•  |
  •  |

El cáncer que deteriora a las sociedades de los países “en vía de desarrollo” y las mantiene sumergidas en la desesperanza no es precisamente la pobreza sino la corrupción, misma que nos lleva a evidenciar situaciones dramáticas todos los días en el campo y las ciudades.

No es casualidad que los países que presentan mayores índices de corrupción sean los países más empobrecidos del mundo;  tampoco no es ajeno que Nicaragua se encuentre en los primeros lugares de los países más corruptos, 127 a nivel mundial según el último reporte de Transparencia Internacional (TI). La visión pragmática y providencialista resignada de la población nicaragüense resulta ser la mejor aliada de los gobernantes, quienes se enriquecen a sus anchas y garantizan su inmunidad controlando todos los poderes e instituciones del Estado.

“El país entero ha sido testigo de la impunidad y prepotencia con que personas del régimen sandinista han saqueado, para su propio beneficio, los bienes nacionales, adjudicándose inmoralmente sumas millonarias, empresas, fincas y edificios” (Conferencia Episcopal, 1992 – 1993).  Esta institución ha sido clave a lo largo de la historia manteniendo posiciones firmes,  brindando esperanza al pueblo y denunciando las irregularidades de los gobiernos; los medios de comunicación, por su lado, también han jugado un papel determinante ante el cinismo de una contraloría apañadora y la inoperatividad de los partidos opositores.

Revisando el trabajo realizado por Jorge González Patiño en su libro Los Watergates Latinos encontramos la importante gestión del periodismo poniendo al descubierto el criminal acto de corrupción  cometido por el Dr. Arnoldo Alemán Lacayo, quien en 1997 llegara al poder tras vencer a sus ahora aliado Frente Sandinista.

En US$ 250 millones estaba calculado el capital del exmandatario al salir de la presidencia, según lo denunció el entonces contralor de la república Agustín Jarquín Anaya, quien ahora va por su tercer periodo en la asamblea nacional por el Frente Sandinista: “ese patrimonio había crecido en novecientos por ciento entre 1990 y el 2000” (Jorge González Patiño, 2006).

Otro de los  trabajo investigativos que puso al descubierto la corrupción fue el de uno de los principales integrantes y fundador del Frente Sandinista, Tomás Borge Martínez, el cual  fue llevado a la luz pública por el periodista Octavio Enríquez, quien recibió el premio Ortega Gasset por esta labor.

Haría falta papel para enlistar los casos de corrupción de la que es víctima el pueblo  y aun así algunos personajes tienen el descaro de pedir perdón, hacerse acompañar de figuras religiosas  y suplicar por el voto de la población para seguir viviendo del poder.

Mientras tanto, la población se sumerge en la pobreza e ignorancia producto de una calculada estrategia de los gobernantes mediocres y sin visión de nación. Pero, ¿cuál es la solución? La construcción de un estado de nación se logra mediante paulatinos procesos que conduzcan a transformaciones estructurales profundas en las que una  juventud con compromiso deberá ser la protagonista: estos serán los responsables de eliminar todas las células cancerígenas que carcomen la sociedad Nicaragüense.