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Con motivo de la publicación de la última encuesta de CID Gallup, que muestra a Fabio Gadea pisándole los talones a Daniel Ortega, quien sigue en su techo histórico, y al socio de Ortega en el Pacto, Arnoldo Alemán, cayéndose en el hoyo que se buscó, un periodista se interrogaba, y con buena razón, sobre qué había hecho Fabio, que no ha gastado los cuantiosos recursos de Alemán en propaganda, y menos aún los más cuantiosos de Ortega, para subir tanto en las encuestas.

La pregunta admite, sin duda, muchas explicaciones. Pero hay algunas inevitables.

En primer lugar, el gasto en publicidad es como echar agua en un vaso. Una vez que el vaso está lleno, toda el agua que se le sigue echando se derrama y se pierde. Más allá de un límite, la publicidad es inútil. Es lo que ocurre con Ortega. Hay una sobresaturación de propaganda  -en rótulos, spot televisivos, cuñas radiales, cadenas de radio y televisión obligatorias-  muchas veces interrumpiendo momentos de ocio y esparcimiento de las familias. La reacción a esa sobresaturación es el cansancio y, con frecuencia, la molestia.

Así por ejemplo, entre la salida de Managua y el aeropuerto, hay muchos rótulos de Ortega. Quien lee este artículo puede apostar doble contra sencillo que cuando aparezca un solo rótulo de Fabio, que ahora no hay ninguno, será tan visto como los muchos de Ortega, o más.

En segundo lugar está la credibilidad. De la de Alemán, ni ocuparse. Diga lo que diga, haga la publicidad que haga, él se encargó de acabar con su credibilidad. En este caso, ni el agua que cae adentro del vaso sirve.

En el caso de Ortega, es diferente. Conserva y ha consolidado su base histórica. No ha perdido credibilidad entre sus seguidores de antaño, como es el caso de Alemán. ¿Pero la ha ensanchado? Veamos un ejemplo: ha gobernado partidariamente, sectariamente, excluyentemente, por razones ideológicas y políticas. Ha reprimido, física e institucionalmente. Ha obligado a la población a humillarse para recibir beneficios de algunos programas sociales.

¿Puede entonces, en esas circunstancias, resultar creíble el eslogan de campaña de Ortega que dice “con Todos y por el bien de Todos”, en una copia burda de la promesa de Fabio de ser un “Presidente para Todos”?

Resulta creíble que Fabio va a gobernar para todos, y en cambio Ortega, que ha tenido dos oportunidades y ha hecho todo lo contrario, gobernando solamente para sus partidarios, obviamente no resulta creíble.

Finalmente, la gente cree más en la información que en la publicidad. Con arreglos fotográficos digitales a Ortega se le puede disimular la calvicie, o la dureza de rostro y mirada, y a Fabio se le pueden disimular las arrugas, y a Alemán la gordura. Hasta a mí se me puede mejorar la apariencia. Pero la información recoge los hechos, de los que la población es testigo. Y la gente cree más en los hechos, es decir en el contenido del producto, y no en el envase que intenta vender la publicidad.

¿Y qué dicen los hechos de Ortega y Alemán?

Dejo a quienes leen esta reflexión esa pregunta, y no tengo dudas que  la respuesta que darán explica por qué Fabio, aunque gasta menos en publicidad, está alcanzando a Ortega en las encuestas y en breve lo superará.