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Siete años antes de que yo naciera, Nicaragua y la Revolución Popular de 1979 pasaban a estar en la conciencia mundial y en el radar político internacional. La paciencia, la indiferencia y una actitud acomodaticia permitieron más de cuatro décadas de dictadura dinástica somocista.

La revolución no fue un acto de un partido, sino de un pueblo cansado y con ansias de un futuro en libertad; tampoco fue motivada por una ideología, sino por la indignación ante la opresión sistemática de un régimen desgastado e ilegítimo, a mi manera de interpretar ese momento fue motivado y sustentado por una generación de jóvenes que pensaban que un sistema de poder y de gobierno diferente era necesario y que las decisiones más importantes como país no podían continuar en unas pocas manos.

Treinta y dos años después mucha agua ha corrido bajo el puente, pero Nicaragua sigue estancada en las mismas luchas y con los mismos actores; pero al igual que en aquel entonces está creciendo una generación de jóvenes cada vez más inconformes con la forma de manejar los asuntos públicos y de gobierno. Durante todo este tiempo transcurrido, hijos de sandinistas y contras han estudiado sin mayor problema en las mismas aulas de clases, han hecho negocios juntos y hasta se han formado nuevas familias. Esa nueva generación que ha crecido con el nuevo siglo entre el celular y el internet enfrenta retos diferentes, pero también demandan mejores soluciones a los problemas. Es necesario recordar la historia, pero no deja de ser historia, es decir pasado, que tiene que terminar de morir para abrir paso a un futuro diferente y mejor en el que los temas de debate sean los que hoy por hoy representan las principales preocupaciones de las nuevas generaciones de padres de familias e hijos que conforman la actual sociedad nicaragüense.

Empleo estable y con salarios dignos, educación bilingüe y con valores, salud preventiva y con investigación científica, seguro social con atención eficiente y con pensiones dignas, entre muchos otros temas son necesarios y convenientes abordar y resolver, pero desafortunadamente la actual clase política y gubernamental está hablando el mismo y aburrido discurso de siempre.  En definitiva, un nuevo rumbo hacia la modernidad y la prosperidad es la esperanza que motivará una eventual nueva revolución, que solo podrá tener lugar cuando superemos el temor de participar y la indiferencia con que presenciamos las injusticias y que nos aleja de los asuntos públicos.

Ayer la revolución luchó contra una familia aferrada al poder, hoy triste e irónicamente, la supuesta “revolución” está al servicio de otra familia  aferrada al poder. Hoy ya no es lo mismo, los valores que empujaron aquella gesta heroica se han diluido en el tiempo y en un cocimiento demagógico, engañoso y esotérico. Hay una fecha y una gesta heroica que conmemorar, mas no hay nada que celebrar, pues el somocismo cayó para que el danielismo subiera. Continuamos en una sociedad injusta, con terrorismo gubernamental contra los opositores, represión a las voces críticas, con enriquecimiento ilícito en las altas esferas gubernamentales y elecciones fraudulentas. Todo cambió, para que todo siga igual. Tantas valiosas vidas, sacrificio y sangre derramada parece haber sido en vano. Hombres y mujeres que perdieron la vida no buscando ser héroes ni mártires, sino buscando una sociedad más justa y un futuro en libertad para su país.

Tengo fe que al igual que hace más de tres décadas el cambio social y económico que  es urgente hacer en nuestra estructura política, será asumido pronto por la nueva generación nicaragüense que ha nacido y crecido con el nuevo siglo. Pero confío que habrá una diferencia sustancial que es encontrar un camino alternativo al de la violencia y la muerte.

Nicaragua no puede continuar empantanada en el pasado, merecemos superar los discursos obsoletos y los pleitos improductivos que nos tienen todavía sumidos en una vergonzosa pobreza y subdesarrollo; eso solo es posible cambiando nuestra forma de ver y solucionar los problemas construyendo nuevas ideas y mejores soluciones que es responsabilidad de la nueva generación y un nuevo liderazgo político y social sembrar y hacer florecer.

*Máster en Estudios Políticos Aplicados