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El proceso de configuración del entramado de códigos y de significados que construyen las identidades como hombres y mujeres, parte de una historia familiar, de una herencia de creencias y silencios, de un pasado no necesariamente conocido o abiertamente revelado, desde los abuelos/as, padres, tíos/as, y hermanos/as mayores.

Los modelos de crianza, los discursos transmitidos desde la madre y los patrones del padre y de los mayores de la familia son significativos en el proceso de  formación de la personalidad, de la identidad social, genérica y política.

El mundo tal cual se vive en la adolescencia, juventud y adultez, pasa necesariamente por los filtros derivados de las enseñanzas sobre el deber ser, lo que está prohibido, lo negado (que en muchos casos es la libertad de decir no y el afecto positivo), la transmisión de normas/valores que sostienen un sistema de cosas en el cual cada quien nace con sus asignaciones claras, como niño, niña, hombre y mujer.

Pero los transmisores de este tipo de normativas no las crearon, así como son portadores, también experimentaron esta transferencia. Es entonces un proceso más antiguo que ellos, que sus padres y que sus abuelos; y la generación más reciente también está destinada desde la estructura a convertirse en partícipes y portadores de este proceso de socialización- programación.

A la par  de este proceso la familia como institución con sus respectivos símbolos, significados y connotaciones; experimenta procesos traumáticos y de quiebre, dependiendo de las maneras en que sus miembros se acoplan o no a las normas, a los mandatos familiares; que a su vez  dependen de las herencias que las familias carguen en sus cuerpos, y en sus identidades.

Las historias de violencia, de abusos sexuales, de asesinatos, de secretos familiares, funcionan como tabúes que se manejan a lo interno de las familias y que chocan con los espacios fuera de la misma. Son estas herencias que no se mencionan pero que  marcan las dinámicas y relaciones que se establecen y desarrollan entre los miembros de un sistema familiar, de parentesco.

Estos secretos familiares, esos  temas de los que nadie quiere hablar, pero que muchos saben que están ahí, ocultos o medio enterrados, amenazando con quebrantar la supuesta estabilidad familiar, serían usando una representación de la física cuántica,  la Nada. Stephen Hawking en sus teorías sobre la Nada plantea que al contabilizar la materia del universo se calcula una cantidad mayor de la que se percibe, luego por medio de diferentes aplicaciones de fórmulas  se llegó a la conclusión de que la masa que no se percibe está dentro de lo que se denomina la Nada, que conecta con la teoría de los hoyos negros, los cuales funcionan como espacios que absorben la materia, la cual no desaparece sino que conecta con otros espacios del universo que influyen en el comportamiento global del universo, pues todo está conectado.

Pues bien, los secretos familiares, esos temas que son silenciados, que por la intención de conservar el equilibrio familiar son dizque olvidados; funcionan como la nada, se ocultan pero no desaparecen, y cualquier movimiento dentro del sistema familiar cambia el estado de cosas, provocando diferentes tipos de reacciones, de acciones y de cambios; que suceden de manera continuada y de diversas formas.

Estos movimientos de cuerpos que producen cambios son los que se llevan a cabo cuando un miembro, hombre o mujer, adulto o niño/a, anciano o joven rompe con esos círculos del silencio, ya sea por haber sido afectado/a por la tarea de obviar, por haber sido violentado/a en el proceso de ocultamiento de la verdad, o de haber sido mutilado de la palabra o de emociones. Todo por la decisión familiar de no hablar de lo que se debería de hablar, de enmascarar la realidad y de asumir papeles ficticios de armonía familiar; cuando  en realidad a lo interno se pudren los cuerpos que han tenido que cargar con el peso del engaño, del ocultamiento de las verdades y de las voces silenciadas a las que les fueron negadas su  redención y liberación.

En muchos casos son mujeres las que han tenido que cargar con la pesada obligación de mantener y cuidar la armonía familiar, lo cual ha llevado a que madres nieguen apoyo a hijos/as abusados/as por padres, pareja, hermanos y tíos de ésta. También ha significado por lo tanto lo contrario de la intención inicial de mantener la armonía de la familia como sistema, pues al someter al silencio, la dinámica familiar se deteriora hasta quebrarse. La estructura que tan fervientemente se defiende sacrificando vidas de niños, niñas, jóvenes, mujeres y hombres que se abandonan a sí mismas/os por la defensa de la estabilidad colectiva, se viene abajo.

Dentro de este proceso de sacrificios humanos para poder dar continuidad a un sistema en crisis y desmembrado de protagonismo social desde la constitución de Estados, las estructuras y sistemas de parentesco- familia han desarrollados en conjunto con la influencia religiosa una serie de dinámicas poco humanas, poco apegadas con la sobrevivencia de la especie, que en el día a día atentan contra la integridad de sus propios miembros/as. Esto va en total contradicción con los principios fundadores de la familia, desde sus primeras manifestaciones en los linajes, los miembros de los sistemas familiares eran importantes y toda agresión recibida a uno o una de ellos era vengada. Claro, las mujeres siempre han sido construidas para temer más de cualquiera en cualquier sistema al que se encuentren integradas.

Se han hecho a un lado los principios básicos de sobrevivencia y continuidad de una especie, se atenta contra el otro y la otra, o se permite que otros/as lo hagan, contra los menores, contra los cuerpos, contra las mujeres y hombres, y estas agresiones y sus permisos son transversalmente guiados por los modelos de funcionamiento patriarcal, machista, desigual y excluyente; complementado por el pensamiento dogmático religioso que promueve el perdón y el olvido. Todo esto se hace con objetivos, pero ¿a costa de qué? ¿A costa de quiénes?