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historiadores de la Universidad de Rochester,  EEUU, Katherine y Charles H. George, publicaron en la revista The Journal of Religion un artículo intitulado “La Santidad y la Clase Social en la Iglesia Católica Romana: un Estudio Estadístico y Analítico”.

El artículo se basó en 12 volúmenes que contienen la Biografía de los Santos, de Alban Butler, y trabajos de Herbert Thurston y otros.

El estudio trató de establecer la clase social de 2,494 santos de quienes hay suficiente biografía publicada.

Para cada época, los autores realizaron un trabajo riguroso señalando los sectores de la población pertenecientes a las clases altas (la nobleza en la época feudal, y la burguesía en la época capitalista, por ejemplo), a los estatus medios y a las clases populares.

Los porcentajes de la población total, correspondientes a las diferentes clases sociales han variado con el tiempo y con el lugar. Los historiadores de la Universidad de Rochester establecieron los siguientes promedios para el período de existencia de la Iglesia Católica y para su ámbito geográfico de acción: 80% clase baja, 15% clase media y 5% clase alta.

Para los pocos ricos, quienes solo constituyen 5% de la población que el estudio abarca, sería difícil lograr que en el cielo 5% de las almas fueran de origen de clase alta, ya que para ellos es más difícil que para los pobres ganarse el reino de los cielos.

No olvidemos que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre al reino de los cielos. Pero para este pequeño grupo de afortunados en la tierra, sería todavía más difícil mantener ese 5%, ya no en la población total del cielo, sino en el número de santos.

Si el enunciado del camello y la aguja no se refiriera a los ricos en bienes materiales, sino a quienes no son “pobres de corazón”, lo que podríamos esperar entonces es que los ricos no tuvieran ninguna desventaja para entrar al cielo, en comparación con los pobres; después de todo, tanto los pobres de corazón, como quienes no lo son, están en todas las clases sociales de manera proporcional. No habría razón para esperar un número proporcionalmente mayor de pobres de corazón entre los pobres, que entre los ricos. En ese caso, lo esperable sería que, removida la desventaja del camello y la aguja, 5% de los habitantes del cielo, y no menos, fuera originario de las clases altas; lo mismo ocurriría con el porcentaje de santos.

Los resultados del estudio, sin embargo, muestran que el grupo social de clase alta ha logrado una proeza: 78% de los santos proviene de esa clase. Los pobres, en cambio, han tenido un desempeño, en este aspecto, tan pobre como ellos mismos, ya que solo 5% de los santos es originario de las clases bajas.

A los pobres no les ha servido de nada contar con 80% de la población para lograr, entre los suyos, una porción respetable del total de santos; para 80% de la población, 5% de santos deja mucho que desear.

El estudio menciona que solamente durante el primer siglo de la cristiandad los santos de clase alta no fueron mayoría. A partir del segundo siglo las cosas cambiaron y se han mantenido de esa manera hasta la actualidad, pero con variaciones en la intensidad.

El fenómeno de la acumulación de santos entre las clases altas llegó a su máxima expresión durante la Edad Media, cuando la Iglesia Católica adquirió enormes poderes y riquezas. Durante los siglos XVIII, XIX y XX aparecieron grupos de estatus medio que la Iglesia quería captar; en ese período aumenta el número de santos de clase media, pero el de los de clase baja se mantiene bajo.

La realización del estudio de marras ha sido posible porque existe una institución terrenal, la Iglesia Católica, que decide quiénes son santos.

La información que sirvió de base al estudio, es suficientemente precisa para marcar una clara tendencia, pero no es totalmente exacta. Algunos santos no fueron incluidos por no existir sobre ellos suficiente información biográfica. Por otra parte, la misma Iglesia Católica ha eliminado algunos santos muy antiguos de su santoral, cuando ha comprobado fallas importantes en el rigor histórico de lo conocido sobre sus vidas.

Lamentablemente, no se podría realizar un estudio similar, ya no sobre la clase social de los santos, sino sobre la clase social de todas las almas que pueblan el cielo. No existe información al respecto. Podemos suponer que en el cielo habita solo un porcentaje pequeño de las almas que han existido, porque es conocido que son muchos los llamados y pocos los elegidos; pero de ninguna manera podríamos desglosar esa población relativamente pequeña, por lo que dije antes, según su clase social de origen en la tierra. El caso de los santos es especial, porque en él se cuenta con datos para su análisis y estudio, lo que no sucede con todas las almas salvas en general. No se sabe si los resultados obtenidos para el caso de los santos pueden proyectarse para la población total del cielo. Si ese fuera el caso, pobrecitos los pobres.

¿Cómo conciliar los datos del estudio de los historiadores de la Universidad de Rochester con la premisa de que la Iglesia Católica ha sido imparcial a lo largo de su historia en el nombramiento de sus santos? ¿Qué ventajas pudieron haber tenido las clases altas a través de la historia de la Iglesia Católica para lograr la hazaña de tener tantísimos santos en su seno?

He tratado de encontrar una explicación para este extraño fenómeno de la acumulación de santos en las clases altas, asumiendo que ha sido solo la virtud de tales santos lo que ha motivado su canonización. No he encontrado ninguna.

pedrocuadra56@yahoo.com.mx