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El Diccionario del Español de Nicaragua (DEN), obra magna concebida y ejecutada el secretario de nuestra Academia Nicaragüense de la Lengua, Francisco Arellano Oviedo, es el segundo que se elabora dentro de esta asociación. Dado a luz en marzo de 2007, fue distribuido por su autor en Medellín durante el Décimo Tercer Congreso de la Asociación de Academias, que financió parcialmente la impresión. En este trabajo, el autor contó con la asistencia de su equipo de Pavsa y becarios de nuestra corporación.

Razones de parentalia consanguínea me impiden presentar debidamente el DEN que supera al DUEN (Diccionario de Uso del Español Nicaragüense), su único antecedente científico de 2002 que adoptó, en líneas generales, la Planta (macroestructura y microestructura) del DAA (Diccionario Académico de Americanismos) que la RAE o Real Academia Española. Siglo de siglas llamó al XX Dámaso Alonso.

Al respecto, Arellano Oviedo permaneció oportunamente como Miembro rotativo de la Comisión Permanente de la Asociación de Academias, consagrado con tres colegas —un filipino, un paraguayo y una argentina— al gran proyecto del Diccionario de Americanismos, representando a la nuestra. Sin duda, el DEN le sirvió de aporte y de herramienta básica al mismo, con lo cual despertó merecida admiración en las testas sabias de los lingüistas peninsulares.

Desde los años noventa, éstos abandonaron su paternalismo y comprendieron que nuestra lengua debe ser considerada una superestructura, un archisistema al que están subordinadas —sin ninguna preferencia jerárquica— variantes nacionales autónomas, pero no independientes, en veinte países del continente americano, es decir, subsistemas diferenciados que poseen, sin embargo, tantos elementos comunes que la comunicación es posible entre todos los hispanoparlantes. Una contundente realidad se imponía: solo el diez por ciento de quienes hablan español en el mundo se ubican en España (México, como es sabido, es el país donde más se habla español: más de 100 millones).

A su vez, tales subsistemas presentan peculiaridades regionales y locales. Muchas de ellas se comparten fuera de los límites del país respectivo (americanismos). O pertenecen exclusivamente a nosotros (pinolerismos o nicaragüensismos). O son vocablos del español general o peninsular que en Nicaragua tienen otras excepciones. O proceden de las lenguas amerindias (como los nahuatlismos). O se han conservado aquí al siglo XVI, pero desaparecieron en España (arcaísmos). O los hemos heredado de otras culturas (afronegrismos, anglicismos, galicismos, etc.). O los creamos en el campo e inventamos en la ciudad, o en nuestras regiones: Las Segovias, el Pacífico (con sus dos subregiones: Occidente y Oriente), la región chontaleña y la Costa Caribe.

Consciente de lo anterior, y de otras precisiones lexicográficas, Arellano Oviedo ha conformado un corpus que trasciende los cinco mil lemas y sustenta en las siguientes orientaciones: un diccionario de voces regionales, no enciclopédico; con muchas marcas: gramaticales, diatópicas o de lugar, de frecuencia de uso, etc.; más descriptivo que normativo, sincrónico (o sea vigente) que diacrónico (histórico). Un diccionario con definiciones claras y exactas, que incluye unidades fraseológicas o locuciones.

Agarrar
Aquí anticiparé —no sin ilustrar con espontáneos ejemplos de mi cosecha— cuatro lemas como muestras ejemplares. 1) agarrar (Del árabe: garfa, puñado, cantidad que se recoge con una mano.) transitivo coloquial: Atrapar [a alguien] en algo. “Agarraron a los narcotraficantes”. //2. Entender algo. “Por fin la agarré, entendí la ecuación”. //3. Apropiarse [alguien] de algo: “Agarrá la mitad del sueldo. No seás baboso”. //4. Dirigirse en una dirección determinada. “Agarré la Avenida Bolívar para ir al Palacio Nacional de la Cultura”. //5. juvenil: Conseguir pareja: “Luis agarró a la Chica”. //6. Agarrarla con alguien: loc. v. Poner ojeriza [a alguien]; observación: usado también con significado pasivo. Sufrir indignación causada por un persistente maltrato. “León Núñez ha agarrado de encargo a Jaime Morales”. //7. Agarrar de encargo: locución verbal coloquial: Maltratar o darle constantes bromas [a alguien]. Ser [alguien] objeto de constante maltrato o bromas. En fin, siete acepciones inexistentes en la península.

