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El oportunismo es un concepto muy empleado en el movimiento obrero y define como una desviación de los principios revolucionarios, hacia la conciliación con las políticas e ideas de la burguesía en apoyo de su sistema social capitalista. Esta corriente nace y se infiltra en los sindicatos reformistas y conciliadores con los intereses patronales. Se le ha conocido como oportunismo de derecha, pues también hay un oportunismo de izquierda, que es una corriente radical, ultrarrevolucionaria que desecha toda acción unitaria con los sindicatos reformistas por intereses comunes de los trabajadores, menosprecia la lucha por las reformas y actúa como si el sistema capitalista pudiera cambiarse en cualquier momento.

Al frente del oportunismo de derecha está el funcionario sindical de vida aburguesada, subsidiada por la clase patronal por medio de sus instituciones estatales, partidarias o empresariales. Al frente del oportunismo de izquierda, está el funcionario sindical “encolerizado” con el sistema y dispuesto a cualquier acción aventurera para saltar etapas de forma voluntariosa, y es coincidente con el anarquismo.

El oportunismo orteguista tiene mucho más del oportunismo de derecha, pues está en el poder, en el cual intenta perpetuarse y conserva lo esencial del sistema capitalista no sólo para las capitalistas, sino para sus líderes que se han convertido en grandes empresarios. Este oportunismo es fácil de definir y, en general, caracteriza por aprovecharse del control del Estado para conseguir beneficios y ventajas personales para enriquecerse, y para cuyo propósito han transgredido los principios que antes sostuvieron.

Otra diferencia del oportunismo orteguista con el tradicional de derecha es que sigue presentando como una opción revolucionaria, y para justificarse, congela en las consignas variados presupuestos ideológicos. Con sus consignas, el oportunismo orteguista forma una especie de troqueles ideológicos que imprime a todo color, pero vacíos de contenido. El eclecticismo orteguista, además de recoger lemas liberales clásicos –“igualdad, libertad fraternidad”—, y del socialismo –la solidaridad—, también utilizan al cristianismo, con un mensaje de fe pero en su caudillo, a través del cual se manifiesta la voluntad de Dios.

Ortega y Murillo no cesan de invocar a Dios; lo hacen para que en la conciencia inocente de las masas se fije la idea de que, cada vez que mencionan su nombre, aparece un “milagro” que se les hace realidad en las láminas de zinc, el bono productivo, el bono solidario, la operación gratuita de los ojos –aunque el milagro lo hacen los médicos cubanos—, y no es casual que a eso le hayan bautizado como “operación milagro” para sugerir que es un milagro divino… gracias a Daniel.

El de los orteguistas es un oportunismo que ha desbordado a los oportunismos de izquierda y derecha. En veinte años, y de manera más acelerada en los últimos cuatro de su período actual, Ortega ha logrado inocular oportunismo en la conducta de los más diversos sectores sociales.

Hay oportunismo orteguista, en la actitud de los grandes empresarios –del Cosep o al margen del Cosep—, cuando ablandan o anulan sus críticas a las violaciones a las leyes y a la Constitución, pues se sienten complacidos con Ortega cuando éste acata las indicaciones del FMI en política macro económica. Hay oportunismo en los grandes exportadores, de quienes no sale ninguna crítica a la ilegalidad de la candidatura de Ortega, porque saben que es el enlace con Venezuela para comerciar con buen suceso sus productos. Hay oportunismo en los banqueros, de cuyos representantes nunca ha salido una crítica por la monopolización orteguista de los recursos venezolanos, porque el sistema financiero los aprovecha también.

A estas expresiones oportunistas, les llaman “felicidad” y dicen que se refleja a favor de Ortega en las encuestas.

Hay oportunismo en el sindicalismo oficialista, cuyos líderes, funcionarios del Estado y del “partido”, han domesticado y mediatizado las luchas de los sindicatos, a cambio del bono solidario, aunque éste no sea seguro más allá de la voluntad de Ortega, ni sea sumado a los salarios ordinarios que logren mejorar su futura pensión de jubilados. El oportunismo en el sindicalismo oficialista mutila la conciencia de clase de los sindicalistas, sustituyéndoles los principios revolucionarios con las consignas continuistas de Ortega.

Hay oportunismo en los burócratas de las centrales y federaciones sindicales orteguistas, porque han convertido a muchos de sus afiliados en orejas, delatores y represores de sus compañeros que no aceptan las líneas políticas del oficialismo.

Las centrales Anden, CST, Fetsalud y FNT acatan las orientaciones de Gustavo Porras, definidas desde octubre de 2006, para mediatizar a sus propios sindicatos y reprimir a los demás, expresadas con estas palabras: “Debemos continuar la tarea de lograr que Fetsalud disminuya su beligerancia para que al estar en el gobierno contemos con una fuerza sindical adormecida y que apoye los planes y estrategias del Minsa, que será administrado por nuestro partido en el poder, y sirva de barrera a las otras organizaciones sindicales que tratarán de levantar protestas y reclamar sus derechos.”

Se orienta oportunismo de arriba hacia abajo, sincronizado por la Secretaria de Comunicación, única cabeza pensante, una fábrica de consignas de lo más eclécticas y de ningún pensamiento coherente. Palabras sueltas son su materia prima para hacer ramos de consignas: amor, paz, vida, bien común, amistad, beneficios, valores, tierra, casas, escuelas, patria, revolución, Dios, virgen, felicidad, bienestar, futuro, entre otras. De forma simultánea, ha borrado de su lenguaje, para que su clientela los olvide y desligue de su realidad, los conceptos de: ley y legalidad; Constitución y constitucionalidad; legitimo y legitimidad; orden jurídico y normas jurídicas; derecho y libertad; justicia y razón. O sea, omiten todo concepto que pudiera asociarse con la oposición a la inconstitucional en que se ha ubicado Daniel Ortega, con su reelección.

En el país existe una oportunistocracia. Nada se mueve ni se escucha si no es dentro del esquema oportunista oficial, al cual han logrado meter a grandes burgueses, burgueses, pequeños burgueses y líderes sindicalistas aburguesados.

Quien desee desmentir esta realidad, puede grabar un discurso, una declaración, un mensaje, una conversación, una entrevista de los Ortega-Murillo, en los cuales no se mencionen las palabras del ramo manipulador señalado, o se escuchen los conceptos tabú de la legalidad, y que los publique. Por hacerlo no recibirá nada material –como le gustaría a un buen oportunista—, pero los lectores “les quedarían eternamente agradecidos por su presencia”, como dicen las invitaciones fúnebres callejeras.

Si lo quiere hacer como trabajo voluntario, le dejo su consigna renovada como un estímulo: “Nicaragua cristiana, socialista, solidaria y oportunista”.