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Si preguntamos si hay pasividad ante la ruidosa campaña electoral que ha comenzado  oficialmente y que se desborda  en las radios, TV y en las calles, fácilmente se puede responder y decir que no hay pasividad.

Y si hacemos esta misma pregunta ante la campaña electoral  que de hecho comenzó hace meses, igualmente a la ligera se puede responder que no hay pasividad. Basta ver  los carros y camionetas, y las motos desfilando acompañadas por grandes sonidos para pensar que no hay pasividad ciudadana. En los periódicos aparecen las fotos de los  nutridos mítines.

Así juzgando por las apariencias se puede decir que no hay pasividad ciudadana. Pero sí vamos al fondo, eso no es propiamente participación ciudadana electoral. Los que han estado hablando son los candidatos políticos. Ellos prometen a diestra y siniestra. En el mitin o en las calles se va apoyando lo que dice o promete el candidato presidencial o los candidatos a diputados. Sí reacciona una parte de la ciudadanía en plan de criticar lo que prometen los candidatos de otros partidos. Y ese es  un nivel mínimo de participación ciudadana, pero no es la mejor participación ciudadana, pues es decir lo que no quiero o lo que rechazo, pero no se dice analizando y con fundamento lo que se quiere.

La otra campaña. En la anterior contienda electoral en México hace 5 años, los zapatistas rompieron esa lógica de campaña de ir prometiendo los candidatos. Un núcleo zapatista con disgusto aun de los partidos de izquierda, recorrió el país  con otra campaña: no se trata de prometer los candidatos y escuchar el pueblo. Se trata de preguntar en todas las poblaciones qué problemas y necesidades tienen, qué sueños tienen, y ante eso ¿qué propuestas hace la población a los candidatos de todos los partidos?

En las elecciones municipales pasadas, diversos grupos, por ejemplo de jóvenes de Carazo y Ocotal, no esperaron a escuchar las promesas de los candidatos, sino que fueron elaborando su agenda electoral o agenda ciudadana, y la presentaron a los candidatos de todos los partidos en su municipio.

Esta es una lógica distinta. No se trata de escuchar pasivamente lo que nos prometen los candidatos. Lo primero es que los candidatos escuchen los problemas, los clamores de la población, sus sueños y sus propuestas concretas. Esto se presenta a los candidatos no de su partido, sino de todos los partidos. Y se le puede luego exigir al candidato y al partido que resulte ganador.

La actual campaña mueve gente, hace mucho ruido y cada partido saca muchas banderas, gorras, camisetas y sonidos. Los mensajes de los candidatos van llenando las radios, la TV y los periódicos. Una parte del pueblo escucha eso con indiferencia y desconfianza y más cuando ve como unos candidatos cambian de camisa fácilmente y pasan de  un partido a otro, o  cuando ve como se devoran aun los candidatos que eran de un mismo partido. Otra parte de la población  va animada a los mítines o concentraciones  o sale a las calles para aplaudir las caravanas.

Ese es un modo de participar, pero falta la participación más activa y consciente en que exprese sus necesidades, sus sueños y sus propuestas concretas. O sea, falta que la población en los  municipios, en los barrios y en otros espacios, por ejemplo, laborales, vaya haciendo su  agenda electoral y la presente a los candidatos.

En otro momento podemos hablar más despacio de la agenda electoral o de la agenda ciudadana. Por ahora, queremos solo detenernos en algo muy importante: Ante la campaña electoral ¿somos ciudadanos pasivos, escuchadores, o somos ciudadanos-ciudadanas participativos? ¿Esperamos solo recibir los beneficios concretos que nos prometen o queremos exponer, y aun exigir lo que en verdad necesitamos  prioritariamente y lo que proponemos que deberá incluir también nuestro compromiso para lograrlo?

*Comunidades Eclesiales de Base (CEB)