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La India, es el séptimo país más extenso y segundo más poblado de la tierra, cuyo PIB asciende a 1,237 billones de dólares, tornándola la 12ª economía más grande o la cuarta en términos de paridad de poder adquisitivo; no obstante, su renta per cápita nominal es de US$ 1.016, ocupando el puesto 143º a nivel mundial. Está regida por una minoría dirigente pasmosamente pequeña que administra todo: el Gobierno, las grandes empresas e incluso los clubes deportivos, repartiéndose así el pastel económico.

El crecimiento económico atrae a una población joven y en ascenso social hacia la clase media urbana la cual ya no está constreñida por los sistemas de castas y clientelismo, pero tampoco goza de la estrecha relación vinculada a la antigua clase media con la minoría dirigente en un país que depende de cierto grado de aceptación popular, arraigado en la creencia de que en términos generales es “justa” en sus tratos.

Desde luego, las dudas sobre el peculiar grupo no son privativas de la India. Casi todos los países que observan el paso de un equilibrio preindustrial basado en el clientelismo a otro cimentado en instituciones modernas y el Estado de Derecho, han afrontado esas crisis de legitimidad.

Actualmente en la India, la clase media no asciende a más de 70 millones de personas, (mucho menos de lo que se suele suponer), pero, a lo largo del decenio presente; la clase media establecida se verá abrumada por los advenedizos, que se abrirán paso desde abajo: las ciudades y pueblos pequeños del país. Hasta ahora, la India nunca había experimentado semejante movilidad social.

Ese nuevo grupo ha estado atareado subiendo los ingresos para expresar su resentimiento por los excesos de la minoría dirigente, pero es visible la irritación entre sus miembros.

Imposible es predecir cuándo tendrá lugar el cambio o de qué forma revestirá, empero las tradiciones democráticas de la India, apuntan a un cambio pacífico, que posiblemente se produzca en una provincia tras otra, y un impredecible giro, en el que un nuevo dirigente o movimiento político cautive de súbito la imaginación popular y barra con las antiguas disposiciones.

Ostensiblemente, la economía de la India está en auge; su crecimiento sólo es superado por el de China, entre las principales economías del mundo, aunque los ánimos en el país han cambiado drásticamente en los últimos meses y los líderes empresariales se quejan de que algo anda mal.

Sin duda, el boom ha creado una enorme riqueza para la elite ejecutiva, coadyuvando a mejorar las vidas de cientos de millones de personas, pero sin que ello beneficie a la gran mayoría (los sectores pobres y marginados) debido a impedimentos y al desarrollo económico.

En 1991, las reformas históricas partieron de la promesa de transformar el país de una economía agraria a industrial, lo que se tradujo en mejor calidad de vida para todos sus habitantes. Otros países asiáticos, entre ellos China y Corea del Sur, recorrieron este camino.

Por años, India disfrutó de exitoso crecimiento, pese a tener problemas de los que sus vecinos adolecían, como un complejo Sistema de Castas que imponía inmutables diferencias sociales, lo cual, describe la estratificación y las restricciones sociales en el subcontinente indio, dificultades que han estancado su transformación.

A duras penas, la modernización del sistema financiero y la reforma agraria necesaria para estimular la industrialización ha avanzado, siendo imposible desde el punto de vista político; la desnutrición sigue campeando. El gobierno ha adoptado varias medidas pro-ayuda a los pobres, estableciendo un programa de almuerzos en las escuelas y proponiendo una ley pro-acceso a los alimentos como un derecho fundamental inherente a su condición de seres humanos.

El destino de India es vital para las economías desarrolladas; con más de 1.237 millones de habitantes, es un mercado de exportación cada vez más importante, fuerza estabilizadora en una región peligrosa y contrapeso al auge de China. Su proceso de liberalización económica despegó a partir de la crisis financiera de 1991, cuando estuvo a punto de declararse en cesación de pagos, lo cual se dio después de una crisis aguda en la balanza de pagos, y desde entonces se puso énfasis en hacer del Comercio Exterior y la inversión extranjera un sector esencial, básico de su economía.

La esperanza de vida aumentó a 64 años en 2008, frente a los 58 de 1991. La alfabetización se ha propagado. Centenares de millones de personas empezaron a recibir mayores ingresos. Según el Banco Mundial, el PIB per cápita subió a US$3,270 en 2009, en relación con US$925 en 1991.

Otros indicadores pintan un cuadro más sombrío; según la encuesta para 2009-2010 del Ministerio de Finanzas, el consumo de calorías por el 50% que constituye la base de la pirámide de su población está en declive desde 1987, si bien aquellos en la cúspide social luchan contra mayores tasas de obesidad, en parte se debe a la desnutrición: 46% de los niños de menos de 3 años son demasiado pequeños para su edad, según UNICEF. En estado deplorable se encuentra la infraestructura en ciudades y regiones agrícolas.

Cada año, China ha sumado, en promedio, más de 10 veces la electricidad a su red que India. El actual gobierno ha estado distraído por las revelaciones acerca de la corrupción y redujo la carga impositiva a particulares y empresas para fomentar un mayor cumplimiento.

Pese a su impresionante crecimiento económico en los últimos decenios, aún presenta la mayor concentración de personas pobres en el mundo. Un Informe prevé que: desde el 2007 hasta 2020, el PIB per cápita de la India se cuadruplicará, y superará el de los Estados Unidos antes de 2050, pero que seguirá siendo un país de bajos ingresos durante varias décadas, y un per cápita muy por debajo de sus otros compañeros BRICS.

*Diplomático, Jurista y Politólogo.