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Iniciados en el sector inmobiliario en Estado Unidos y multiplicados por la multitud de productos financieros especulativos, concebido por el Sistema Financiero Mundial, la crisis originó una espiral de endeudamiento, poniendo de manifiesto que el punto vulnerable del sistema capitalista globalizado era el Sistema mismo.

Interrupción de las rutas de pagos, contracción del crédito a niveles que empezaron a cortocircuitar la demanda y al sector productivo: la crisis comenzó a retroalimentarse. Prestamistas hipotecarios, depredadores y deshonestos acumularon millones de dólares en ilícitas ganancias. Decenas de millones de personas son engañadas por tal artificio promovido con el propósito de encubrir a los verdaderos culpables y que puedan escapar.

A nadie se castigó, ni están en la cárcel; ni siquiera son sujetos a un proceso penal; salieron impunes. Como regla general, cuanto peor se haya comportado uno entre 2000 y 2008, mejor ha sido tratado.     

Las reglas de Wall Street no son iguales que en el resto de la sociedad. El tipo que maneja un banco en esta área no está expuesto a la misma ecuación de “riesgo/recompensa” que  un tipo que opera un supermercado o una pulpería.

El PIB de Grecia de alrededor de 300 mil millones de dólares, representa cerca del 0.5% de la producción mundial. Su deuda pública de 470 mil millones de dólares, es enorme respecto del tamaño de la economía griega, sin embargo, es menor al 1% de la deuda mundial. Al menos en papel, Grecia no debería ser una economía de importancia sistémica. Con todo, hay varias razones por las que la crisis griega está teniendo un efecto de contagio.

Hay el temor que, con el ejemplo griego se contagien otras economías europeas, como Portugal e Irlanda, o incluso España e Italia. También hay inversiones sustanciales de fondos del mercado monetario estadounidense en instrumentos emitidos por algunos de los bancos expuestos, como los Swaps de Créditos Impagados (CDS, por sus siglas en inglés) con los bancos tenedores de deuda griega que se afianzaron a sí mismos contra impago.

Pero, nadie sabe cuántos derivados tiene cada quien, si reducen o magnifican el riesgo ya que los CDS se comercializan sin transparencia en los mercados cambiarios abiertos. Al fin, las dificultades griegas implican problemas para la gestión del euro, y la posible alteración del orden en los mercados de divisas, que amenazan con aumentar la incertidumbre e influenciar negativamente la frágil recuperación global. Es claro que, la economía mundial tiene gran interés en la recuperación de Grecia.

En el mismo sentido, un caso radicalmente diferente: el de Yemen. Grecia y éste carecen de similitudes relevantes, excepto el contraste entre su tamaño y los posibles efectos de contagio. El PIB de Yemen es de sólo 10% respecto del de Grecia, simboliza el 0.05% de la producción global, y su economía no está vinculada significativamente al sistema financiero internacional.

La población Yemení, sin embargo, es semejante, a la de Arabia Saudita, y es muy difícil controlar su frontera; el caos imperante, junto con la creciente fuerza de los extremistas, desestabilizaría a Arabia Saudita, amenazaría la producción de petróleo, cuyo precio podría proyectarse hasta 150 dólares por barril o más, golpeando duramente, a la economía global.

Pueden encontrarse otros ejemplos de este tipo. En Tailandia empezó de nuevo la crisis asiática de 1997, una economía pequeña. Las fuertes interconexiones de tipo comercial, financiero y las relacionadas con los recursos naturales que se han desarrollado en la economía mundial convierten a países pequeños o problemas menores en riesgos sistémicos globales.

Precisan entender y abordar las implicaciones para la gobernanza económica mundial; los dirigentes reunidos en la Cumbre del G-20 de Seúl en noviembre de 2010, alentaron al Fondo Monetario Internacional (FMI) a trabajar con el Foro de Estabilidad Financiera para desarrollar un sistema de alerta temprana de riesgos financieros mundiales, y a analizar los efectos de contagio en las economías grandes (China, los Estados Unidos, el Reino Unido, Japón y la eurozona).

Si esta acción se realiza seriamente, se podría hacer un análisis más profundo de interdependencia en la economía mundial. Asimismo,  podría aumentar la legitimidad del FMI como una institución que es global no solo por su membresía sino también por su tratamiento a los diferentes tipos de miembros.

Si bien,  la supervisión macroeconómica del FMI se aplicara de hecho solamente a los países en desarrollo, en donde el G-7 y otros países ricos evaden un proceso de seguimiento serio, el Fondo no podía ser visto como justo e imparcial.

No obstante, a como indican estos ejemplos, la importancia sistémica no sólo es cuestión de tamaño. Lo que importa son las interconexiones que unen a un país específico, institución o grupo de instituciones a la economía mundial en general. La supervisión del riesgo sistémico debe probar y analizar proactivamente las mismas y tratar de imaginar lo inimaginable. Al fin y al cabo, es bien sabido que dicho riesgo puede surgir en lugares imprevistos.

Tres fases de reacción se sucedieron en esta dinámica. La primera fue salvar el sistema financiero para impedir el colapso, la segunda mantener la demanda para amortiguar el efecto recesivo, y la tercera es que ninguna de las dos anteriores es suficiente y ahora hay que re-inventar.

Pese a todos los avanzados modelos econométricos y otras técnicas nuevas a disposición de los economistas de hoy, simplemente no observan el mundo de forma tan confiable y predecible como los expertos en ciencias físicas, y no pueden ejecutar el mismo tipo de experiencias controladas.

La casi universal membresía del Fondo y los conocimientos técnicos de su personal debería permitirle emprender una supervisión multilateral eficaz, siempre y cuando acelere sus propias reformas de gobernanza, para que tal acción se perciba como de interés común.

La última crisis financiera aún no termina, pero ya podríamos empezar a prepararnos para la próxima, ya que de esta vamos aprendiendo las lecciones equivocadas. Tal parece que estamos condenados a repetir el pasado, no porque lo hayamos olvidado, sino porque nunca lo hemos aprendido.

*Diplomático, Jurista y Politólogo.