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No es una afirmación antojadiza asegurar que históricamente una camada de legisladores cubano-batistianos o bien cubano-americanos, desde el triunfo de la Revolución Cubana para acá, han hecho del Estado de La Florida, no sólo la plataforma de cautiverio de la política de los Estados Unidos hacia Cuba, sino también la rampa de lanzamiento de ataques políticos a aquellos gobiernos, países y/o gobernantes que en América Latina no se caracterizan por ser  lacayos del imperialismo.

En la actualidad, este grupo está constituido principalmente por Ileana Ros-Lehtinen, Mario Díaz Balart, David Rivera y Marco Rubio.

También aparece uno que otro legislador anglosajón que no teniendo recursos políticos notables de los que hacer gala, retoma los postulados de la Guerra Fría para hacer carrera fácil contra países que no siguen la línea washingtoniana.

Este es el caso de un tal “alias” Connie Mack, cuyo verdadero nombre es Cornellius McGillicuddy.

Respecto del primer grupo, son considerados los “Hardliners” de La Florida y responsables de hacer avanzar las presiones contra el actual Gobierno de Obama para evitar que la política demócrata hacia La Habana  cambie dramáticamente de estatus.

Digamos que lo obtuso y la intolerancia política-ideológica es el principal ítems de la caracterización de este grupejo.

Así han conseguido mantener contra “viento y marea” un absurdo embargo económico a la Isla, “reliquia de la Guerra Fría”, que incluye la prohibición de viajar a Cuba a los ciudadanos norteamericanos, conculcándole un derecho establecido en el Artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y que sólo se aplica a Cuba.

La Florida, electoralmente hablando es un estado decisorio, ya lo vimos cuando los republicanos con George Walker Bush y su hermano Jeb, a la sazón, Gobernador de La Florida, le robaron las elecciones al ahora ecologista Albert Gore,  la cosa es que tanto republicanos como demócratas se cuidan por este factor de aparecer como “blandengues” frente a La Habana, para asegurarse el voto de la cada vez más pequeña cantidad de gente que mantienen la visión trasnochada  de una “estática” en la política de los Estados Unidos con respecto a Cuba.

Del mentado “Connie Mack IV” les podemos decir como “dignas” referencias que ha instado al asesinato del Presidente Hugo Rafael Chávez Frías y se ha propuesto como noble meta incluir a Venezuela en la lista de países terroristas del Departamento de Estado.

Este “sabandija” tiene un largo historial de relaciones con los círculos extremistas cubanoamericanos asociados al terrorista internacional Luis Posada Carriles.

En 1989, el propio padre del representante para el distrito 14 de La Florida, el senador Connie Mack III, y la entonces candidata al Congreso, Ileana Ros Lehtinen, fueron los políticos que llevaron la campaña para la liberación en EU del terrorista Orlando Bosch, el Jefe de la Organización Terrorista Internacional CORU.

Bosch y Posada Carriles fueron quienes ordenaron, organizaron y financiaron en Caracas, en 1976, la destrucción en pleno vuelo de un avión civil cubano, provocando la muerte de sus 73 ocupantes.

En 2009, en un show extremo de convicciones ultraderechistas, Mack, Ros-Lethinen y otros, se gastaron 25 mil dólares en viajes a Honduras para apoyar al régimen golpista de Micheletti, ocasión que aprovecharon para pedir el cercenamiento presupuestario de la OEA por estar del lado del “populismo” del Presidente Chávez.

Con toda una vertiente mafiosa heredada de su padre, Connie Mack IV, ahora designado formalmente como Presidente de la Subcomisión para el Hemisferio Occidental de la Cámara Baja, por la propia Ros-Lethinen, solicita recientemente y consigue la inclusión de Venezuela, Nicaragua, Argentina, Ecuador y Bolivia en una lista de castigo para que estos países no reciban ayuda de los Estados Unidos porque “no apoyan los ideales de la libertad, la seguridad y la prosperidad en la región.”

¡Clase calaña! ¡Habrase visto!

*Viceministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua.