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La lengua hablada, en particular, es esencialmente expresiva, porque posibilita la transmisión de nuestras emociones y nuestros sentimientos. Es el medio fundamental de comunicación humana que le permite al individuo expresar y comprender ideas, pensamientos, sentimientos, conocimientos y actividades De allí parten, seguramente, las primeras manifestaciones del lenguaje.

Porque el hombre primitivo, en los primeros estadios de la humanidad, rompió el silencio de la palabra hablada cargada de emociones con gritos y expresiones afectivas, y poco a poco fue elaborando mentalmente sus ideas. Y de allí parte, también, el aprendizaje de la lengua oral de los niños, como resultado de un proceso de imitación y maduración a través de la riqueza de estímulos que rodean y condicionan el entorno comunicativo.

De modo que la ira, el dolor, el afecto, el odio y la ironía encuentran en este nivel de lengua un medio eficaz que no se logra con la lengua escrita.

Afectividad explícita e implícita

Todo hablante encuentra dos caminos idóneos para manifestar los afectos más íntimos de su ser a través del lenguaje de la emoción: la afectividad explícita y la implícita. La primera se refiere a la existencia de algunos términos y fórmulas de lenguaje creados específicamente para  expresar nuestros afectos y sentimientos. Figuran, al respecto, la mayor parte de las interjecciones como ¡ala!, ¡epa!, ¡opa!, ¡upa!, ¡uuhh!, ¡uyuyuy!, ¡doña!, ¡ecolecuá!, ¡púchica!, ¡quienquita!, ¡rempujá!, ¡rempújele!, ¡salvaje!, ¡so!, ¡verga!, ¡guácala!, ¡güevo!, ¡ideay!, ¡jocote!, ¡jodido!, ¡juácata!, ¡fuácata!, ¡lerolero!, ¡machalá!, ¡malaya!, ¡miércoles!, ¡mierda!, ¡nacatamales!, ¡nacascoles!, ¡negra!, ¡pungún!, ¡puta!, ¡adentro!, ¡ajá!, ¡aló!, ¡bárbaro!, ¡chancho!, ¡che!, ¡chiva!, ¡chocho!, ¡choco!, ¡chófiro! ¡cuche!, ¡!diastre!, ¡diaverga!

Se incluyen también en la lista toda la gama de aumentativos y diminutivos: cachimbón, cascarón, chibolón, ñomblón, guayabón, garugón, huyón, chambón, bujón, matizón, putón, rebanón, reventón, chupetón, pesquisón etc. También en –ote: maridote. Y el abundante –udo:chiboludo, gorongudo, gorrudo, tripudo, guayabudo, jicarudo, trompudo, papudo, mechudo, charraludo, boludo, mameyudo, caitudo, cascarudo, cojonudo, cotonudo, espinudo, copetudo, cascarudo, cachudo, pijudo, piporrudo, turcudo.
Entre los diminutivos, figuran: suyito, allacito, detrasito, semilloncito, alguito, mismito y muchos otros.

La afectividad implícita consiste en emplear otro grupo de palabras y frases a las que cargamos de expresividad por medio de la entonación o por un cambio metafórico de sentido. Son frecuentes expresiones del tipo: Esta mujer es un infierno, Ese tipo es una bestia, No soporto a este chigüín: es una tarabilla, Apenas tiene trece años, y está que revienta el mecate por irse con el novio, Es un bayunco de marca mayor, Como no para en la casa, lo tienen a mecate corto, Es un comemierda que no vale la pena, Iba arriado como alma que se lo lleva el diablo, Tiene más pulgas que un perro flaco, Es más caballo que dado a hacer de encargo, Está como gallina comprada, Tiene la cabeza llena de cagajón, Viene con una mano atrás y otra adelante..

Medios fraseológicos
En su evolución, la lengua ha ido modificando su estructura morfológica y sintáctica gracias precisamente a la influencia de la afectividad expresiva. Podemos advertirlo en las formas verbales. “Cuando vino mi hermano, serían las ocho de la noche”, es una construcción en la que el verbo no es un condicional, sino que expresa duda. “Quería pedirle un favor” tiene un matiz más suave que “Quiero pedirle un favor”. Son expresiones en las que el verbo ha perdido su sentido temporal o modal originario por influencia de sentimientos afectivos de cortesía, de mandato, de duda, etc.

Las hipérboles o exageraciones son una muestra oportuna para la expresividad lingüística popular que luego pasó a otros niveles de la lengua. Por ejemplo: Camina como zopilote apaleado, Tiene más concha que un curcucho,  Está más listo que el guacal de orinar, Anda con el de aluminio, Tiene tapas de lagarto, Traga como una ballena, Lanza como flechas los gargajos, Tiene ojos de chivo ahorcado, Es una mula pedorra, Lleva una vida de perro, Llora de ver cagar un pollo.

La sinonimia léxica o fraseológica de carácter intensivo cubre un extenso campo de expresiones. Basta citar algunas voces existentes para designar el trago de licor: el aliterado piquinyuqui, el onomatopéyico clin clin, el armonioso guaspirolazo, el sabroso farolazo, el sonoro cachimbazo y muchos otros en –azo: bojazo, bujillazo, chimiscolazo, guacalazo, pencazo, rielazo y vergazo.
O la lista de verbos, en su forma pronominal, para designar la acción de dedicarse al trabajo duro con esmero y tenacidad: embarbascarse, cachimbearse, mecatearse, romanearse, penquearse, pijiarse, chimpilinearse, mamonearse, reventarse.
O los nombres para indicar la cabeza de la persona: guacal, nambira, coco, chaveta, calabaza, chipota, cumba, chirimoya, jícara, sorolpa, majín, jupa, tenamaste.

En el Diccionario de fraseologismos de la doctora Reina García encontramos abundantes ejemplos de fraseologismos referidos a determinadas acciones, como comer en exceso: Comer a lo descosido, Comer como cargador de muelle, Comer como chancho, Comer como contratado, Comer como desesperado, Comer como jolota tuerta, Comer como mozo de hacienda, Comer como niño de hospicio, Comer como si le fueran a quitar la comida, Comer como si nunca hubiera comido, Comer hasta reventar.

En nuestro libro Cómo hablan los adolescentes en Nicaragua, registramos cuarenta y siete sinónimos de la palabra tonto: bernardo, chavelo, gil, gilberto, jaime, lencho, lucas, raimundo, reinaldo, roberto, abismado, aguaymado, azul, banano, bato, bastardo, guaje, gato pelón, anidado, anonado, prichorcha, turulete, merelete, broelandia, mierdoso, mape, jambeque, dundulario, ñana, güillo, desajustado, nino, babieco, tareco, taraleco, tarodo, tarúpido, ñoca, quique, matute, maje, lenchano, zopenco, movido, animal, araguato.

Y en nuestra investigación sobre El lenguaje del pandillero, figuran estos sinónimos para denominar la droga: aspiradora, azúcar, blanco, brelia, calin, como, cocol, cocodilla, gape, palancazo, gramo, chicha, peñasco, perica, raya, rayuela, yara, monte, alacrán, angorlín, bate, garrote, maduro, maduro con queso, masacuato, misil, mota, mozote, cable, puro bañado, harina, verde, churrasco, churro, arcoiris, el paraíso, vida eterna.

Todos estos recursos de la lengua hablada constituyen, como afirma J. Vendryes en El lenguaje, “un medio eficaz de acción ejercida sobre el interlocutor, a fin de suscitar en él una actitud afectiva y volitiva, conveniente a nuestros fines”. Porque la expresión de una idea –agrega- “jamás está exenta de un matiz de sentimiento”.

rmatuslazo@cablenet.com.ni