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La actual situación de Nicaragua hace imposible impedir un nuevo mandato de Daniel Ortega
Editorial ‘El País’*   

La campaña electoral se ha abierto en Nicaragua. El 6 de noviembre se celebrarán elecciones presidenciales con la más que probable victoria del presidente en ejercicio, el sandinista Daniel Ortega, que se presenta a un tercer mandato violando la Constitución. La Carta establece que no se podrán desempeñar dos mandatos seguidos y en ningún caso un tercero. Ortega lleva dos (1985-1990 y 2007-2011), con lo que su elección sería a la tercera y la segunda consecutiva.

El presidente, que representa más bien un neosandinismo por las escisiones y defecciones que ha sufrido su partido, el Frente, desde que acabó con la dictadura de Somoza, optó en 2007 por ponerse bajo la advocación del venezolano Hugo Chávez, al que ha seguido con fidelidad bien remunerada por el crudo a precio de amigo. En imitación de su mentor, Ortega trata ahora también de eternizarse en el poder. Y así es como obtuvo en 2009 un dictamen de la Corte Suprema, de mayoría sandinista, que declaraba inaplicable el artículo 147 de la Constitución -el que establecía aquellas limitaciones- invocando el supremo poder ‘que reside en el pueblo’. El presidente recurría de esta manera a enmendar subrepticiamente la Constitución porque no tenía los escaños necesarios para hacerlo en la Asamblea Nacional.

Las votaciones de noviembre podrán ser más o menos convincentes, pero todo conspira para que la victoria de Ortega esté adquirida de antemano. Docenas de miles de ciudadanos carecen de identificación para votar, y eso ocurre, casualmente, en zonas apartadas de fuerte reputación antisandinista como Siuna, donde ha habido por ese motivo enfrentamientos con la fuerza pública; gran parte de los medios de comunicación, en especial audiovisuales, son afectos al poder; la oposición se presentará desunida con un candidato del partido liberal, el expresidente Arnoldo Alemán, condenado a 20 años por corrupción y excarcelado por dudosa decisión judicial, y el empresario Fabio Gadea, lo que dividirá el voto contrario a Ortega; y para que no falte de nada, al sandinista le bastará con obtener en primera vuelta un 35% de sufragios con diferencia de cinco sobre el segundo para ser proclamado presidente. Así ganó en 2006. Las cartas están marcadas en Nicaragua. Sería preciso una proeza ciudadana y un milagro contable para arrebatarle el triunfo a Daniel Ortega.