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Me puse a pensar seriamente cuando un amigo me invitó a su casa y al entrar divisé un enorme pastor alemán, todo gordo y juguetón que parecía desquiciado de alegría. Luego de una ligera plática con mi amigo, me llamó la atención ver en su cocina una descomunal paca de alimento para perros, de la que sacaba una porción de bolitas de alimento elaborado con los normas más pluscuamperfectas de la técnica nutricional canina.

No me voy a detener en cómo se elabora esta comida para perros, ni quien la produce. Tampoco me voy a referir que en el mundo se gasta más en comida para mascotas, que en inversión para salud, educación o saneamiento básico. El caso es que no pude evitar llegar a la conclusión de que este perro, llamado Jack, goza de Seguridad Alimentaria de acuerdo a la definición reconocida. ¡Claro!, tiene acceso a alimento con seguridad, de forma permanente.

El punto es que si miramos detenidamente en el espejo de nuestras propias vidas,  y en especial los que vivimos vidas urbanas, resulta que nos vamos pareciendo cada vez  más a nuestro querido y robusto Jack. La seguridad alimentaria garantiza que todos tengamos acceso seguro al alimento de manera permanente, de modo que nos mantengamos vivos (o eso pretende). Y en este concepto, no importa quién produzca el alimento, en qué condiciones lo haga, ni que intenciones tenga.

En 1999, en Roma, los expertos de la FAO y otras importantes instituciones globales, establecieron  el concepto de Seguridad Alimentaria, como la clave para resolver los acuciantes problemas del hambre en el mundo.

En el mismo momento, organizaciones campesinas e indígenas como la Vía Campesina, definían la Soberanía Alimentaria como la capacidad de un pueblo para el autoabastecimiento, primero de la unidad familiar productora, luego de la localidad y por último del país, mediante el control de la producción, distribución y consumo de alimentos adecuados de forma autónoma, soberana y sostenible. Con ello se garantizaría el acceso físico y económico a los alimentos.

Gracias al modelo actual de globalización alimentaria es que estamos perdiendo las posibilidades  de autoalimentarnos y cada vez dependemos más de unas pocas multinacionales que controlan todo el proceso, desde la producción de semillas, los paquetes tecnológicos de producción, el conocimiento agronómico, los mega sistemas de distribución. Tienen  la capacidad de convencernos a nosotros los consumidores, vía Tv y otros medios, de que son ellos la salvación y seguridad alimentaria.

La Soberanía Alimentaria plantea  la disposición de juntarnos, los del campo y la ciudad, en una alianza fraterna para transformar está sociedad decadente, empezando por cambiar nuestros propios malos hábitos de consumo y malas prácticas agrícolas, hasta construir políticas  públicas más coherentes y sensatas.

Soberanía alimentaria es tener acceso a una variedad de alimentos sanos y de calidad, poder escoger lo que uno quiere  comer, de manera equilibrada. Tener nuestra propia fuente de proteínas  (tilapia, quesos, huevos), frutas y vegetales que produce la madre tierra.

No se trata solo de garantizar el acceso a la comida suficiente, (Seguridad Alimentaria), sino la capacidad de decidir y controlar de forma autónoma, sostenible  la calidad de nuestros alimentos, protegiendo y privilegiando la producción local y nacional en el marco del respeto y cuidado del agro sistema.

La Soberanía Alimentaria, significa comer lo que el cuerpo me pide para estar sano y bien nutrido. Ser soberana significa ser responsable de escoger las comidas, averiguar sobre las semillas, las formas de cultivo, el procesamiento, los aditivos y la forma de cocinar aquello que nutra nuestro cuerpo.

Debe facilitar un proceso de reflexión entre productores y consumidores para no limitarnos al “comercio o precio justo” o a “exigencias de calidad”, sino empeñarnos en defensa del alimento, de la agricultura familiar campesina, agroecológica, en defensa del agua, la tierra y la semilla.

mplica tener una voz y presencia pública para incidir  en las políticas, en la opinión y en la conciencia pública. La  Soberanía Alimentaria que ya cuenta con una Ley aprobada por la asamblea nacional, debe en la práctica, ser una política pública superior.