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El reciente incidente en el que se vio involucrado el periodista de La Prensa, Eduardo  Enríquez, mientras conducía ebrio, expone las contradicciones de los sectores antisandinistas, colocados políticamente a la defensiva. En Estados Unidos este delito se  conoce como DUI (driving under the influence=manejar bajo los efectos del alcohol).  

El conducir ebrio no es un delito grave en Estados Unidos, pero sí es un delito menor. Cuando es la primera vez, el sujeto es detenido, fichado y luego tiene que presentarse  ante un juez. Dependiendo de otros factores como el nivel de alcohol en su organismo, el reo puede quedar en libertad bajo palabra.  

La oligarquía nicaragüense antisandinista considera a Estados Unidos como el paradigma ideal de “democracia”.  Si Eduardo Enríquez hubiera cometido en Estados Unidos exactamente los mismos delitos que cometió en Nicaragua, en estos momentos continuaría preso, con la posibilidad de recibir una condena carcelaria de hasta un año,  una multa de alrededor de $1,500 dólares y obligatoriamente tendría que tomar un curso de rehabilitación antialcohólica con una duración mínima de 3 meses.  

El provocar a la autoridad pitándoles insistentemente para obligarla a obedecerle por puros prejuicios políticos, el creerse superior a la autoridad y retarla con la prepotencia  con que lo hizo Enríquez, es una conducta que en Estados Unidos no sería tolerada por un segundo, ni por el superior del agente, mucho menos por un juez. Basado en la confesión del acusado admitiendo su ebriedad y su pitadera, si los hechos hubieran  ocurrido en Estados Unidos, Enríquez estaría sujeto a una fianza mínima de 50 mil  dólares y si tuviera antecedentes, sin derecho a fianza.

La imprudencia temeraria con que actuó Enríquez le hubiera costado la vida si tal incidente hubiera sucedido en Estados Unidos. Imagínense la reacción de los escoltas del presidente Obama, si un vehículo particular  insistiera en disputarle el derecho a la vía a la caravana presidencial? Estaría hoy contando el cuento? Les aseguro que no.

En Estados Unidos se dan persecuciones policiales contra motoristas ebrios o drogados todos los días. Les disparan a las llantas y los conductores continúan manejando mientras las llantas vuelan en pedazos en los “freeways” frente a las cámaras de televisión que mediante helicóptero siguen la persecución. Los carros terminan solo con los “rines”. A nadie se le ocurre politizar los hechos, ni acusar a la Policía. La mayoría  de acusaciones contra la policía son desechadas en los tribunales.

Si Enríquez fuera jefe de redacción de un periódico en Estados Unidos, el incidente sería razón suficiente para su despido inmediato, a menos que peleara el caso y alegara  ante los jurados que la provocación a la autoridad se debió a su alto nivel de  intoxicación alcohólica. Sin embargo, esto hubiera sido un intento riesgoso porque en la cultura del pueblo norteamericano, desafiar a la autoridad es un delito grave que revela una inaceptable arrogancia y vileza moral (moral turpitude) y difícilmente un jurado lo hubiera encontrado inocente.

Pero como todo sucedió en la “brutal dictadura” de Daniel Ortega, entonces el Sr. Enríquez anda libre, tranquilamente, jactándose que en estado de ebriedad retó a los policías y les dio una lección de “procedimientos policiales”, por lo que ahora es visto por la derecha antisandinista como un campeón de la democracia.