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No existe movimiento o grupo social humano que no marche tras los pasos de un caudillo. Hasta los animales aglutinados en grupo tienen el suyo. He leído artículos publicados en EL NUEVO DIARIO Sobre este tema, la mayoría contra la imagen de Daniel Ortega, según opinan sus autores, a quienes debemos respetar en la medida que ellos también nos respeten. Sin ánimo de ofender a nadie dejo sentado mi criterio al respecto.

Los caudillos, entre otras clasificaciones, son de dos grandes clases por su duración, los permanentes y los tránsfugas. Permanentes son los que se proyectan, desarrollan y mueren siendo caudillos; tránsfugas son los que se proyectan pero pronto se estrellan en el olvido. En lo más reciente de nuestra historia tenemos el ejemplo de dos grandes caudillos que ejemplifican esta diferencia, Daniel Ortega y Arnoldo Alemán. Daniel es nuestro caudillo desde la década del 80, mal llamada década de los 90, y se ha mantenido con una proyección que cada día crece más, lo que evidencia que no ha traicionado los principios por los que lo seguimos como caudillo.

Arnoldo Alemán ni siquiera llega a caricatura del caudillo que fue desde 1990 a 1996, pues siendo presidente comienza cometer los errores que lo empujan al abismo del olvido. Su gobierno pudo durar décadas. Contaba con el respaldo del 60% de la población, pero se desvaneció entre la corrupción, su sectarismo, su menosprecio al pueblo, y su letal terquedad. El caudillo está para dirigir, no para atropellar a sus seguidores.

Hoy en la oposición no se distingue ningún personaje que tenga la mínima imagen de caudillo. El menos contaminado, don Fabio Gadea, es un caudillo en el campo de la radiodifusión, no de la política, pues cada movimiento social o cultural tiene caudillos.

Carlos Mejía lo es en el teatro de nuestra música vernácula, pero fue un fracaso cuando se le ocurrió ir de Vicepresidente. El maestro salsero y actor de cine panameño, Rubén Blade, fracasó de forma estrepitosa cuando pretendió ser presidente de Panamá. Esto nos enseña “Zapatero a tu zapato”.

Si solo hubiera un caudillo sin detractores estaríamos ante la figura del Dios perfecto. Jesús Nazareno, el caso más relevante del líder que alcanza el caudillismo después de muerto, tuvo, tiene y tendrá detractores, a pesar que su liderazgo cubre toda la cultura occidental.

Que Daniel los tenga no nos preocupa, pues los adversarios son necesarios. Daniel va por el camino correcto, eso es lo que apreciamos la mayoría de los sandinistas y la mayoría de las masas populares, quien diga lo contrario está en su derecho de opinar.

Los caudillos no son buenos ni malos, solo son caudillos. La maldad es relativa. Hitler es el ejemplo más impresionante de caudillismo, ¿Fue malo? Para un nazi Hitler es un santo digno de veneración, para un judío es el peor genocida de la historia. Hoy el santo pueblo judío, guiado por el mismo Jehová de musulmanes y cristianos, lleva décadas cometiendo crimen tras crimen contra el pueblo palestino, y los judíos lo celebran aunque la humanidad lo repruebe.

Los seguidores de Daniel y Rosario vemos en ellos actos que cada uno de nosotros impulsaríamos estando al frente. Esa es nuestra opinión muy personal, lo que no significa merecer los epítetos ofensivos que nos gritan los detractores.

Lo incómodo de la oposición es que no tiene un caudillo que aglutine una cantidad de población superior a la que apoya a Daniel, menos con el trabajo que este gobierno ha impulsado a favor de los más pobres. La población sandinista cautiva para la próxima contienda ronda el 40%, la opositora el 20 %, el otro 40 % es el voto no cautivo que a lo largo de 20 años conquistó la derecha, pero las obras de Daniel (Caramelos populistas dicen los ideólogos de la derecha), a favor de los más pobres, de la mano de una campaña de publicidad dirigida de forma científica, ha conquistado ya más de la mitad del 40 % de voto no cautivo. Eso lo sabe la CIA, de allí que sus fieles testaferros anuncien un fraude fantasioso para justificar, desde ya, su inminente derrota.

*Abogado penalista