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El mercado, manipulado hasta su agotamiento por las políticas neoliberales y la lógica del capitalismo salvaje, se ha encargado de poner en aguda crisis global el sistema político conocido como democracia. Frente a la voluntad de los electores, a la constitucionalidad y la institucionalidad democráticas, se ha alzado el poder económico capitalista -corruptor y corrupto- para convertir en papel higiénico principios fundamentales como: estado de derecho, derechos humanos, ciudadanía, buena gobernabilidad, participación ciudadana y equidad en la distribución de la riqueza.

Por otro lado, en América Latina, el estado democrático, manipulado por el populismo totalitario corrupto ha sido llevado a su agotamiento a punta de abusos antidemocráticos, con el objetivo de diseñar un estado frankenstein que sirva a los intereses de perpetuar en el poder al caudillo y su camarilla; para enriquecer ilícitamente, en exclusiva, a las cúpulas populistas; y narcotizar ideológicamente  a las masas haciéndoles creer que por voluntad divina y represión factual viven en el paraíso cuando en realidad moran en el infierno. La famosa praxis populista de la democracia directa y un estado participativo no es más que un espejismo que oculta la mano pachona corporativa de los que detentan y gozan las mieles del poder por sí y para sí.

Los populistas en América Latina han incidido gravemente en la crisis de las incipientes democracias regionales. Si la búsqueda de una alternativa para salir de la crisis de la democracia y  lograr una superación del estado burgués fueran los objetivos superiores del populismo, ésta tendría que hacerse a través de la construcción de los más amplios procesos de consulta y de alcanzar los consensos políticos que tomara en cuenta a todos los sectores de una nación. La medicina totalitaria de la imposición no ha dado resultado, únicamente como las fallas tectónicas, logra la acumulación espantosa de una poderosa energía que un buen día estalla.

No son tiempos para que un mesías y sus iluminati venga a imponernos en la mayor secretividad unas supuestas nuevas formas de hacer democracia. Nuevas formas de democracia donde objetivamente quedan anulados por voluntad del caudillo, los principales derechos civiles y políticos: el derecho a la vida, a la libertad, a la justicia, a la igualdad, a organizarse, a protestar y a votar para elegir. Enmascarado todo ideológicamente en una supuesta restitución de derechos. ¿O se trata del derecho de los grupos de banqueros a enriquecerse más? ¿O del derecho del Cosep a profitar de los negocios del alba? ¿O el derecho de Chico López a ser Presidente del Cosep?

En Nicaragua las veleidades del populismo específicamente significan anular todo aquello por lo que luchamos en contra de la dictadura somocista. En esa lucha por una Nicaragua mejor participamos gentes de izquierda revolucionaria, socialistas, comunistas, stalinistas, trotskistas, demócratas burgueses, demócratas populares, anarquistas, cristianos revolucionarios, cristianos providencialistas, conservadores y hasta reaccionarios de tomo y lomo, etc. La revolución popular sandinista logró el más alto consenso alcanzado en Nicaragua, gracias al fenómeno político del cuasi totalitaritarismo fascistoide y fraudulento del somocismo. Ahí estuvimos casi todos contra el tirano for ever.

Por eso todos sentimos que a partir de la lucha para derribar a la dictadura, conquistamos una libertad que no se puede enajenar en las manos de nadie. La libertad ha sido el valor supremo de las luchas de lo mejor del pueblo nicaragüense. Patria y Libertad de Augusto C. Sandino. Patria Libre o Morir, del FSLN. Y no creo traicionar ese pensamiento cuando interpreto que en esos lemas se connota tanto la libertad frente al imperio yanqui como la libertad frente a cualquier tirano. El nicaragüense no se mueve a ninguna guerra por plata ni por comida ni por ninguna jaula de oro, pero sí se mueve por su libertad y por la libertad.

Estrada, Castro, Zeledón, Sandino, Rigoberto, Carlos.

El partido político que anule u obvie el valor de la libertad como valor supremo de nuestra nacionalidad está cometiendo suicidio y probablemente se esté preparando para cometer genocidio. La libertad va a más allá de cualquier ideología religiosa o política en nuestro país. Aquí nadie va a votar como lo sugieran las iglesias, lo indiquen los partidos y lo determinen las necesidades de cada quien. El nicaragüense independientemente de su clase social y de sus opciones políticas, tiene cimentado en su ser la libertad. Aunque puede pasar temporadas en el infierno de una tiranía, pero únicamente está acumulando fuerzas.

Cualquier intento de refundar la democracia, de reconstrucción de un estado nacional o de formular una nueva utopía política que no se funde en una ética de la libertad será un intento fallido y un estrepitoso fracaso. Si no veamos las experiencias revolucionarias que nos ha tocado vivir a lo largo de nuestra historia: la revolución liberal zelayista y la revolución popular sandinista. Obviaron la libertad, perdieron el poder político gubernamental y con él la posibilidad real de transformar las estructuras sociales. ¿Cuál parte de la palabra libertad no entienden?