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Recientemente, en la página de Opinión de este diario, el Presbítero Fausto Zelaya quien, como el mismo lo dice, tiene apenas tres años de vivir en Nicaragua y quien, como para darnos a conocer un tipo de linaje religioso especial, dice pertenecer “a la antiquísima y venerable Iglesia de Esmirna”, vertió todo su resentimiento contra uno de los más valiosos y más queridos miembros de nuestra jerarquía eclesiástica, como lo es el Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, Monseñor Silvio Báez.

Es verdaderamente lamentable que alguien que ha permanecido fuera del país por tantos años ejerciendo una labor tan encomiable para la Iglesia Católica como  es la de misionero, se exprese de la forma que lo hace sin tener una base sólida, como el haber sido testigo presencial de los últimos acontecimientos históricos en Nicaragua, para sustentar sus ignorantes afirmaciones.

En vista de todo lo anterior y en defensa de la verdad y la unidad tomé la decisión de referirme al mencionado artículo para aclarar y recordar al Pbro. Fausto Zelaya lo siguiente:

1.- En ningún momento Monseñor Silvio Báez se ha referido al Cardenal Obando faltándole al respeto, ni mucho menos pretendiendo juzgar sus últimas actuaciones; muy por el contrario siempre le he escuchado referirse a él con el cariño y respeto que se merece el que un día fuera el pastor de la Arquidiócesis de Managua. Quien sí ha faltado al respeto de una manera palpablemente grosera a un Obispo de la Iglesia Católica a la cual pertenece es el Pbro. Zelaya. Todo su escrito está lleno de insultos, manoseos e irrespeto para nuestro Obispo Báez, por lo que quizás el Pbro. Zelaya debería meditar si no ha llegado para él, como el mismo lo dice, “el momento de pensar con cordura y saber, por lo tanto, guardar límites y distancias”.

2.- Nadie dentro de nuestra Iglesia tiene duda alguna de la inmensa labor que Monseñor Silvio Báez está ejerciendo como guía espiritual de la grey católica de Nicaragua, no solo trasmitiéndole sus vastos conocimientos sobre las Sagradas Escrituras, sino también señalando, con espíritu constructivo, los errores que se cometen en contra del pueblo de Dios, errores que tienen que ser denunciados aun a expensas de tener que sufrir ataques gratuitos como el que el Pbro. Zelaya dedica muy anticristianamente en su escrito. El Pbro. Zelaya debe recordar que verdadero profeta no sólo es el que anuncia como lo hacen los misioneros, sino aquel que sabe también denunciar las actuaciones equivocadas de los poderosos.

3.- Si hay algo que Cristo nos enseña es el no juzgar nunca a los demás, y si hay algo propio de la moral cristiana es el no hablar nunca mal de nadie, pues si lo malo que decimos de otro es mentira, le estaríamos calumniando, y si lo que decimos es verdad, le estaríamos difamando. Nuestro Obispo Báez ha sabido ser fiel a este principio de la moral cristiana, en cambio el Pbro. Zelaya con su escrito cae en la peligrosa posibilidad de violarlo irreparablemente.

4.- El hecho de que Monseñor Báez tenga formación de fraile carmelita, al contrario de lo expresado por el Pbro. Zelaya, significa que al  estar entre esas cuatro paredes de la celda de un monasterio y muy alejado del mundanal ruido, le deben haber ayudado mucho a la meditación y a la contemplación,  lo que sin duda le facilitó el encuentro íntimo con el Dios de Jesucristo al que sabe proclamar con ardor, ese mismo Jesús que rechaza toda injusticia y toda falta de amor entre hermanos, máxime aun si son todos miembros de una misma Iglesia.

Oremos para que la unidad de la Iglesia se fortalezca, para que sepamos ser misericordiosos como nuestro Dios, y para que aprendamos a amarnos como Jesucristo nos ama.