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Entre las ilustres tumbas de la catedral de León figura la de Salomón De la Selva (León, Nicaragua, 20 de marzo, 1893-París, 5 de febrero, 1959), cuyo primer libro en inglés Tropical Towns and Other Poems (New York, John Lane Company, 1918) fue traducido por Moisés Elías Fuentes y Guillermo Fernández Ampié en 2009. El siguiente texto constituye el prólogo de su edición bilingüe, lanzada el mismo año por la Academia Nicaragüense de la Lengua.

Hasta mediados de 1918, cuando fue editado su libro, De la Selva había residido casi doce años en los Estados Unidos; de manera que se incorporó fácilmente al movimiento de la  New American Poetry, iniciado en 1912 con la revista Poetry, de Chicago, dirigida por Harriet Monroe. Precisamente en ese órgano renovador apareció su poema “My Nicaragua”, que daría título a la primera sección de Tropical Town…

El juicio de Henríquez Ureña
En carta a su amigo y maestro Pedro Henríquez Ureña (1884-1946), De la Selva se ubicaba entre los poetas de los Estados Unidos menores de treinta años con Edna St. Vincent Millay y Stephen Vincent Benet. “Éstos —y yo con ellos— retornan a las formas tradicionales del verso inglés. Representan la continuidad que pide Alice Meynell en su famosa ensayo sobre Los Descivilizados” —aclaró. Por eso se había ejercitado en todos los estilos de la métrica inglesa, a ensayar desde la lengua arcaica y los endecasílabos de Chaucer hasta el free verse de nuestros días —observó Henríquez Ureña en su semblanza de Salomón y reseña de Tropical Town… (El Fígaro, La Habana, xxxvi, núm. 12, 6 de abril, 1919).

Imprescindible resulta citar sus atinadas impresiones: “Tropical Town and Other Poems sorprende por su variedad de temas y formas. Hay quienes se sienten desorientados entre tanta riqueza, y no saben dónde hallar el hilo de Ariadna para el laberinto… Para mí, la fuerza de unidad que anima su obra está en el delirio juvenil que se apodera del mundo por intuiciones rítmicas. Intuiciones de color, de forma, de sonido, de fuerza, de espíritu; todo se inflama bajo su toque. / Pero no es exclusivamente intuitivo, sino que posee cultura poética honda y gran caudal de recursos artísticos…”

Henríquez Ureña añade: “El deseo de expresiones nuevas le llevará, de modo inevitable, a ensayar y experimentar. Lo ha hecho siempre, aunque sin atreverse a poner sus ensayos de forma nueva a igual altura que sus composiciones de forma tradicional. Le interesan los curiosos ensayos rítmicos de Amy Lowell, el clamor turbulento de Carl Sandburg, la puritana sobriedad de [Robert] Frost. Para mí, su poesía se distingue ya, en el país de lengua inglesa donde comenzó a escribir”. Y prosigue: “La parte más interesante del libro es la sección ‘Mi Nicaragua’, colección de acuarelas sorprendentes por lo delicadas y justas. Principia con la acuarela más breve de todas, la que da título al libro ‘Tropical Town’”.

Para el humanista dominicano, las otras tres secciones de Tropical Town… (“In New England and Other Lyrics”, “In War Time” y “The Tale From Faerieland”) poseían menos cohesión.

“Hay paisajes de la Nueva Inglaterra, madre espiritual de los Estados Unidos; hay versos de ira y de amor para la tierra en que escribía sus versos ingleses” —se refirió, indudablemente, a “Una canción para Wall Street”, según Luis Alberto Cabrales: el primer poema de protesta socio-política, específicamente contra el sistema capitalista, escrito por un latinoamericano (Política de los Estados Unidos y poesía de Hispanoamérica. Managua, Ediciones del Ministerio de Educación Pública, 1958, p. 33).

“Hay canciones inspiradas en motivos populares —agregaba don Pedro— o en las deliciosas rimas infantiles de su hermana [María de la Selva, conocida luego como Aura Rostand]; hay poemas inspirados en obras de arte —Bach, Giorgione, Cellini—; hay recreaciones de fantasía que se agitan en danzas etéreas, como el encantador “Cuento del País de las Hadas; hay salmos de amor ideal y hay gritos crueles sobre el hambre y el odio”. He ahí un breve inventario que debe tomarse en cuenta antes de leer Tropical Town and Other Poems, cuya primera sección termina “con el inolvidable grito, rojo como flamenco, de la ceremonia panamericana”.

