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Desde que inicié a colaborar con el Movimiento contra el Abuso Sexual, me he dado cuenta de dos cosas: La primera que el abuso sexual en niños, niñas, adolescentes es más frecuente y es una triste realidad que se está convirtiendo en una pandemia, si no le ponemos un alto. La segunda cosa es que solo hablando y enfrentando esta cruel realidad podremos erradicar el abuso sexual.

El abuso sexual en un miembro de nuestra familia, o cuando nos damos cuenta de un amigo/a, compañero/a de trabajo que le ha sucedido en su niñez, es sin lugar a dudas una situación de mucho dolor y rabia, queremos conocer quién le ha hecho daño y cómo ha sucedido, pero sobre todo porqué ha sucedido, si se supone que estamos en un espacio seguro con personas que nos quieren y en quienes confiamos.

El posicionamiento del MCAS con respecto al abuso sexual en nuestro país refleja claramente que los abusadores son precisamente esas personas en quienes de
niños/as depositamos nuestra confianza, y que en nombre del amor se toman la libertad de violentar y manosear de la manera más cruel la integridad física, síquica y sexual de una persona.

También la línea de base que recientemente elaboró el MCAS y que es producto de grupos de la encuesta que se aplicó en 1920 hogares, sobre la percepción de la población con respecto del abuso sexual, nos reafirma que la ciudadanía sabe quiénes son los abusadores, conviven con ellos pero todavía existe el temor, la vergüenza, el miedo a qué dirán y en el peor de los casos la negación, porque hablar de abuso sexual todavía sigue siendo un tabú en nuestro país, muchos y muchas preferimos pensar que lo que nos dijo el niño/a, fue producto de su imaginación o de alguna pesadilla.

Es un hecho real, hablar de abuso sexual es escudriñar desde lo más  profundo y el secreto mejor guardado de quien ha vivido el abuso, pero también es un hecho real que solo diciéndolo es la única manera de enfrentarlo, nadie dijo que era fácil, pero sí hay muchos y muchas que estamos dispuestos y dispuestas a escuchar y apoyar desde cada espacio en donde nos encontremos.

La única forma de apoyar a las víctimas de abuso sexual es aprendiendo a escucharles, y pero sobre todo creerles, aplastando de una vez por todas los mitos asociados al abuso sexual como: “ella es la que provoca”, “uno es hombre”  “usaba siempre una faldita tan corta, ella se lo  buscó”. La forma de vestir, de caminar, de hablar, no es motivo de abuso de ninguna índole.

Desde que estoy más cerca de los espacios que trabajan todos los días por erradicar el abuso sexual, espacios con pocos recursos pero con un gran espíritu de lucha, de amor y principios por lograr una niñez libre de violencia sexual, siento que es un compromiso como persona, como hermana,  hija, sobrina, prima, amiga, vecina, hablar sin cansarme del abuso sexual.

En cada espacio en donde me encuentro siempre estoy hablando del abuso sexual en la niñez, siempre estoy preguntando a la gente que tengo a mi alrededor si saben qué es el abuso sexual, conocen cómo se da el abuso y si saben quiénes son los abusadores, en ese andar hablando y hablando me he encontrado con una que otra situación de abuso de algún conocido o de alguien que conoce a otra persona que está viviendo las secuelas del abuso, pero también me he encontrado con mucha gente que termina diciendo cómo hago para apoyar al movimiento, qué es lo que tengo que hacer para dar mi granito de arena, o yo quiero ser parte de la solución al problema.

En esas pláticas interminables me he encontrado con médicos/as, abogados, publicistas, veterinarios, contadores, sociólogos, agricultores, periodistas, psicólogos/as, administradores, empresarios, la última charla que recuerdo fue con una enfermera a eso de las 12 de la madrugada mientras cuidaba a mi hermana en el hospital, me dio tanto gusto saber que al cabo de 5 minutos ella estaba contando todo lo que sabía y sentía con respecto del abuso sexual, mencionaba sus temores como madre, pero también me decía que le gustaría saber más para proteger a sus hijos y otros niños/as.

A todos/as con los que me he encontrado en algún momento de la vida, en algunos espacios les insto a seguir escuchando y hablando del abuso sexual, no importa si algunos aparentan no interesarse en el tema, al final siempre queda algo en cada persona. No soy experta, pero sí puedo brindar un número telefónico, compartir materiales y compartir experiencias de sobrevivientes que hablaron, lo enfrentaron y siguen adelante.

Sigamos hablando de abuso sexual: en la casa, el parque, la escuela, la oficina, con los amigos/as, reconozcamos a nuestros niños/as y adolescentes como personas con derechos y deberes. Ellos y ellas tienen derecho a un nombre, alimentación, salud, educación, recreación, pero también tienen derecho a vivir una vida libre de violencia sexual.

*Movimiento contra el Abuso Sexual- Nicaragua
hablemosde.abusosexual@gmail.com
www.mcas.org.ni