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¿De dónde proviene la palabra cristianismo? Se dice que los paganos usaron el término en forma despectiva al referirse a los seguidores o partidarios de Jesús de Nazaret. Éste muere crucificado en la cruz, como parte de la conspiración orquestada por sacerdotes, escribas, fariseos,  quienes exigieron al representante del imperio romano, la muerte del mesías  por celos surgido con la nueva religión cristiana. El método de ejecución aplicada al Nazareno le concedió el apelativo de Cristo, así los partidarios de Jesús lo rebautizaron con el nombre de Jesucristo.

Antes de entrar al tema central de este artículo, es menester fijar un concepto de Revolución, éste es un fenómeno social en el cual participan amplias capas sociales del pueblo, marginadas y oprimidas por una minoría, que obligadas por las circunstancias recurren a la violencia como único mecanismo para combatir la injusticia y la opresión. El objetivo de la revolución es hacer una ruptura del orden social imperante, sustituirlo por otro, forjar una nueva superestructura de Estado, en lo político, económico y jurídico que reivindique las aspiraciones de las amplias mayorías.

En tanto en cuanto no hay dudas que entre cristianismo y revolución hay algunas contradicciones. El cristianismo es por antonomasia una religión que oferta a los que la siguen, la vida eterna y la felicidad pero en otro mundo. Su interés no está en inmiscuirse en los asuntos terrenales,  afirma  que el reino de los cielos es de los pobres, por eso resalta la pobreza como una virtud,  aseverando: es fácil que un camello pase por ojo de una aguja a que un rico entre al reino de los cielos. Cuando al fundador del cristianismo, le hicieron preguntas de naturaleza política  que si era lícito pagar impuestos al César, la respuesta fue “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

La revolución no ofrece la felicidad en otro mundo, su preocupación fundamental radica en resolver los problemas  materiales del diario vivir, el esfuerzo es tangible, es  sentar las  bases económicas para lograr una vida digna, en educación, salud, vivienda, agua potable, energía eléctrica, trabajo, erradicar el hambre, en otras palabras construir el paraíso terrenal en este mundo. Erradicar la explotación del hombre por el hombre. La contradicción con el cristianismo, estriba en que éste pone la felicidad para el creyente en un mundo fantástico e inexistente, mientras que la revolución lucha por construir en este mundo una sociedad más justa, más humana.

El cristianismo predica ser manso y humilde cuando dice: “ Pero yo os digo: No resistáis al malvado; más bien, al que golpea en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y cualquiera que te obligue a andar una milla, ve con él dos; al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no le vuelvas la espada; Yo os digo: Amad a vuestro enemigo y orad por los que os persiguen” Mateo 5: 39,40, 41, 42 y 44.

La revolución predica la rebeldía, combate la injusticia social, se odia al enemigo con las fuerzas de la razón. Si alguien pega en la mejilla no se pone la otra.  No se acepta la impunidad ni el concepto de dejar hacer, dejar pasar. El espíritu mansedumbre es equivocado, esa ha sido la causa, por el cual hombres malvados y perversos, han llegado al poder para cometer genocidios contra su propio y otros pueblos.  De las terribles  experiencias vividas por la humanidad, surgió aquella frase que dice “El mal triunfa, cuando los hombres buenos no hacen nada”.

El  cristianismo dice: “No os afanéis por vuestra vida, que habéis de comer; ni por vuestro cuerpo, que habéis de vestir; Así que, no os afanéis por el mañana, porque el mañana se preocupará de sí mismo. Basta a cada día su propio mal” ” Mateo 6:25 y 34.  El mensaje es una apología al conformismo y la  eterna pobreza. La revolución rechaza tal principio, pues confía en el mañana, se preocupa por el desarrollo económico, quiere resolver los problemas de  alimentación, vivienda, salud, es decir, desarrollar al hombre y a la sociedad en todos los campos, lanza  perspectivas para un mejor porvenir.

El  cristianismo dice: “No juzguéis para que no seáis juzgados; porque con el juicio con que juzgáis, seres juzgados; con la medida con que medís, os será medido; ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no consideras la viga que está en tu ojo? Ese principio cristiano es una mordaza a la crítica. Uno de los pilares en que descasa la revolución, es la crítica y la autocritica, señala y combate lo inicuo, la corrupción, la hipocresía, la impunidad. Se juzga y se condena a todo aquel que atenta contra los intereses del pueblo. De la crítica no se salvan los injustos modelos económicos y políticos, las condiciones infrahumanas en que viven los trabajadores y campesinos pobres, el enriquecimiento de una clase parasitaria, que chupa la sangre de los trabajadores. La crítica hacia el hermano rico ha permitido, que el hombre individual y colectivamente, tome conciencia sobre sus derechos y la manera de cómo puede reivindicarlos para eliminar el atraso, la pobreza y la miseria  que afecta a millones de seres humanos en este mundo.

*Abogado y Notario Público