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El Frente Sandinista, a pesar de sus escaramuzas de asalto a los cuarteles de la GN desde 1977, quedó al margen de las insurrecciones populares iniciadas en Managua el 10 de enero de 1978 por el asesinato de Pedro Joaquín Chamorro.

Tampoco intervinieron abiertamente en las huelgas generales que siguieron. Se sabía que eran pocos, dispersos y desconectados de las bases sociales. Hasta el siguiente año, en 1979, bajo una estrategia de Guerra Fría, la Unión Soviética con mediación de partidos comunistas latinoamericanos reorganizó un anárquico Frente Sandinista de unos pocos individuos, los armó con cierto potencial militar, los orientó con brigadas internacionales de combate y con asesores cubanos. Esto representó el paso de las insurrecciones espontáneas de 1978 a la última etapa insurreccional, que los levantamientos populares de 1979 fueron acompañados por fuerzas de defensa de los distintos Frentes, Norte, Sur, etc. Se llamaron así porque eran líneas de combate (frentes), pero no eran del Frente Sandinista; aunque en ellos participaban unos pocos cuadros sandinistas en los puestos de mando.

Debido a que la insurrección popular de 1978 no había logrado crear órganos de poder en las ciudades, ni los partidos de oposición lograban superar las rondas de negociaciones, unos pocos individuos del Frente con asesores internacionalistas, y enmascarados en el Grupo de los Doce, consiguieron influir entre los partidos para la organización de la Unidad Nacional y la formación del Gobierno de Reconstrucción en el exilio. Se aprovechó que los Doce hacían de enlace con los gobiernos aliados de México, Venezuela, Panamá y Costa Rica en su apoyo a los partidos de oposición, a los sindicatos y los empresarios de las cámaras patronales que habían convocado huelgas generales. Pero, en la sombra, quienes actuaban realmente eran los hermanos Ortega apoyados por los asesores internacionalistas.

Hasta 1978, el Frente Sandinista era una dispersión de grupos de activistas con escasa organización política; y la única operación de mérito político del grupo llamado “tercerista” fue asociarse a los clérigos y “cursillistas de la cristiandad” del Grupo de los Doce en 1978. Pero en 1979 apareció la Dirección Nacional del Frente Sandinista (DN) destinada a ser el aparato de dirección militar del Gobierno de Reconstrucción en la guerra, con la mediación de la figura de Edén Pastora; aunque sólo provisionalmente, mientras la Junta se instalaba en el poder con la Guardia Nacional.

Este fue el máximo logro de reconocimiento político del Frente Sandinista en el exilio. Pues, el pacto firmado en Puntarenas por el Gobierno de Reconstrucción consistía en gobernar con la legalidad constitucional vigente y con la Guardia Nacional (purgada de los responsables de crímenes) fusionada con tropa de los distintos Frentes, que en su gran mayoría no eran del Frente Sandinista. El ministro de Defensa sería el coronel Larios (exGN), y en San José se decía que Edén Pastora sería el jefe de la refundación de la Guardia Nacional. Los partidos de la Unidad Nacional se sostendrían con la GN.

La constitución de la DN fue promovida, abiertamente, por los gobiernos aliados a través del grupo socialcristiano de los Doce, viendo la necesidad de una dirección militar de la que carecía la oposición antisomocista. Pero, de forma oculta, fue un producto de la intervención del Partido Comunista de Cuba y Vanguardia Popular de Costa Rica, ambos actuando en nombre de la URSS en el contexto de la Guerra Fría. En realidad, la mayoría de fracciones Sandinistas no reconocían al Grupo de los Doce, y sólo los cubanos pudieron hacer que aceptaran la disciplina de quedar bajo los hermanos Ortega, cabezas de la DN.

El interés de los comunistas en el Frente Sandinista era reciente. Con anterioridad, los partidos comunistas se habían resistido a reconocer al Frente Sandinista que, en Nicaragua, aparecía oficialmente como antagónico para el Partido Socialista Nicaragüense, así como para el partido Vanguardia Popular en Costa Rica. De hecho, Carlos Fonseca Amador y los otros sandinistas que se encontraban refugiados en Cuba antes de 1978, nunca fueron recibidos por Fidel Castro, ni oficial ni extraoficialmente. Eran tratados como perseguidos refugiados, y en ningún caso como organización reconocida.

Sin embargo, en el momento que se produjo el vacío de poder en Nicaragua, sin que tuviera lugar la “transición” pactada con la Administración Carter, por el desmoronamiento de la Guardia Nacional y la huida del presidente interino Urcuyo Maliaños, la Dirección Nacional se convirtió repentinamente en los garantes de la legalidad en ausencia de la GN. Y la DN pasó a ser un Directorio de la jefatura del Estado (politburó del FS). Para la URSS y las brigadas internacionales fue un regalo inesperado. Así, el poder cayó en los hermanos Ortega, el de la conexión con las brigadas internacionales y el interlocutor de los asesores cubanos.

Del mítico Frente Sandinista, contando los nueve de la DN, sólo había 48 militantes “vivos” reconocidos entre las “tendencias” del recién unificado Frente Sandinista, según el censo realizado por Lesbia Carrasquilla el día 20 de julio de 1979 (las promociones de nuevos militantes esperaron meses); y ella misma levantó una lista de quinientos “colaboradores” entre los recomendados por estos militantes reconocidos. Con esos 48 cuadros del Frente Sandinista se formó la primera cadena de mando (milicia del FS), que no existía, y se les asignaron funciones de dirección (partido FS) de las organizaciones de masas que indicaban los asesores.

Los “colaboradores”, con los que después se formaría la Asamblea Sandinista (consejo del FS) y la dirección del movimiento de masas, fueron colocados en los ministerios. Cada uno de los nueve comandantes quedó como responsable de vigilar un sector del Gobierno de Reconstrucción Nacional con poder de intervención directa sobre la autoridad del ministro, asistidos por miles de asesores en la “revolución popular sandinista, de economía mixta y no alineados [una categoría de la Guerra Fría]”. Pero en esta arquitectura faltó un “congreso FS” de los comités de base.

La suma de contradicciones que hoy se observan entre los que renuevan o retornan al Sandinismo, o las ambigüedades e incoherencias de la memoria histórica mistificada, tienen estos antecedentes (publicados en estás páginas tres artículos más sobre “Tendencias de izquierda en la revolución nicaragüense”).