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En días pasados conocimos la noticia que la catedral de León fue reconocida por la Unesco como “Patrimonio de la Humanidad”. Esto nos mueve a pensar en que crecimos admirando las obras artísticas de otros países y conocimos en los libros la producción de aquellos genios universales de otros tiempos. Hoy nos toca enseñar a nuestros hijos y las nuevas generaciones el valor artístico de una joya monumental de la cual no hay un productor único, sino que fue todo un pueblo.

A esto debe agregarse que ese “Patrimonio de la Humanidad”, que será admirado en otras partes del mundo, se localiza en nuestro país, en León de Nicaragua, antigua capital de Nicaragua. De manera que hoy más que nunca se impone la tarea de enseñar con maestría la historia referente a aquel edifico monumental y las virtudes artísticas que la nominaron como tal.

Pocas veces se produce un documental como el de Waldo Soza y Porfirio García Romano, miembros de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, titulado “Insigne y Real Basílica Catedral de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María León de Nicaragua”, el cual expone las virtudes históricas y artísticas de la Catedral de León. Este nombramiento dado a nuestra catedral no es gratuito.

La primera catedral de León, construida en la antigua ciudad, y consagrada a la Virgen María, le dio a la ciudad su base jurídica para funcionar como capital provincial desde 1534.

Desde aquella primera construcción se fueron elaborando cinco construcciones más en la búsqueda, probablemente, de un edificio cada vez más apropiado y cargado de religiosidad.

La actual “es la última de las catedrales de América, y una de las primeras de la época independiente”, diría Julio Valle Castillo. Esto y sus líneas arquitectónicas que se mueven entre un barroco y un neoclásico, la hacen el motivo del documental que ahora valoramos.

Dirigido a exponer esas virtudes artísticas e históricas en el espacio principal de dos ciudades distintas y a la vez semejantes; el edificio de la catedral fue testigo de tráfico de esclavos, corrupción de funcionarios, magnicidios, ataques piratas, guerras civiles, movimientos independentistas y todo tipo de acontecimientos sociales y políticos; además del fenómeno urbano de crecimiento y transformación en su entorno. Con ayuda de la imagen, el sonido y el color el material expone, paso a paso cada detalle artístico en sus paredes, cada rasgo primoroso en su platería, cada detalle de las imágenes que contiene.

Nos indica que aquella catedral es toda ella no solo un universo de recurrencia de la fe, un momento oportuno para la oración, las manos orantes, el hinojo suplicante de los creyentes. También es el momento para apreciar el mundo artístico que se reúne en sus paredes con los cuadros de la pasión, la genialidad artística de sus imágenes y altares, la admiración por la producción de platería, auxiliar del ritual religioso.

El documental es una magnífica producción que no olvida una sola dimensión del curso de vida que ha tenido la catedral de León en su relación con la ciudad y sus habitantes. Ese mundo de relaciones entre uno y otro que ha hecho posibles la construcción perenne sobre el espacio arquitectónico. De manera que si en un momento se criticó la construcción de “atlantes” que sostienen el campanario, ahora el pueblo no puede concebir a la catedral sin estos elementos arquitectónicos.

Cada escena presentada trae una evocación de los momentos vividos por los creyentes y habitantes que llegaron a ver a la catedral de León como “su catedral”, su recinto de oración, la más hermosa construcción colectiva, porque los conflictos localistas así lo dispusieron: que “su catedral” sería una construcción colectiva para ofrecerla frente a su rival. Así lo refiere el Obispo Morel de Santa Cruz: en su momento “deliberóse (…) sobre la construcción de otra (catedral) más primorosa y capaz…”

Ese acento se volvió más pronunciado a medida que el conflicto con Granada fue despertando y aunque el documento en cuestión apenas alude esta circunstancia, es notorio en el documental el esfuerzo didáctico por mostrar los acontecimientos históricos que rodean su existencia, como también el arte que la llena.

En estos años que los medios de comunicación se presentan como una propuesta didáctica más eficaz, el documental producido ofrece con el sonido, el color y la imagen un implemento real para una eficaz enseñanza. Y hay mucho que aprender de la catedral de León y su historia pues la misma está vinculada, como lo venimos sugiriendo, a la historia de la ciudad y del país.

Ha sido piedra vigilante en el medio de la ciudad, sofocada a veces por las cenizas de los volcanes o el humo de los disparos en las guerras civiles, pero ha logrado, con su claustro; conservar todo el arte de mestizos nicaragüenses que la han engalanado y le han enriquecido espiritualmente; si fuera posible esta actitud de Salomón de la Selva de creer que un edificio tiene espíritu y una bala tuviera alma. No en balde el esfuerzo insistente para construir una y otra hasta dar con las líneas artísticas particulares del espíritu colectivo que la forjó y la llenó del propio.

Heinrich Heine, conocido como el último poeta romántico del siglo XIX, señalaba: “Un amigo me preguntaba por qué no construíamos ahora catedrales como las góticas famosas, y le dije: Los hombres de aquellos tiempos tenían convicciones; nosotros, los modernos, no tenemos más que opiniones, y para elevar una catedral gótica se necesita algo más que una opinión”. Nosotros diríamos, de acuerdo con la historia de la catedral de León, que fue la convicción de ser creyente, la convicción de ser capaz de producir arte y la convicción de entregarse a la tarea de construir un nuevo edificio lo que dio vida a esta catedral de visos artísticos particulares.

Esa convicción de tener algo muy único y particular es lo que se refleja en el documental y que trata de mostrar a los que desean conocer acerca de este majestuoso edificio que se hizo de una sola vez y para siempre parte y centro del espacio urbano de la ciudad y del país. No hay extranjero que venga al país que no se sienta persuadido a visitar aquel recinto, explorar; como lo hace el documental, sus naves, vislumbrar las líneas artística de sus altares y de sus imágenes. En fin, admirar este monumento histórico- artístico que construyó con sus manos esta sociedad.