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¿Es periodismo profesional llamarle “candidato ilegal” a Daniel Ortega? Esta pregunta  surgió tras un interesante y exhaustivo reporte sobre actividades del FSLN en la actual  campaña electoral, de parte del periodista Julio César López, en “Onda Local”, el pasado viernes, cuando él llamó “ilegal” la candidatura del Presidente de la República y Secretario General del partido rojinegro. Un oyente dijo que el periodista se estaba poniendo por encima de los poderes estatales, porque, independientemente de los  preceptos constitucionales contra la reelección, un Poder del Estado ya dejó libre el paso  a Ortega para que pudiera lanzarse como candidato y aspirar a un nuevo período  presidencial.

Es cierto que la objetividad no existe, porque cuando entre muchos hechos, él o la  periodista selecciona algunos para darlos a conocer a las audiencias, ya está  interviniendo; y cuando entre muchos aspectos de una noticia se incluyen unos y se  excluyen otros, también hay una intervención del reportero(a), de igual manera cuando  jerarquiza los elementos informativos y considera que unos son más importantes que  otros, y con los más relevantes comienza la redacción de su nota informativa.

En los tres casos del proceso de construcción de una noticia, el cerebro humano trabaja  filtrando todos los elementos informativos, y en esa labor de filtrar, actúan la educación  formal e informal, las costumbres, toda la información que almacena el periodista, lo  que ha leído, visto y observado, lo que le han contado, es decir, toda su cultura o bagaje  cultural.

Esa espesa capa de almacenamiento de todo lo que sabe, es la que hace el filtrado informativo. También actúa la subjetividad del periodista cuando selecciona  determinadas fuentes y no otras.

Por las razones expuestas en los párrafos anteriores es que se afirma que la “objetividad” no existe, pero el esfuerzo por llegar al fondo de un asunto, el balance que  se ofrezca, la eliminación de los sesgos y manipulaciones, y tomar en cuenta a los  diferentes protagonistas de una historia, determinan el grado de objetividad que puede  tener una información publicada.

En el caso que nos ocupa, al decir “el candidato ilegal”, podría ser que entre cierto  público no se escuchara bien, pues de inmediato el periodista se expondría a ser  percibido en su subjetividad, y hasta cabría la posibilidad de perder las audiencias o  parte de ellas, es decir, que se desperdicie la oportunidad de ser escuchado, de que  aprecien su esfuerzo hacia la objetividad en el despliegue, paso a paso, de su  información.

Este enfoque tiene que ver con la forma, con la manera como presentamos la información, es decir, con el empaquetamiento de la misma, esfuerzo que debe tomar en  cuenta a quién va dirigido el mensaje. Hay que buscar credibilidad y confianza entre las  audiencias y eso no se logra con adjetivos que puedan ser interpretados como  descalificaciones, aunque tengan base, de manera pues que la presentación de la noticia  requiere de de tener el objetivo de conquistar a los oyentes o televidentes o lectores, lo  cual demanda cierta habilidad del periodista.

En cuanto a la legalidad, pareciera que no hay mucho que discutir, pues el Arto. 147 de   la Constitución Política de la República establece un doble candado anti-reeleccionista,  pues le cierra las puertas a quienes pretendan un período de gobierno de manera  sucesiva o continua; y a quienes hayan ejercido dos veces la presidencia de la República.

Que los honorables y respetabilísimos magistrados de la Corte Suprema de Justicia  (CSJ) hayan creado un artificio para hacerle el volado al Presidente Daniel Ortega, eso  es otra cosa, o, más bien, otra ilegalidad, amén de que estos mismos funcionarios, o  algunos de ellos, legalmente ya no lo son, pues se les venció su período, y de nuevo,  otra artimaña, un Decreto Presidencial hizo el milagro de que pudieran continuar en sus  cargos. En ambos casos, son funciones exclusivas de la Asamblea Nacional.

En conclusión, “la mujer del César (o el hombre de la Emperatriz) no sólo debe ser  honesta (honesto) sino también aparentarlo. Es decir, la nota informativa no puede  contener opinión, aunque la crónica y el reportaje sí, pero de forma discreta, encubierta  tras las fuentes o camuflada entre preguntas u otros recursos que no transgredan la ética  profesional. La opinión en estos géneros periodísticos no puede expresarse de manera ramplona, sino con creatividad. Por supuesto, estas solo son ideas para un debate.

Debimos haberlo discutido en la reciente sesión de la “Peña de Periodistas”, que estuvo extraordinaria, pero había tantos temas e inquietudes, que no dio tiempo para ello.