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La delincuencia de los adolescentes en Nicaragua es alarmante, no tanto por el número de delitos, sino por su incremento constante en frecuencia y gravedad. Si queremos combatir con éxito este flagelo debemos, ante todo analizar sus causas.

Así podremos aplicar medidas preventivas y remediales eficaces. Solo descubriendo las causas de una enfermedad, el médico puede recetar el medicamento apropiado para restablecer la salud del enfermo.

Con base en este enfoque inductivo, valoramos como una causa directa de la delincuencia juvenil, el bajo nivel  de desarrollo moral de los jóvenes que delinquen. Nos basamos en las características que presenta su conducta, marcadamente egoísta y de total desprecio por la integridad y dignidad del ser humano.

Estudios psicológicos relacionados con la moralidad, establecen diversas etapas con el desarrollo de la conciencia moral. Siguiendo a Piaged (1932) y L. Kohlberg (1981) podemos distinguir tres niveles de desarrollo moral:

1.- Nivel de moralidad preconvencional o moralidad de restricción. Las personas de este nivel obedecen las reglas de conducta por miedo al castigo. Aplican la norma ojo por ojo, diente por diente. No les importa el daño que causen, si con ello van a satisfacer sus necesidades.

2.- Nivel de moralidad convencional. Las personas de este nivel están interesadas en conducirse correctamente, por su interés de ser socialmente aceptados y gozar de la estima de los demás. Cumplen las reglas de conducta que rigen la vida en comunidad y juzgan sus propios actos, en base a los patrones o modelos de conducta prevalecientes en su sociedad.

3.- Nivel de principios morales. Las personas de este nivel juzgan y actúan en función de principios y valores de lo bueno y correcto, de lo justo y equitativo, pudiendo adoptar incluso una actitud crítica frente al ordenamiento social vigente. Pocas personas alcanzan este nivel de desarrollo moral.
Si analizamos la conducta del delincuente juvenil nicaragüense, ubicamos su nivel en el grupo menos desarrollado (Nivel preconvencional).  A este joven no le importa el daño que causa a las personas, con tal de conseguir lo que quiere. Agrede, incluso a parientes cercanos.  Asalta, roba, no para ayudar a su familia, contribuir con la pana del mercado, sino para satisfacer sus necesidades y vicios (marihuana, alcohol, crack).

El  nivel de desarrollo moral que alcanza un adolescente, depende en buena parte del sistema de crianza o educación que siguen los padres.  El hogar es el crisol en que se forma la personalidad.

El ejemplo personal de los padres, el cuido que le brindan al menor, las medidas que emplean para orientar y corregir su conducta, son elementos esenciales de la sana formación moral del carácter.

El mayor progreso moral en los niños y adolescentes, se observa cuando los padres son amables y cordiales, respetan al menor, usan el humor y los premios, saben escuchar, piden y ofrecen opiniones a sus hijos, con fin de aclarar los temas y asegurarse de la mutua comprensión.

El bajo desarrollo moral se da en los casos de padres desobligados, violentos, viciosos, que tratan con rudeza, castigan sin dar explicaciones, despreocupados de la conducta del menor, apañan su conducta delictiva y dejan que los niños se eduquen al sol y al viento.

Si aceptamos como válidos los planteamientos expuestos, podemos llegar a los siguientes juicios relacionados con el Código de la Niñez y Adolescencia:

1.- Es justificada la aplicación de sanciones severas a los adolescentes que delinquen, en función de la gravedad del delito, por cuanto su conducta moral esta condicionada por el miedo al castigo (moralidad de restricción).

2.- Más importante que el tamaño del castigo, es la seguridad de su aplicación, por cuanto la impunidad es la principal causa de la delincuencia juvenil.

3.- El abandono o descuido de los padres en la educación moral de sus hijos, los hacen también responsables de la delincuencia de los menores. Por lo tanto, el Código de la Niñez y Adolescencia debería establecer con claridad la responsabilidad civil de los padres por los daños físicos y morales de los menores infractores.

4.- La educación de los padres es esencial. Desde ya, los centros de enseñanza deben aprovechar las reuniones con los padres de familia para orientarles en la formación moral de sus hijos.

*Psicólogo, Profesor Universitario, Doctor Honoris Causa de la UNAN – Managua.