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El Estado chileno, en el marco de la Ley 19.992 de Reparación, Prisión Política y Tortura, resarcirá a los nicaragüenses que fuimos víctimas del golpe de estado ejecutado por las fuerzas armadas chilenas encabezadas por Augusto Pinochet contra el régimen constitucional y socialista de Salvador Allende.

Muchos compatriotas fuimos encarcelados y torturados en los actos de capturas, detención en comisarías, sótanos del Ministerio  de Defensa, hasta el confinamiento en los Estadios Chile y Nacional. En este último, fuimos sometidos a los interrogatorios de las 3 armas: marina, ejército y aviación,  fuimos testigos también de fusilamientos de trabajadores chilenos y de la propia tortura y vejación de Víctor Jara. El golpe de estado constituyó el gran trauma para la nación chilena, también fue un golpe a esperanzas y aspiraciones de los pueblos de América y el mundo. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, ante la inmolación del Presidente Allende, tituló en el diario La Prensa “El balazo se escuchó en todo el mundo”. Se constató el papel determinante y directo del gobierno de los Estados Unidos. Analistas dijeron que América Latina no estaba preparada, entonces, para las revoluciones sociales.

Ahora, 38 años después, América Latina es otra, vive transformaciones de gran calado, pero también ha tenido que desarrollar a lo largo de los años, profundos procesos de reconciliación, en sociedades que vivieron los desgarros de la guerra y años de violencia política. La reconciliación conlleva la catarsis de la verdad, la justicia restaurada, el perdón y la reparación de las víctimas. Creo que la acción del Estado chileno tiene tres dimensiones que debemos relevar:

1. Es una política de Estado que aunque fue promovida por los gobiernos de la Concertación Democrática, continúa ejecutándose por el nuevo gobierno, independiente de su signo ideológico y político, muy diferente al síndrome de Sísifo, que ha caracterizado nuestra historia. La reparación, de acuerdo con las opciones que establece la ley, incluye becas de estudios para los hijos de las víctimas, montos específicos para aquellos que nacieron en las cárceles, es decir, cubre no sólo a la víctima sobreviviente, también a la viuda y descendientes, entre otros programas.

2. Toda política de reconciliación, conlleva programa de reparación de las víctimas. En Centroamérica, sólo en El Salvador y Nicaragua se viven procesos de reconciliación y de reparación, a través de las Comisiones Nacionales de Paz y Reconciliación, mandato de Esquipulas.

3. La impartición de justicia, necesaria para la reconciliación, se ha expresado en el enjuiciamiento y castigo para los responsables de crímenes de lesa humanidad, que conllevó el golpe militar.

La pérdida de la vida humana es irreparable, el sufrimiento, la pena, el terror y la destrucción de nuestros universos individuales, cada quien los fue superando a su manera, pero este acto del Estado chileno restituye el sentido de dignidad, el bien más preciado de nuestra vidas.

*Director Instituto “Martin Luther King”
UPOLI