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Santo Domingo de Guzmán, patrón de Managua, la Catedral de León, sede Arquidiocesana, Fray Antonio Valdivieso, primer obispo mártir de la Iglesia y Padre Azarías H. Pallais, sacerdote santo, son algunas cuestiones pendientes de la Iglesia Católica en Nicaragua. Son inseparables de la religiosidad, la vida, la historia y la cultura nacional.

Nicaragua era hasta mediados del siglo pasado, un país con una población casi totalmente católica, ahora, quienes profesan esta religión, son menos, pero continúan siendo mayoritarios. Quienes se confiesan parte de las denominaciones cristianas (católicos y evangélicos) suman más del 90% de la población nacional.

Con la conquista nos vino el idioma que hablamos y se impuso la religión que mayoritariamente procesamos con todas las consecuencias que implicó. Pensemos un minuto: ¿qué religión y lengua tendríamos si fuera cierto, lo que cuenta Alejandro Bravo en “El otro descubrimiento” (1994), si el sultán Boabdil y un navegante persa, hubieran realizado el viaje, el descubrimiento y la conquista de estas tierras antes?

El catolicismo ha sido parte de la historia social, política y cultural del país. La religiosidad popular, más allá de cualquier adscripción a una confesión cristiana específica, es inseparable al comportamiento de los nicaragüenses, se ha convertido en un componente de su identidad, incluso por encima de las formalidades y de la institucionalidad eclesial, se viene construyendo y evoluciona con dinámica propia, es producto de la cultura social individual y colectivo, creándose, desde esa interacción, en su contacto con la naturaleza, las circunstancias, los problemas, las percepciones y necesidades. La religiosidad popular crea símbolos, la historia identifica paradigmas y la convivencia cotidiana personas que son referentes. La Iglesia Católica, según dicen por precaución, pero en general debido a que siempre la institucionalidad religiosa y laica van detrás de los acontecimientos y no adelante, lo mismo pasa con el Estado que en nuestra realidad política, aunque lo enunció la revolución liberal, no ha sido laico de manera efectiva y sostenida. Sigue siendo un “estado confesional” que va en el carro de la religiosidad popular más allá de la institucionalidad eclesiástica. Algunas cuestiones que, desde mi punto de vista son deudas históricas pendientes de resolver por la Iglesia Católica en Nicaragua son:

1. Declarar oficialmente a Sto. Domingo de Guzmán como patrón de Managua en sustitución de Santiago Apóstol. Según el historiador Roberto Sánchez cuando Managua se elevó a ciudad el 24/7/1846, en el decreto se nombró como “Santiago de Managua” y sus festividades fueron las del apóstol Santiago (25 de julio) y la de la Virgen de la Candelaria (2 de febrero). Sin embargo, el Directorio Eclesiástico de la Curia de Managua (pág. 11; 2011), menciona como patrón de Managua a san

Miguel Arcángel (¿?) y en la Arquidiócesis (Managua, Carazo, Masaya), a Sto. Toribio de Mogrovejo. Después de 1885 cuando surge la leyenda al encontrar la pequeña imagen del Santo en un madero negro, inició la tradición de bajar la imagen a Managua el 1ro. y regresarla a su capilla el 10 de agosto. Este ritual adquirió popularidad propia y creciente, desplazando paulatinamente otras celebraciones. Se le incorporaron un sinnúmero de tradiciones y muestras culturales, se generó música, comida, bebida, danza y costumbres. En 1961, hace cincuenta años, en contra de la voluntad del Arzobispo de Managua Mons. González y Robleto, quien pretendió impedir la procesión por el “carácter mundano que tomaba”, la imagen fue secuestrada y traída, lo que originó un decreto de excomunión contra los involucrados. Nuevamente en 1963 volvió a ser secuestrada. En 1973 la gente la llevó a la destruida iglesia para hacer el tradicional recorrido en los escombros de Managua rompiendo las alambradas que aislaban la zona de peligro. La gente en su religiosidad, la gran mayoría de extracción humilde, recurren al Santo para que les ayude a recuperar la salud, resolver sus problemas o conseguir trabajo, le han impuesto como Patrón de la Capital; la Iglesia tiene pendiente formalizar la tradición popular de casi siglo y medio.

