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La crisis económico-financiera mundial no nació hace poco, sino que venía  arrastrando el lastre de corrupción desde hace muchos años atrás, hasta su “reviente” en Estados Unidos de Norteamérica al finalizar la era Bush y comenzar la del presidente Obama.

Nicaragua después de la década del 80, desde 1990 al 2010 ha tenido una economía de servicios: zonas francas, casinos, turismo, comercio formal e informal etc., de muchos costos, proteccionismo selectivo y favoritismo a los círculos de poder, por lo que van varias décadas en que la economía nacional, con tanta riqueza en sus tierras y naturaleza no ha podido llegar siquiera a ser parte de una economía emergente por diferentes factores político-militares y partidarios.

El ciudadano y la comunidad internacional sabe que cuando se trata de hacer buena conducción de gobierno, independientemente del discurso y la retórica, hay frutos; eso nos hace recordar que las cosas del pasado son para aprender de esas experiencias y entrar en razón lo que se enrumba hacia el futuro.

Una economía no politizada y no favoritista, permite un crecimiento económico-social sostenible, elementos esenciales para tener una visión de Nación; por eso, de las experiencias se aprende. Nicaragua, con el actual gobierno del presidente Daniel Ortega, ha aprendido que ningún sistema socio-económico e ideológico debe copiarse, ya que los nicaragüenses tenemos nuestra propia idiosincrasia; por lo tanto, nuestra sociedad debe “aterrizar” y seguir construyendo su propio “andamio económico-social” con participación de todos y con el gozo de sus utilidades, buscando la ruta de la continuidad para los relevos generacionales. Para eso está el diálogo y el debate constructivo.

Si vemos el “retrovisor”, durante los 16 años de gobiernos (1990-2006) de “bolas de nieve de democracia”, fueron de crecimiento económico letárgico, por lo que ahora, tanto los de la “industria política” como el sector privado, no pueden reclamar que el presidente Ortega como estadista, con la recurrencia solidaria del presidente de Venezuela Hugo Chávez, logre tener una asistencia económica sustanciosa, y haya  tomado la decisión precisa en el momento preciso, -dada la crisis agravante-, por el destino urgente de inyectar a los bancos de dinero; aunque parecía un anatema o una fábula, la infusión de capital a las entidades financieras, le da al gobierno un mayor apalancamiento para que dichas entidades se enrumben a enfrentar los créditos productivos y poner a trabajar los capitales acumulados con programas serios, para evitar una depresión económica dolorosa.

He ahí, que todos reconocemos que lo que hizo el presidente Ortega, lo hizo bien. Fue una unidad de intereses. Así también lo reconocen las entidades financieras mundiales, quienes expresan que los niveles macroeconómicos están muy bien, dado el cumplimiento de las normas establecidas.

La respuesta está de hecho, es notorio que el gobierno está buscando estimular la producción agropecuaria, facilitando a los productores recursos sin distinción partidaria, independientemente de la situación electoral, mediante el “Plan Productivo 2011-2012: Cosechar lo que Sembremos”, sabiendo que existen probabilidades de que se propague una crisis global de alimentos, debido al alza y baja de los precios del petróleo; escasez de alimentos que a nivel mundial, depende en gran medida a las cosechas próximas en los países productores de alimentos como Nicaragua.

En nuestro país, la gente está consumiendo alimentos a una velocidad mayor a la que los productores puedan cultivarlos, lo que los pone bajo presión. En años pasados, la reacción tradicional de los agricultores ante precios tan altos solía ser cultivar más tierras y producir excedentes que reducían los precios, pero la era de los excedentes se ha acabado y es difícil recuperarla ante el crecimiento poblacional, pero hay que estimular con gran empuje este sector, porque “estómago lleno, corazón contento”. Para ello se debe tener como  perspectivas la inversión nacional y extranjera; inversión pública en infraestructura; reducción del aparato estatal; conformación de ciudadelas agropecuarias para los que trabajen la tierra; fomentar la educación técnico-vocacional, del ahorro, austeridad, honestidad y transparencia; menos lujo y derroche; atacar la corrupción y el enriquecimiento con los impuestos ciudadanos; atención a la industria del oro, bancaria e hipotecaria, entre otras.

No hay que atenernos y dormirnos en los laureles; por eso el presidente Ortega ha aumentado su empuje político, reconociendo que la recuperación es a largo plazo, y que para beneficio del pueblo, fomentemos una economía con inclusión social, buscando en la economía nacional, la visión de Nación que tanto necesitamos: una especie de economía social de mercado, que en países como Alemania, levantó el estándar de vida de sus ciudadanos, luego de una guerra mundial.

No desaprovechemos estos momentos. “La mayor recompensa que Dios nos da por trabajar bien, es la habilidad para trabajar mejor”,  expresa Elbert Hubbard.

*Periodista y Secretario de Avipap.