ocurridos en la radiodifusión, los asedios de los empresarios condicionando desde entonces la política informativa de diferentes medios y la decisión gubernamental de restringir la entrega de la publicidad oficial, formaban parte del panorama al que se asomaba Nicaragua en materia de comunicación. Las universidades por su lado permanecían agitadas debido al forcejeo causado por la falta de entrega completa del 6% que por disposición constitucional les correspondía. El contexto en el cual desarrollaría la vida académica de la Facultad de Ciencias de la Comunicación se prestaba para desplegar acciones dentro y fuera del campus de la UCA. La explosión geométrica de la frecuencia modulada comenzaba a manifestarse. Por primera vez en la historia del país el número de emisoras que operaban en esa frecuencia era superior a la amplitud modulada. Un total de 68 emisoras conquistaban la predilección y el gusto de las audiencias, 36 de las cuales estaban ubicadas en la FM.

El acontecimiento pedagógico más importante había sido la respuesta de la UCA creando la Facultad de Ciencias de la Comunicación. Las disputas en materia televisiva habían escalado. El golpe asestado por la aparición de la televisión por suscripción a las antenas parabólicas era irreversible. Managua había sido entregada por zonas a los primeros empresarios del cable. Con una política más agresiva, Telesat llevaba la delantera. Dentro de este proceso de transformaciones, los diversos cambios introducidos en Barricada por Carlos F Chamorro un año atrás, incluían la redefinición del perfil del diario y el hecho de convertirlo en el primer medio nacional impreso a todo color. A la puesta de su política editorial se sumó la modernización de su diseño. Las mudanzas mediáticas resultaban propicias para nosotros. La UCA aceleraba su proceso de transformación académica. Con acierto había decido reimplantar el sistema de créditos, una modalidad de estudios más flexible y acorde con las necesidades estudiantiles.

Las transformaciones impulsadas por el padre César Jerez vinieron a ser el leitmotiv del primer rectorado de Xabier Gorostiaga. Creó la Vice-rectoría de Investigación, Desarrollo Académico y Proyección Social. Nombró en el cargo a Melba Castillo, quien antes había trabajado a su lado, como funcionarios del gobierno revolucionario. La redefinición del modelo económico nicaragüense, apuntalado en el libre mercado, requería de publicistas. La amistad cultivada con Bosco Parrales, un profesional con altas credenciales en este campo, facilitó la firma del convenio con la Organización Nicaragüense de Agencias Publicitarias (ONAP), presidida por don Vicente Cuadra Chamberlain. Para esos días firmé igualmente un convenio con Radio Nederland. Su representante Antonio Cabezas, se mostró muy amplio y deseoso de contribuir al proceso de formación de nuestros estudiantes.

Dispuesto a sacar la facultad de los predios de la UCA, celebré un convenio con Howyn Hogdson Blanford, Vice-Ministro del Instituto Nicaragüense de las Regiones Autónomas de la Costa Atlántica. La proyección universitaria era uno de mis proyectos más ambiciosos.

Durante los días 22 y 23 de febrero los profesores Juan Molina Palacios, Gilberto Ruiz y Armando Quintero, viajaron a Bluefields a impartir clases introductorias en prensa escrita y radio a estudiantes de la Bluefields Indian and Caribbean University, (BICU). Fue el primer curso que impartimos fuera de la UCA. La facultad avanzaba a trancos en su aporte a la mejoría de las condiciones académicas en una zona que continúa mereciendo otro trato.

Con la finalidad que los estudiantes de comunicación y el periodismo nacional estuviesen claros en qué circunstancias se encontraban, el 1 de marzo celebramos un coloquio entre Ignacio Briones Torres, Manuel Eugarrios y Carlos Salgado. El tema central del encuentro versó sobre la situación del periodismo y sus perspectivas. Tenía especial interés que conocieran y calaran a fondo el terreno que pronto iban a pisar.

Dispuesto a que los estudiantes tuviesen una panorámica global del país, programamos una Cátedra Abierta sobre el nuevo Código Penal. En la iniciativa involucramos a los alumnos de la carrera de derecho. Durante varias tardes había tenido reuniones con varios jóvenes que estudiaban esa profesión. Sus inquietudes intelectuales giraban en torno a la necesidad de acelerar la transformación académica en su propia facultad. Los más entusiasmados eran Juan B. Arríen Somarriba y Pauni Obregón. Todavía guardo el diploma que me entregaron como reconocimiento al apoyo recibido. Un gesto hermoso de los estudiantes de derecho. El jueves 10 de marzo, su decano, Rodolfo Sandino Argüello, Martha Lacayo, Magistrada del Tribunal de Apelaciones de Managua, y Hernaldo Zúniga Montenegro, diputado ante la Asamblea Nacional, abrieron el diálogo sobre la importancia de contar con un nuevo Código Penal, el existente no se compaginaba con la nueva situación que vivía Nicaragua.

