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Desde que nos levantamos, entramos en la vida de relación y comunicación con lo que nos rodea: saludamos con un “!Buenos días!”, “Lulú”, la mascota de la casa nos sale al encuentro moviendo la cola, salimos al patio y observamos los interminables caminitos de termitas haciendo de las suyas con la madera en algún lugar de la casa, escuchamos la radio y nos informa de una inundación que podemos apreciar en las imágenes del televisor, escogemos la ropa para vestirnos con los colores que “combinan”, percibimos los aromas de un café caliente en el desayuno, nos despedimos con un beso o con un adiós con la mano, vemos nubes oscuras que anuncian más lluvias, nos dirigimos al trabajo, en la esquina un rótulo en figura de rombo con dos niños de la mano nos advierte de escuela próxima, la luz roja del semáforo nos indica del peligro que podemos correr, oímos la sirena de una ambulancia que rauda pasa frente a nosotros, entramos a nuestra oficina, le echamos un vistazo a “Guernica” el cuadro de Picasso que nos recuerda los horrores de la guerra en ese pueblo de España,  leemos alguna información, solicitamos por escrito un documento que no tardan en enviárnoslo… En fin, hemos estado en comunicación. ¿Cómo? A través de signos portadores de mensajes: orales, escritos, visuales, gestuales, auditivos, táctiles, naturales. ¿Con quiénes nos hemos comunicado? Con nuestro entorno y  los seres y las cosas que lo conforman: con otras personas, con la naturaleza, con los animales. Incluso, la misma naturaleza nos ha enviado sus propios mensajes y los mismos animales se han comunicado entre sí.

El mensaje visual
Como vemos, hay distintas formas de comunicarnos, como el lenguaje visual. Ya los antiguos, antes de que apareciera la escritura, nos dejaron huellas   -como las que pude apreciar en las Cuevas de Altamira (Santander, España)-  de su modo de conocer y representar su mundo, a través de las pinturas rupestres con sus bisontes en movimiento. ¿Qué entendemos, entonces, por lenguaje visual? Un sistema de comunicación que emplea las imágenes como medio de expresión y transmite, por tanto, mensajes visuales.

Ahora bien, ¿qué se necesita para que haya comunicación a través del lenguaje visual? Los mismos elementos intervinientes en la comunicación oral y escrita. Primero, un emisor, o sea, el agente que origina el mensaje con un propósito determinado: un fotógrafo desea reproducir fielmente la realidad, un publicista pretende vender un producto, un pintor se propone producir un placer estético, etc. Segundo, un mensaje, es decir, el contenido de la información que el emisor desea transmitir. “Guernica” es un cuadro de Picasso que transmite los horrores de la guerra sufrida por ese pueblo español. Tercero, un receptor, o sea, el destinatario del mensaje. ¿Quién es el receptor en el ejemplo citado? Todos los que observan la pintura picassiana. Cuarto, un canal, o sea, el medio empleado por el emisor para transmitir su mensaje; en el caso de un cuadro pictórico, el canal son los colores, la tela y demás materiales utilizados.

La imagen visual y sus modos de expresión
Una imagen puede tener diferentes modos de expresión y, lógicamente, diferentes lecturas. ¿Por qué? Porque el emisor condiciona el significado de su mensaje recurriendo a un estilo determinado de expresarse, y el receptor aprecia y valora el mensaje contenido en la imagen influido por su experiencia y su formación cultural. Así se habla, entre otros, fundamentalmente de cuatro modos o estilos de expresión. Veamos.

El estilo realista trata de representar fielmente la realidad, como lo hace una fotografía, una película cinematográfica, un dibujo científico sobre el cerebro, una obra artística inspirada en la naturaleza, por ejemplo, pero que reproduce no sólo el paisaje sino las condiciones del duro trabajo de los campesinos. Se trata de un estilo, cuyas imágenes son fácilmente interpretadas por todo público, porque se entiende sin esfuerzo el motivo representado. Buenos ejemplos de este estilo los encontramos en el arte renacentista, con el manejo de la proporción y la anatomía expresados esencialmente en la representación del paisaje y el retrato, como la famosísima “Gioconda” de Leonardo da Vinci.

El estilo figurativo, como el realista, representa formas basadas en la realidad, pero con un modo de expresión más libre. El emisor manipula con cierta libertad la realidad alterando los espacios, las formas, los colores y las proporciones, pero dejándole al receptor un margen para reconocer el objeto representado. En la publicidad, son comunes las imágenes alteradas o exageradas para expresar sus mensajes. En el dibujo, la pintura y la escultura encontramos este estilo figurativo, como las “figuras gordas” de Botero, muy conocidas por las infladas y redondas formas pintadas con pinceladas suaves, casi imperceptibles.

El estilo abstracto se diferencia de los anteriores en que no representa formas inspiradas directamente en la realidad. El emisor expresa su modo particular de ver el mundo a través de formas y estructuras nuevas creadas con absoluta libertad. Es un estilo difícil de interpretar y exige del receptor un esfuerzo de comprensión personal del significado de las imágenes. Por sus propias características, el estilo abstracto suele limitarse a la expresión artística, especialmente la pintura y la escultura. El propósito de los artistas abstractos es prescindir de todos los elementos figurativos para concentrar la fuerza expresiva en formas y colores que no ofrezcan relación con la realidad visual. Algunas obras de Picasso, pertenecientes al llamado cubismo hermético, se centran en el abstraccionismo geométrico (con “pequeños cubos”) son tan difíciles de comprensión, que se necesita de una exégesis por parte de la “crítica”. Picasso lo explica así: «Cuando hacíamos Cubismo, no teníamos ninguna intención de hacer Cubismo sino únicamente de expresar lo que teníamos dentro».

El estilo analítico se refiere a las imágenes que describen detalladamente formas y procesos científico-técnicos, como las representaciones visuales de piezas mecánicas, aspectos de la anatomía o la fisiología humana, etc. El receptor debe aprender, de previo, el código empleado en las imágenes para interpretar perfectamente el mensaje visual.

La interpretación de una imagen tiene mucha relación con el emisor, el propósito del mensaje y el grado de experiencia y formación cultural del receptor. En mi tercer viaje a Europa, visité nuevamente el Museo de Louvre, en París, y - con mi esposa Carmen y mi hijo Luis Alfonso-  me detuve en una pintura del famoso pintor italiano Caravaggio. El cuadro titulado “La muerte de la Virgen” representa a una mujer de la calle, modelo inspirado en uno de los barrios indecorosos de la ciudad. El audio-guía me informaba:

“Este cuadro desató gran escándalo en la época y, como muchas otras pinturas de Caravaggio, permaneció trescientos años relegado, pero ejerciendo desde la oscuridad, una gran influencia en la producción artística ulterior, especialmente en Velázquez y Rubens. Posteriormente, toda su obra fue revalorada y dada a conocer al gran público”. Tan pronto regresé a mi país consulté, intrigado, una enciclopedia de arte dedicada a Caravaggio. El pintor, desde su propia individualidad, se rebeló contra la Iglesia de la época de la Contrarreforma y su riguroso e inflexible control del pensamiento y la moral, y la pintura en cuestión rompía con los convencionalismos e imponía por sí mismo su manera de pensar respecto al arte. Y su verdad.

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