El incidente con Teodoro Roosevelt
Aludía Henríquez Ureña al acto solemne, organizado por el Club de las Artes de Nueva York en febrero de 1917, donde Salomón leyó su poema “The dreamer’s heart knows its own bitterness” (“El corazón de un soñador conoce su propia amargura”), cuyo contenido disgustó a una de las personalidades invitadas: el ex presidente Theodoro Roosevelt. La ceremonia había sido larga y fastidiosa. Cuando se anunció a De la Selva, la gente comenzaba a marcharse: ya no querían oír a otro profesor (el nicaragüense enseñaba en Williams College). Pero apenas comenzó a hablar, ya nadie quiso marcharse. En la crónica del diario The New York Tribune, titulada “Patriot Silence T. R. at Arts Club”, se lee que durante su disertación los cabellos del poeta estaban erizados. Inconscientemente lanzó a Roosevelt una mirada de fuego. Nicaragua es pequeña en extensión —dijo—, pero es poderosa en orgullo. Mi tierra es tan grande como sus pensamientos; tan grande como sus esperanzas y sus aspiraciones… Amar a los Estados Unidos —como yo los amo—, cuesta gran esfuerzo cuando mi propio país es ultrajado por la nación del Norte. No puede existir el verdadero panamericanismo —puntualizó— sino cuando se haga plena justicia a las naciones débiles.

Los mismos conceptos desarrolla Salomón en su poema citado, que a continuación leyó, en el cual crea una dicotomía (Norte/Sur), caracterizando al Sur como su Madre y al Norte como su Novia; afirma su deseo de pelear por los Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, mas le pide sea consistente en su sentido de justicia con Latinoamérica. Por algo escribía dicho poema un hijo de Nicaragua, entonces ocupada — al igual que República Dominicana— por la marinería estadounidense desde septiembre de 1912, y formado en los Estados Unidos. A Roosevelt le irritaron el preludio en prosa y los versos de Salomón, a quien respondió, gruñéndole y pelándole los dientes. Salomón le replicó: “No me gruña ni me pele los dientes, señor, que yo los tengo mejores que usted, mire: GRRRR” —contaba a su hijo el propio don Sal, quien entonces tenía 23 años y Roosevelt 58. El hijo de éste, Kermit, aplacaba a su padre tras el incidente, diciéndole: “El joven tiene la razón”.

Cabe informar, además, que la casa editora en Nueva York de Tropical Town…, John Lane Company, nombre de su propietario, correspondía en Londres a The Bodley Head, la misma de Swinburne y de otros prerrafaelistas, que tenía fama de elegir sólo lo excelente para sus publicaciones. Su formato (cubierta, papel, tipo, etc., excepto el diseño del pequeño volcán: el Momotombo nicaragüense) era idéntico al del libro de Rupert Brooke, poeta inglés, muerto —combatiendo por su patria— en diciembre de 1914. Pero ¿cuál fue la opinión de la referida casa editora sobre Tropical Town and Other Poems? En la solapa, la exponía:

“Es acaso la mezcla de sangre indígena, hispana y sajona que corre en sus venas —fenómeno no muy raro en Latinoamérica— lo que hace de Salomón De la Selva el poeta representativo de los trópicos: salvaje en su pasión por la naturaleza, orgulloso en el amor a su patria, sutil en su percepción espiritual de todas las cosas. A su férreo individualismo, suma una cultura excepcional en alguien tan joven. Con ello logra interpretar las tradiciones que conforman el alma de Latinoamérica. Salomón posee un fluido e impecable dominio del idioma inglés y en ocasiones demuestra su experimentado conocimiento de la prosodia inglesa, reveladora de su formación académica. Pese a su natural don universalista de asimilar el arte y la literatura —que le conduce a recrear una canción folclórica de Rumania o a escribir una oda isabelina—, él es un latinoamericano neto e integral; y cualquiera que sea la forma elegida, siempre se apropia del alma de su poema. De la Selva no es simplemente un creador de canciones. Su ideal expresivo lo eleva a ser el poeta del panamericanismo. Para él, son tan queridos tanto los volcanes de Nicaragua como los blancos abedules de Nueva Inglaterra.”

¿Y cuáles fueron los datos con los cuales presentaron a su autor? A continuación, los transcribo (traduciéndolos, como hice con el texto anterior): “Salomón De la Selva tiene 24 años y nació en León, Nicaragua, América Central. Desciende de una familia notable en política y literatura. Sus ancestros se remontan a caciques indígenas y a conquistadores españoles, y una de sus abuelas fue una inglesa de sangre noble. El joven poeta ha estudiado en Nicaragua y EE.UU. En este país a impartido conferencias sobre poesía moderna en la Universidad de Columbia y enseñado Lenguas Romances en Williams College.

Es miembro correspondiente de la Sociedad Hispánica de América, y también de varias asociaciones literarias y académicas, tanto de los EE.UU. como de los países hispano parlantes. Su lengua materna es el español y ha colaborado en revistas estadounidenses e hispanoamericanas. Se le valora como uno de los poetas más significativos de su generación en Hispanoamérica. En 1910, a raíz del fallecimiento de su padre, el Congreso de Nicaragua decidió adoptarlo como hijo de la Nación. Desde entonces, su pueblo lo considera un vocero especial”.