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Tal lo define el Diccionario de la Lengua Española, revolución significa: cambio violento en las instituciones políticas de una nación; empero la Revolución Islandesa se definiría como: cambio importante en el estado o gobierno de las cosas sin violencia con el propósito de combatir una injusticia.

Lo anterior obedece a que, en Islandia, el pueblo hizo dimitir a un gobierno completo, nacionalizaron los principales bancos decidiendo no pagarles la deuda que crearon con Gran Bretaña y Holanda (Países Bajos), a causa de su mala política financiera instauraron una asamblea popular para reformar su Constitución; todo ello de forma pacífica.

Remontan las causas al 2001: al momento de hacer reformas, al desregular los mercados financieros y privatizar los bancos,  preparando el escenario para que los mismos cargaran las deudas acumuladas por empresas extranjeras; la crisis se reveló cuando éstos se mostraron incapaces de refinanciar sus deudas.

Una de las causas de tal crisis quizá se debió a que Islandia, al ser una isla muy alejada de Europa, tenía un sistema financiero y económico más o menos equilibrado, y el efecto de la globalización contribuyó a proveer tanto unas fuertes entradas de dinero exógeno, como muchas facilidades a los bancos islandeses a financiarse en el exterior.

Junto al exceso de ambición de los tres bancos privados islandeses y de algunos depredadores y deshonestos empresarios, este efecto les llevó a endeudarse e invertir parte del dinero a lo interno suscitando fuertes alzas en la bolsa y el mercado inmobiliario.

Alzas iniciadas en Estado Unidos y multiplicada por la cantidad de productos financieros especulativos, engendrados por el Sistema Financiero Mundial, la crisis originó una espiral de endeudamiento, develando, que el talón de Aquiles del sistema capitalista globalizado era el Sistema mismo.

La singular crisis (2008-2009), involucró el desplome de los tres principales bancos comerciales del país tras sus dificultades en la refinanciación de su deuda a corto plazo y un pánico bancario en el Reino Unido, que en proporción al tamaño de su economía, es el colapso bancario más grande sufrido por cualquier país en la historia, lo que ha tenido graves consecuencias para la economía islandesa.

El 20 de noviembre de 2008, el Consejo de Administración del Fondo Monetario Internacional (FMI) aprobó un préstamo de 2.100 millones de dólares a Islandia y el 14 de octubre del mismo año, se produjo un crash total en la Bolsa, cayendo un 77% en un sólo día al perder los 3 bancos privados, prácticamente todo su valor en bolsa; su Autoridad de Supervisión Financiera nacionalizó el mayor banco del país, el Kaupthing, e intervino las otras 2 entidades más importantes: el Landsbanki y el Glitnir. Los tres representaban casi el 90% de su sistema bancario.

El Consejo de gobernadores del Banco Central de Islandia (Sedlabanki) subió los intereses hasta el 15,5% (a fines de 2005 estaba en el 8%) en un intento de frenar el desmorone de la corona islandesa y afrontar las fuertes presiones inflacionistas. Fuera de ahí, más de medio millón de depositantes (mucho más que toda su población) tienen sus cuentas bancarias congeladas en medio de una discusión diplomática sobre el seguro de depósitos.

Requirió el Gobierno al FMI, y se barajó la posibilidad de solicitar un programa de ayuda económica. Islandia negoció con Rusia los términos de un préstamo de 4.000 millones de euros. Este país junto con los Países Bajos (Holanda) quiso imponer su interpretación de la compensación legal debida a sus cuentahabientes según directiva europea: 94/19/EC.

Dicha interpretación Islandia estaría obligada a pagar cerca de 5 mil millones de dólares a una tasa de interés de 5%; sin embargo, sus ciudadanos rechazaron masivamente este plan sometido a referendo el 6 de marzo de 2010.

Resumiendo, en lo que respecta a calidad de vida y poder adquisitivo, Islandia retrocedió 10 años.

Una ley ampliamente discutida en el parlamento, propone la devolución de la deuda a Gran Bretaña y Holanda, mediante el pago de 3.500 millones de euros. Los habitantes en la calle solicitan un referéndum sobre dicha ley. En enero de 2010, el Presidente Ólafur Ragnar Grimsson, se negó a ratificarla y anunció que habría consulta popular.
Dentro de este contexto, eligieron una asamblea constituyente en noviembre de 2010, para redactar una nueva Carta Fundamental que recogiese las lecciones aprendidas de la crisis, y sustituya a la actual copia de la constitución danesa, para ello, han recurrido directamente al pueblo soberano, distinguiendo a 25 ciudadanos sin filiación política de los 522 que asistieron a las candidaturas, y que tuvieran el apoyo de 30 personas.

La Asamblea Constituyente electa comenzó su trabajo en febrero de 2011, exponiendo un proyecto de Carta Magna a partir de las recomendaciones consensuadas en distintas asambleas que se han celebrado por todo el país que deberá ser aprobada por el nuevo Parlamento y por el que se constituya tras las próximas justas legislativas.

Tras 18 años en el poder, en enero de 2011, el partido Conservador se vio obligado a abandonarlo. El FMI salvó al Estado de la bancarrota, el país está ahogado en deuda, hay una fuerte inflación, el desempleo es del 10% y la moneda ha perdido la mitad de su valor en un año.

El 10 de abril de 2011, nuevamente consultaron al pueblo mediante referéndum para otorgar ayudas al Banco Landsbanki. El 60% de los votantes dijeron NO al pago. Holanda  y Reino Unido, los mayores perjudicados con cerca de 300.000 clientes, recurrirán a los Tribunales.

En síntesis, esta es la historia de la Revolución Islandesa: dimisión en bloque de todo un gobierno, nacionalización de la banca, referéndum para que el pueblo resuelva sobre las decisiones económicas trascendentales, encarcelación de responsables de la crisis y reescritura de la constitución por los ciudadanos.

Todo hace pensar, que los medios de comunicación europeos no han informado a la población sobre esto. El pueblo islandés ha sabido dar una lección a toda Europa, plantándole cara al sistema y erigiéndose en ejemplo de democracia frente al resto del mundo, al punto de hacer una revolución de enormes alcances, sin el menor ápice de violencia sólo comparable a la liderada por Ghandi.

*Diplomático, Jurista y Politólogo.