2. Establecer la histórica Catedral de León como sede Arquidiocesana por cuanto fue, según Mons. Bosco Vivas, “la madre de todas las diócesis de la Provincia Eclesiástica de Nicaragua y otros territorios al Norte y al Sur de Centroamérica, incluso de San Andrés y Providencia”. El 28/6/2011 la UNESCO declaró a la Real Basílica Catedral de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, de León, como Patrimonio Mundial de la Humanidad. En la misa de cierre de la semana de celebraciones por tan insigne reconocimiento (31/7/2011) el Obispo recordó que “fue el punto de irradiación del Evangelio en todo el territorio nicaragüense y más allá”, y que “nuestra Catedral merece ese honor”. El primer obispo de Nicaragua fue el Venerable Diego Álvarez Osorio (4/4/1531), designado pero no consagrado (murió en 1536), el primero que realmente asumió fue fray Francisco de Mendavia; el último, Mons. Simeón Pereira (1896 - 1914), pasando a ser después el primer Obispo de la Diócesis leonesa. El papa Pio X decidió en 1913 dividirla creando otras. Según la normativa Católica, diócesis es el distrito donde ejerce jurisdicción eclesiástica un obispo. Arquidiócesis es donde un obispo tiene jurisdicción sobre otros obispos y está a cargo de un Arzobispo. Las diócesis se agrupan en provincias; Nicaragua tiene una arquidiócesis y seis diócesis las que constituyen la Provincia Eclesiástica; cumplirá en 2013 un siglo de existencia. A principios de 2011 la Iglesia disponía a nivel mundial de 2813 diócesis de las cuales 623 son arquidiócesis.

3. Reconocimiento a fray Antonio Valdivieso como primer Obispo santo y mártir del Nuevo Mundo (Burgos, 1495/1500 – León 1550), dominico de la orden de los predicadores, nombrado obispo de Nicaragua en 1543, defensor de los indios ante los abusos de los encomenderos y crítico de la corrupción lo que le llevó a que la familia del gobernador Contreras se enemistara con él. El miércoles de ceniza (26/2/1550) fue asesinado con una daga por Hernando Contreras; murió postrado ante un crucifijo rezando el credo. Su memoria fue rescatada en el siglo XIX por los historiadores Gámez y Ayón, durante la década del ochenta fue retomado su pensamiento, vida y las circunstancias de su muerte desde el “Centro Antonio Valdivieso”. El Instituto Nicaragüense de Cultura (1998) identificó en las ruinas de León Viejo sus restos mortales trasladándolos a la Catedral de León. Los historiadores Jorge Eduardo Arellano y Clemente Guido han investigado sobre el ejemplar santo y mártir.

4. Reconocer la vida santa del sacerdote y poeta Azarías H. Pallais (1884- 1954), fue según Pablo Antonio Cuadra, “incomprendido y marginado”, y “abrió el camino de la Iglesia de los pobres, que celebraba la Misa dialogando con el pueblo… tenía una gran sensibilidad evangélica…” José Arguello ha rescatado parte de su vida y escritos en prosa con el título de “Palabras Evangelizadas” (2009). La memoria de este insigne sacerdote leones quien recorrió las calles polvosas de Corinto y Chinandega, habló con la gente humilde y fue ejemplo de pobreza y entrega religiosa, está llena de “florecillas” pintorescas, en occidente todavía mucha gente le recuerda, se encomiendan a él en sus oraciones y de generación en generación transmiten, más allá de la brillantez literaria y profundidad mística de sus escritos, su comportamiento ejemplar que vale la pena resaltar para imitar.

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