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- ¡Maestro, no puedo más, por favor tranquiliza mi mente! - pidió el discípulo Sergei  que, a veces, no controlaba su pensamiento, y sufría.
- Coge tu mente y extiéndela ante mí, - repuso el Maestro con una amplia sonrisa.
- Ya lo he intentado, ¡Alma noble!, pero es que, cuando busco mi mente, no la encuentro.
- ¿Te has dado cuenta, Sergei?, - le dijo el Maestro alzándolo de su postración por los hombros y apretándoselos con fuerza-. ¡Ya la hemos tranquilizado!
- ¿Durará? - Preguntó con sus ojos azules bañados por el viento de su estepa siberiana.
- Lo que tú quieras que dure porque es como luchar en un sueño, - prosiguió el Maestro  mientras le indicaba los alcorques del jardín. Estos no son un sueño, sino una de tus  tareas. Mira, - añadió mientras se alejaba de Sergei que ya tenía el azadón en la mano -,  si un león te ataca durante un sueño, tú coges una lanza y acabas con él. La lanza del  sueño es tan irreal como el león, pero es el instrumento adecuado. Cada crisis que se  presente, tómala como una oportunidad espléndida de crecimiento.

El sufrimiento es el problema más importante de la humanidad. En todas sus formas: hambre, enfermedad, explotación y angustia. Se nos ha hecho creer que es consustancial  al ser humano. De ahí han brotado todas las filosofías, las tradiciones religiosas y hasta  la política, que nos promete seguridad a cambio de sumisión.

Y no es verdad. El dolor es algo positivo que nos anuncia un desequilibrio. Una vez descodificado, se elimina o se alivia por los medios adecuados. El dolor por el dolor no tiene mérito. Puede ser perverso.

El sufrimiento procede de la mente, y a éste no podemos darle cuartel. Los maestros,  sabios, sanadores, santos, o como quiera llamárseles, han abordado este tema para  reconducirnos hacia nuestras auténticas raíces en busca de la identidad perdida.

No somos para el sufrimiento sino para la felicidad de sabernos nosotros mismos, y  actuar con esa nueva inocencia. No podemos recuperar la inocencia perdida, pero  siempre podemos crear una nueva inocencia.

fajardoccs@solidarios.org.es