Aguacate
I) aguacate (del nahuatl: ahuacat o aucatl. Nombre científico Persea americana). Fruto del árbol del mismo nombre. //2. Plural eufemismo: Testículos del varón. Variantes o sinónimos: alforja, bolas, cojones, compañeros, coyoles, güevos, huevos, morral, semillones... viejo chancho aguacates al viento/que regresa a su hogar haciéndose el Santo. Santiago Molina. //3. Por los aguacates: locución verbal. Muy distante, del objetivo. “Payo vive por los aguacates”. //II. Fuera de contexto. “Yo creo que usted anda por los aguacates” —le dije a una joven por teléfono que preguntó en la Biblioteca del Banco Central si allí era la Embajada Americana. En conclusión, se trata de un nahuatlismo vivo.

Bola
III) bola. Pelota de futbol, basquetbol, beisbol. //2.Mujer ebria. Úsase también como adjetivo //3. Rumor, noticia que generalmente no es cierta... o simplemente comentar las últimas bolas. Chuno Blandón. //4. bola de cuero: loc. sustantiva. Pelota de beisbol. //5. bola de hule: locución sustantiva. Pelota de esponja usada en juegos informarles en los que no se usa manopla. //6. Tirar bola: locución verbal. [En el juego de beisbol] hacer mal lanzamiento, el pícher. //7. Dar bola: locución verbal. Resultar bueno para algo. //8. Parar bola: locución verbal. Prestar atención. Cuando salía con sus compañeros de Universidad como que no le paraban bola, lo único inteligente que tenía, era que administraba bien su silencio. C. Siles. Es decir, un nicaragüensismo legítimo. Como se ve, faltaron las expresiones tan comunes en nuestra política como “jugar bola suave” y “jugar bola recia”, además de “estar en bola” (desnudo).

Carajada
IV) carajada. Cosa sin importancia. //2. Objeto sin valor. // 3. Molestia, acoso de otro. —¡Ah! ¡No! gritó la vieja golpeando el mostrador—. Déjese de carajadas que me está atrasando (Fernando Silva). Otra edición o aporte personal: es también un vocablo que designa algo indefinible `de significado universal. Un ejemplo paradigmático lo da José Coronel Urtecho, en Rápido tránsito, con la categoría de chunche, carambada, carajética, tiliche, etc., acepción que debería incorporarse con su ejemplo documentado: “Me acordaba de mi viejo paisano Don Rosalío, que fue a París y a su regreso describía la tumba de Napoleón de esta manera: una gran carajada y encima una carajadita”.

Entre sus autoridades —fuentes utilizadas para documentar el uso actual de los vocablos— Arellano Oviedo privilegia 42 obras narrativas: en primer lugar, las antologías Cuentistas de Nicaragua (28. ed.: 1966) y Minificciones de Nicaragua (2004), seleccionadas, anotadas y prologadas por quien escribe; la Antología del cuento centroamericano (1973) de Sergio Ramírez, seis obras personales del mismo autor consagrado, tres de Juan Aburto, dos de Guillermo Rothschuh Tablada, otras tres de Fernando Silva, dos de Clemente Guido padre, Rosario Aguilar y Gloria Elena Espinoza de Tercero y una de los siguientes autores (se consignan por orden de aparición): José Román (Cosmapa), Omar Cabezas (La montaña es algo más que una inmensa estepa verde: saturado de oralidad), Jorge Eduardo Arellano (Timbucos y calandracas), Julio Valle-Castillo (Réquiem en Castilla del Oro), Enrique Alvarado Martínez (Doña Damiana). Franz Galich (Managua salsa city), Henry A. Petrie (Guanuca), Hugo Torres (Rumbo Norte), Chuno Blandón (La noche de los anillos), Ramiro Abáunza Salinas (Santos Ferrufino/El nica mojado), Róger Mendieta Alfaro (Hubo una vez un general), Erick Aguirre (Subversión de la memoria), Pedro Avellán Centeno (Balastro) y Francisco Bautista Lara (Rostros ocultos).

En cuanto a los anexos —aparte de las abreviaturas de obras y autores citados—, el Diccionario se completa con la imprescindible “conjugación del habla nicaragüense”, citando todos los modos del verbo amar; con más “Locuciones y vocablos latinas” circunscrita a los estudiantes de Leyes; con una lista de “Ciudades, poblaciones principales y departamentos de Nicaragua con sus gentilicios”, pero sin documentación escrita; y los principales extranjerismos usados en Nicaragua”.

Para mí, este último anexo es el más interesante, pues en la mayoría de los casos de los vocablos beisboleros, Arellano Oviedo sostiene que deben inscribirse adecuados a las normas de nuestro sistema lingüístico. Así enumera Bóer y cácher (con tilde en la a y sin t). En resumen: DEN es un punto culminante de la tradición lexicográfica nacional y la consolidación de Francisco Arellano Oviedo como nuestro mayor diccionarista.