Decididos a convalidar la voluntad estudiantil, el 25 de marzo creamos el Certamen Anual Ricardo Morales Avilés, momento clave dentro de su proceso de desarrollo académico. Uno de los objetivos consistía en establecer una sana competencia entre los estudiantes de comunicación. A cada momento les hacía saber que me interesaba fuesen los mejores entre los mejores. También conseguíamos un acercamiento con  medios y periodistas. Desde el inicio decidimos que los jurados serían periodistas destacados en prensa escrita, radio y televisión. Si la Cátedra Abierta era la puerta que los ponía al tanto con lo más relevante del acontecer nacional, el certamen sería la manera de acercar de forma orgánica a los periodistas, para que valoraran su formación profesional. Con esa misma intención hicimos público que pronto iniciaríamos diversas encuestas sobre medios para retribuir su colaboración. Las encuestas serían realizadas por profesores y estudiantes de la Facultad de Comunicación.

El 29 de mayo una de las actividades consistió en tender un puente con los graduados de la primera y segunda promoción de egresados de la Escuela de Periodismo de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua. Todo relevo generacional supone rupturas e incomprensiones. Aunque el periodismo seguía siendo la columna vertebral en los medios, el mundo de la comunicación se había ensanchado tanto que requería de profesionales con otras credenciales académicas. La televisión planteaba nuevos desafíos en el proceso de formación de los estudiantes. Su discurso tiende más hacia la espectacularidad y el entretenimiento. Su hegemonía comenzaba a ser evidente. Modificó el concepto de noticia, generó confusión entre verdad y verosimilitud, entre ver y comprender. Se requería de profesionales críticos y adentrarnos también en el conocimiento de las nuevas tecnologías.

Ampliar la oferta académica era imperativo de los tiempos. Las mudanzas implicaban tomar en cuenta de dónde veníamos y hacia dónde queríamos llegar.

Con la celebración del 32 Aniversario de la fundación de la Escuela de Periodismo en Nicaragua, pretendíamos que la vieja y honrosa guardia del periodismo compartiera espacio con los nuevos bisoños. En algunas salas de redacción existía reticencia en aceptar como pares a los jóvenes recién desembarcados. Para evitar fricciones buscábamos que las nuevas generaciones conocieran el trabajo meritorio, digno, ejemplar, desplegado por sus antecesores. Ejercer el periodismo en las condiciones que transitó el país durante el somocismo, había sido una tarea difícil, compleja, llena de peligros. A sus luchas cotidianas se debió que se valorase y permaneciese viva la libertad de expresión. La mayoría de los periodistas durante esa época sufrió cárcel, multas, vejaciones, destierros, coacción y muerte. El puente generacional solo podía tenderse si éramos lo suficientemente cautelosos. La competencia estaba planteada. Comprenderían que los cambios generacionales son inevitables. Sabrían que ninguno de nosotros desconocía su labor, su entereza y su legado generacional.

Ese día los estudiantes compartieron momentos históricos muy importantes, referidos por los graduados en la segunda promoción de periodistas de la UNAN. La rememoración histórica hizo ver que la génesis de la Escuela de Periodismo, había sido un Taller de estudios para escritores, concebido en 1959 por el periodista norteamericano Stuar Ayers, agregado cultural de la Embajada de Estados Unidos. El curso fue impartido en el Centro Cultural Americano, dirigido entonces por el Dr. Andrés Vega Bolaños. Un año después se produjo el desencuentro. La decisión estudiantil de organizarse fue el principio del fin de aquel proyecto. La marcha de los estudiantes que asistían al curso ideado por Ayers fue disuelta a culatazos en la Avenida Roosevelt. La sangre de los caídos el 23 de julio de 1959 todavía estaba fresca. Los nexos de los periodistas con estos acontecimientos ofrecen una dimensión exacta de su verdadero compromiso por la democratización de Nicaragua. Esa mañana evocamos los nombres de los precursores encargados de la fundación de la Escuela de Periodismo en la UNAN en 1960.

Sería un acto de injusticia olvidar a los pioneros, Pedro Joaquín Chamorro, Gustavo Adolfo Vargas, Jorge Chamorro Portocarrero, Nasered Abed López, Fernando Centeno Zapata, Guillermo Castellón, Horacio Ruíz, Alfonso Bonilla, Gustavo Escoto, John F. Newman… A su visión y compromiso debemos las piedras fundacionales en la formación académica de las primeras generaciones de periodistas nicaragüenses. Soy un firme convencido que toda omisión histórica constituye un acto de enajenación y desprecio hacia el pasado. Una forma de borrar de nuestras mentes a quienes contribuyeron a delinear los contornos de un país, que no acaba de forjar su identidad. ¡Dios nos libre de semejante amnesia!