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No ha sonado la primera campanada de la cada vez más improbable pelea Mayorga-Brundage, pero ya se dio el primer golpe, un golpe de nocaut. El más famoso promotor de boxeo de la historia, el siempre extravagante y polémico Don King, vino a Managua y se convirtió en publicista de la cuestionada candidatura del Presidente Daniel Ortega.

Impacta que un personaje mundial, aunque sea controversial, haga propaganda electoral.

¿Su singular esfuerzo de 48 horas le sumará votos al candidato a la reelección?
Primer round: King llega a Managua y los medios de comunicación más importantes y muchos de los periodistas deportivos más notables del país, lo esperan ansiosos en el Aeropuerto Augusto C. Sandino, pero solo entran al paraíso VIP (Very Important People) los afines al gobierno. Los otros ven los toros de largo. Otra vez censurados. Pero ya se hizo costumbre. Los canales de televisión oficiales exponen a cada rato la estrafalaria imagen del visitante.

Segundo round: el famoso empresario norteamericano sube a la tarima de la Alcaldía de Managua en La Morita, por la Colonia Centroamérica, durante la multitudinaria procesión de bajada a la capital de Santo Domingo de Guzmán. Don King parece emocionarse, salta, gesticula, con su mano izquierda agita varias banderas y con la derecha hace el número dos de la casilla electoral del Frente. Cuando se carcajea, los rayos del sol se estrellan contra las dos filas blancas, de marfil, que sobresalen en su exuberante boca abierta.

El hombre del cabello erizado como puerco espín se mete con la gente y ésta con él. Es un espectáculo. El gigantón de casi seis pies baja de la tarima y ante la sorpresa de quienes están ahí, le baila a Santo Domingo con una agilidad que hace dudar que tenga ochenta años. Una descarga eléctrica energiza a los incansables cargadores de la diminuta figura del patrono de los managuas, los chicheros también se emocionan, las vacas se mueven mucho más, los curiosos se arremolinan a ver a ese extraño pelo parado y se entusiasman hasta los tiradores de cohetes de dedos ennegrecidos por el contil de los tizones y las detonaciones en el cielo son más frecuentes. Algunas varillas caen perpendiculares entre la multitud. No importa el peligro. Estamos acostumbrados.

Tercer round: King sostiene de un extremo una hermosa corona de flores multicolores y la alcaldesa de Managua, Daysi Torres, la agarra del otro, mientras a paso lento avanzan y la depositan con suavidad y delicadeza al pie del monumento --de arquitectura cuestionada-- al tricampeón mundial Alexis Argüello. El hombre de la chaqueta azul con una foto de sí mismo sonriente al lado derecho, elogia el diseño: “Bonito, ser muy bonito, el pípol abajo sostener a ídolo que estar arriba”, describe con gran despliegue creativo. Algunos fanáticos y cronistas deportivos reaccionan escandalizados: conocen que cuando vino por primera vez a Managua, el famoso promotor tuvo que tragarse en silencio el público reclamo con fuerza que le hizo “El Flaco Homicida” por el pago de 80 mil dólares que le debía. Que aún le debe. “Alexis se debe estar revolcando en su tumba”, truena Miguel Mendoza desde el programa deportivo radial Doble Play. Edgard Tijerino, que está de frente a su pupilo, se estremece. La frase lo remeció.

Cuarto round: en el desfile hípico de los mejores corceles del país de fabulosos precios de entre treinta y cincuenta mil dólares con que se exhiben viejos y nuevos ricachones, el hombre estrafalario vuelve a hacer de las suyas y desde una tarima agita sus brazos, gira, da un paso atrás y otro adelante, también a los lados, y mueve su cuerpo liviano como una bailarina de cabaret, mientras hace la misma señal con los dedos de su mano derecha, una y otra vez, otra vez más, y sigue, cumpliendo un objetivo, formando el número dos de la casilla del Presidente que quiere volver a ser Presidente. Qué sabe el ex convicto por doble homicidio y apuestas ilegales que hay un doble candado constitucional que impide la reelección, y no importa que lo supiera, para eso los disciplinados magistrados del Frente habilitaron al Mandatario.

Quinto round: en la Casa de los Pueblos cuyo rango disminuyó de modo radical pues de residencia presidencial pasó a ser lugar de actos protocolarios, Don King se reúne con el Presidente de la República. Ahí están los campeones mundiales nicas, “Chocolatito” y Juan Palacios, también ex campeones como “El Quiebra Jícara”, Luis Pérez, y otros, y, por supuesto, Ricardo Mayorga; así como funcionarios del gobierno y del partido y de organismos de control social. No ha sido remodelado el edificio que sigue siendo la figura de un barco que simbólicamente se adentra en el Lago Xolotlán.

Entonces el extravagante empresario norteamericano saca a relucir su mejor arma. Cuando nadie lo espera, lanza una consigna impactante: “¡Uh! ¡Ah!, Ortega no se va”. Durante unas fracciones de segundo cunde el desconcierto, la sorpresa los paraliza, pero luego todos corean, entusiastas, frenéticos: “¡Uh! ¡Ah!, Ortega no se va”. Con su corona de pelos estirados hacia el cielo ahora blanqueados por las canas, él parece dirigir una orquesta y repite una y otra vez “¡Uh! ¡Ah!, Ortega no se va”. También la Primera Dama, que sonríe complacida. Igual el candidato, encantado con su nuevo y eficiente agitador profesional.

Don King gana por nocaut
Nadie sabe si se realizará la pelea por título mundial en Managua entre Mayorga y Brundage, primero, porque “El Loco” aún está resentido de la lesión en uno de sus brazos tras su pelea con Miguel Cotto; y segundo, porque no está ranqueado, y la FIB no permitirá que su campeón pelee con alguien que no esté en las listas de los mejores. Y por otro lado, según algunos cronistas, King exigió varios millones de dólares y echó en cara el trabajo electoral realizado.

Y se agrega otro elemento: ¿ahora para qué? Si ya Don King hizo la propaganda que querían los estrategas de Ortega. ¿Acaso la idea no era cerrar la campaña electoral con un mega espectáculo dirigido sobre todo a impactar a la juventud? Pero como dijo el propio Presidente Ortega, en octubre llueve demasiado, hay tormentas tropicales y hasta huracanes.

Los opositores deben aprender del Frente y de sus operaciones especiales, aunque no está demostrado aún que un hiperactivo ex convicto estrafalario pueda sumar votos con solo hacer pública su adhesión al candidato de la reelección, formando cien o más veces el número de su casilla y, sobre todo, coreando su arma secreta, su original consigna inesperada: “¡Uh! ¡Ah!, Ortega no se va”.

*Editor de la Revista Medios y Mensajes.