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Convertir a una universidad en un cuartel es algo imperdonable. Aplicar la ley del bozal, la cacería de brujas son las actividades que se bajan  y son realizadas por los subalternos, quienes las acatan como en los tiempos de Somoza, el primero y el segundo, y la UNN, cuando ciertos simpatizantes, fervientes  fanáticos del régimen servían de antena y eran capaces de vender por unos cuantos favores, de los buenos,  a sus compañeros de aulas. ¿Se fijan que no hay mucha diferencia?
Arribamos al bicentenario de una universidad, ¿y con qué nos quedamos?, sólo con prestigio, por su antigüedad, por ser punto de referencia por aquellos que han hecho historia como políticos o intelectuales que tuvieron la suerte de entrar en la mejor etapa de su época: finales de los 50 y principios de los 70 del siglo pasado, con unas lumbreras que cambiaron el ritmo y la fama del universitario, de vago a agente de cambio social, el Rector Mariano Fiallos Gil, y su sucesor.

Además, porque de aquí salieron guerrilleros incomparables como “La Gata Munguía”, primer presidente del CUUN por el FER y destacado estudiante de Medicina; ahora cualquier vago asesorado por un buen servil y con el dinero de los estudiantes puede llegar a relevo generacional, lo peor de todo es que hasta la oposición es igual de carroñera que el que va como candidato por el gobierno actual. ¡Es admirable el grado de involución! Otro  alzado en armas fue Óscar Danilo Rosales,  los dos son muestras de coraje, gallardía y mucha dedicación en sus estudios.  

Celebremos el bicentenario mejorando  la mala imagen que se tiene del gallinero; hagamos que sea gente capacitada la que ocupe los asientos dentro de las aulas, promovamos las ligas del saber y otras actividades similares; es inaudito que dentro de esta etapa, haya estudiantes que tengan pésima ortografía (¡Hay mucho trabajo para ustedes, docentes del Departamento de  Lengua y Literatura!); otro inaudito es encontrar a personas que estudian con carreras que dentro de sí, por fuerza, va la lectura : Medicina, Derecho, las carreras de la Facultad de Educación y Humanidades,  por mencionar unas cuantas y sean éstas quienes arruguen la cara en su máxima expresión cuando les toca la lectura. Otro colmo, es encontrar a los  estudiantes de Lengua y Literatura que apenas en sus años calentando asiento, quizá leyeron, por obligación quince libros, y por voluntad, uno que otro de Paulo Coelho o Carlos Cuauhtémoc Sánchez (espero que así se escriban sus apellidos).

De lo que se capeó el Doctor Mariano Fiallos que no llegó a ver a su universidad hecha casi una terminal de buses o aeropuerto, donde sólo vienen por momentos y luego se van sin el menor cambio en su vida, sólo una etiqueta que los hace diferentes frente a otros, que valen más por no haber abordado ni esperado su vehículo que los llevará a otro estado social.

Comandante: mueva su varita mágica y haga el cambio en este recinto, una orden suya bastará para que los que vienen no se precipiten al vacío que somos enviados como autómatas en escalera mecánica, para mientras yo se la agradecería, y luego mis  hijos, se lo aseguro.

Para aquellos que les cayó la sal: corríjanme este texto, me parece que hizo falta un sinfín de comas, o puntos. Creo.

*Estudiante de Comunicación Social.