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Segunda Parte

La sensibilidad de Sandino por las razones que ya conocemos (una infancia llena de desgracias) fue catalizada y transformada en verbo y acción a través del espiritismo. Eso no lo podemos negar. Esta parte de la vida del General de Hombres Libres fue ocultada desde tiempos de Gregorio Selser y mantenida apartada en la Nicaragua de los 80 por razones políticas. Pero no se puede hablar de Sandino apartándolo de su contexto esotérico.

Latinoamérica en los años 20 del siglo XX experimenta toda una ebullición, efervescencia de corrientes místico-esotéricas, inspiradas por los movimientos antroposóficos y teosóficos que se dan en Centroeuropa a raíz de la Primera Guerra mundial o sus albores, que exige una renovación espiritual y social. Lo innovativo de estas nuevas corrientes es que no solo se interesan por el aspecto espiritual, sino que extendieron esa espiritualidad a campos concretos de la actividad humana, como: pedagogía, poesía, cultura, agricultura, medicina.

Precisamente Rudolf Steiner como fundador del antroposofismo plantea la necesidad de impulsar la triarticulación social (libertad, igualdad, fraternidad). De esta iniciativa nació la necesidad de humanizar el mundo económico y financiero.
Otros estudiosos y espiritistas de importancia que influyeron en esa época y cuyas ideas desbordaron en América fueron: Camille Flammarion, Allan Kardec (Prof. Hyppolyte León Denizard Rivail, 1804-1869), Helena Blavatsky (1831-1891) y León

Denis (1846- 1927) entre otros. Las obras de estos autores no solo versaban sobre temas estrictamente espiritistas, sino también abordaban temas como: el nacionalismo, patriotismo y la injusticia social. Inspirados por estas ideas de renovación y emancipación espiritual, surgen en Latinoamérica movimientos como la EMECU (Escuela Magnético-Espiritual de la Comuna Universal), fundada por Joaquín Trincado, que ejerció gran influencia en Sandino. A tal grado que lo nombró “celador” para Nicaragua (inspector de estudios) y a la vez Sandino lo nombró representante político del EDSN en la Argentina. El manifiesto “Luz y Verdad” está inspirado en la obra del mismo nombre escrita por Joaquín Trincado.

Así muchas otras ideas que manifiesta Sandino fueron inspiradas por Alberto Masferrer, Froylán Turcios, Barbiauz, que a la vez fueron inspirados por los autores antes mencionados. Fue precisamente Joaquín Trincado quien lo alertó sobre un posible atentado a su persona, mientras se discutían los tratados de paz, a lo que Sandino respondió: “Que no temía a la muerte”.

Porque Sandino creía en la reencarnación. Asimismo, fue miembro de la logia masónica “La Oriental Peninsular”, donde alcanzó el grado de “maestro”. Como vemos, la búsqueda del General de Hombres Libres por encontrar explicaciones a las manifestaciones y revelaciones del espíritu al margen de las religiones clásicas fueron intensas.

Los que inspiraron a Sandino, y Sandino mismo, perseguían que la “época de las religiones y el dominio de los sacerdotes desapareciera”. Augusto C. Sandino tenía una clara posición anti-clerical, convencido de que la jerarquía católica mancomunada con las clases dominantes habían contribuido al sostenimiento del sistema de injusticia y de explotación.

Al respecto escribe: “Por eso mismo Uds. verá que en estos momentos el Clero está aliado con los Banqueros yankis, y que por eso han venido muchos canónigos y otras clases de porquerías a las Segovias, predicando mansedumbre en los humildes segovianos para que acepten la humillación de los banqueros yanquis” (mayo de 1931).

Hablar de que el sandinismo es una religión desde sus nacimientos contradice las posiciones de Sandino en ese sentido. Estudiar la espiritualidad y mística de Sandino bajo la luz de los conocimientos actuales y lejos de apasionamientos político-ideológicos sigue siendo una tarea pendiente.

Carlos Fonseca no desarrolla la idea teosófica-espiritista de Sandino, sino su legado patriótico-nacional. En base a esas ideas básicas: antiimperialismo, patriotismo, internacionalismo, reforma agraria, integración nacional, laicismo, elecciones libres y democráticas es que Carlos Fonseca desarrolla su programa político al margen de toda convicción o intención religiosa.

Cuando triunfa la Revolución Popular Sandinista y se integra la teología de la liberación como parte del compromiso de los cristianos revolucionarios, se da como un fenómeno autónomo, como parte de la apertura de la revolución a los sectores cristianos que ven la necesidad de aplicar las enseñanzas de Cristo de una manera más consecuente. La teología de la liberación es parte del proceso, va mano a mano con el FSLN, pero no es conditio sine qua non para el militante sandinista la identificación religiosa para ser parte del proceso.

En Cuba para ser miembro del Partido comunista no se podía y no se puede ser miembro de una entidad religiosa, en cambio los miembros del FSLN eran: ateos, evangélicos, católicos, gnósticos, budistas, musulmanes etc., etc. Había y sigue habiendo de todo, por eso es un craso error reducirlo todo a la fe católica, como lo practica la actual dirigencia, o para ser más concretos, la pareja presidencial. La pareja presidencial practica la fe católica, pero eso no hace del sandinismo una religión.

Estoy convencido de que vendrán otros tiempos que corrijan ese adefesio. Es decir la manipulación, el oscurantismo y el oportunismo religioso. Ese estilo abstruso y ecléctico refleja el carácter reaccionario de quienes se consideran la “vanguardia revolucionaria”.

Como dijera Carlos Fuentes: “No hay correspondencia entre lo que hemos hecho en la cultura y lo que nos falta hacer en la política. La cultura es de primera, una cultura universal. La política sigue siendo la política del tercer mundo”.