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“En el Frente Sandinista nos sentimos orgullosos de poder proponernos esa campaña de Luz, Vida y Verdad, de triunfo en Luz, Vida y Verdad, de triunfos en Amor, Paz y Vida, porque eso representan los cambios que hemos ido consolidando en la manera de vivir, de pensar y de ser.” Rosario Murillo.

Tras el culto a las palabras con las cuales se busca rendirle culto a un individuo está el culto hacia la misma persona que las rebusca, y el culto de ambos hacia el poder. Y, aunque éste no es nada insustancial, lo son las palabras con que se adorna el deseo de seguir usándolo hasta el infinito, sin legalidad ni méritos. Así, las palabras desgastan su representación de la cosa, la idea y del concepto, y con ellas crean un ideal de mundo, al mismo tiempo que se alejan del mundo real.

En este mundo real, ¿qué es una “campaña de luz”? Si es de luz incandescente, indicaría que está ardiendo, excitada por las altas temperaturas de la ambición. Si es del tipo luminiscente, ha de ser la campaña en la que se gastan tanta energía eléctrica en un carnaval de luces en rótulos, tarimas, radios, televisoras, internet, con todo el furor de quienes saben que, con lo que no cuesta, se hace una buena fiesta.

¿Y qué es una “campaña de vida”? ¿Quién ignora que hay vida animal, vegetal y mineral? Y dentro de la vida animal, los seres humanos son los “reyes”, pero no todos reinan, pues unos pocos tienen vida de rey y otros, que son mayoría, tienen vida miserable, casi de animal. En esta profunda contradicción, y no de pura chiripa, se distingue la vida burguesa de los dueños de esa “campaña de vida”. Es decir, la dulce vida que da el poder. Está también la vida de perros y de otras mascotas, igualmente desigual, según el nivel la vida de sus amos.

Existe la vida de vida vegetal, y en este reino, son reyes los depredadores de montañas, a la que le trazan el camino hacia el exterior para regresar convertida en papel o en papeles verdes. Al final, a los naturales dueños de las montañas les queda sólo el talalate para sus cajas mortuorias. De esa vida saben mucho los agentes depredadores que los dueños de la “campaña de vida” mantienen en el Caribe.

De la vida mineral, los de la “campaña de vida” sacan el maldito oro que les bendice la vida desde las entrañas de la mina El Tritón”, adonde llegó su exjefe de seguridad a presionar a los mineros con sólo mencionarles los nombres de sus dueños, uno de los cuales es también la persona objeto del culto de palabras.

¿Cuál es lo cierto de la “campaña de verdad”, si no la de querer perpetuarse en el poder con su líder? Si la verdad sigue siendo la calidad de lo cierto, tendrían que confesarle al pueblo, cómo de pobres ciudadanos sin oficio ni beneficio llegaron a convertirse en señores millonarios. En esta “campaña de verdad” debería informársele al pueblo acerca de a cuánto asciende en dinero lo recibido hasta hoy de la colaboración venezolana. De paso, deben informar al potencial votante sobre el motivo, la razón o la circunstancia que les obliga a guardar silencio ante las denuncias y las pruebas de la corrupción de Roberto Rivas, por medio de la institución que tan bien les sirve.

Sería lógico que los líderes de esta “campaña de verdad” acompañen su opinión sobre Rivas con algo acerca de su enriquecimiento –de verdad sin medida—, que les hizo experimentar cambios importantes en “la manera de vivir, de pensar y de ser” de que hacer gala. Aunque esa sí es una verdad que no necesita de campaña para saberla: ya no viven ni piensan de igual manera que hace unos treinta años; pues entonces pensaban en hacer cambios revolucionarios en la estructura económica, política y social de Nicaragua, y hoy están pensando en cómo prolongar ilegalmente su control del poder, reestructurando el sistema social capitalista, en la cual ellos forman el núcleo principal de la clase dominante. Luego, tienen una vida de grandes burgueses, pero eso sí, ahora ya son muy consecuentes con el marxismo, por cuanto piensan conforme viven.

¿Y qué significa un “triunfo en luz”?  Si no se refiere al hecho de que al gobierno lo hicieron socio de la transnacional Unión Fenosa –hoy Gas Natural—, es difícil adivinarle a qué otra cosa se refiere. Talvez, quién sabe, podría ser un “triunfo en luz” el hecho de poder hacer derroche de luminarias en los “árboles de la navidad” de todo el año. ¿Acaso esa luz de sus triunfos tiene que ver también con el hecho de no pagarla? Si por casualidad el “triunfo en luz” tiene un significado esotérico, talvez tenga que ver con la luz de la luna llena contra las sombras de la noche que todo lo da. Difícil saberlo, a través de las palabras de una “campaña de verdad” hostigosa y saturante.

Y un “triunfo en vida” puede significar muchas cosas. Y, tratando de adivinar algo, lo primero que uno se imagina es la referencia a su propia vida de triunfo, diametralmente contrario a la vida sin triunfo de los héroes caídos y sobre cuyo sacrificio se levanta su imperio económico familiar. Conclusión inevitable: si los del “triunfo en vida” no fueran tan vivos, ¿cómo hubiesen podido acumular tan buenos triunfos en lo económico y lo político?
¿Y qué hay de un “triunfo en verdad”? Eso parece más sencillo: un fraude electoral, por ejemplo, en verdad es un “triunfo”, pero no de verdad. La diferencia está en una letra, pues la preposición en indica relación de lugar, de tiempo, modo, y medio. Así, que en verdad, en todo el país tuvo lugar un fraude electoral; en verdad, ocurrió en noviembre de 2008; en verdad, fue hecho del modo más descarado: y en verdad, fue realizado por medio de la alteración de las actas, de la presión y soborno de fiscales “opositores”, y de la ocultación de otra cantidad de actas, las cuales siguen “perdidas”.

¿Qué es un “triunfo en amor”? Lo pregunto, porque, según se sabe, lo suyo no es un “triunfo en amor, sino “de amor”, pues la preposición de significa: posesión, origen, modo, materia. Y sus triunfos conocidos son de amor al poder; de amor a la posesión de bienes; de amor al origen de esos bienes, que es el poder; de amor al modo de obtenerlos; y de amor a esos bienes de cualquier clase o materia que sean.

¿El “triunfo en paz” qué es? Sencillo: que no han tenido tropiezos para lograr de todo lo que han querido desde el poder, sino en completa tranquilidad, en paz, pues. Del “triunfo en vida”, ya hablamos: la vida desde el poder, es vida en rosa.

Ya ven, cuántas cosas ocultas hay en el discurso electorero y cantinflesco. Se pueden sacar a luz desde un simple párrafo, sin necesidad de hacer grandes esfuerzos, sino poniéndole un poco de atención. Nada más.