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Lo vi por primera y única vez en mi vida, el día 8 de septiembre de 1978. Él tendría unos 22 años. Yo tenía 32. Cerca de las 16:00 horas, en su casa de habitación, carretera Masaya-Managua. Entrando por la casa donde vivía Pablo Leal. De hecho, Clarisa, hermana de Pablo y Ernesto, me indicó la dirección para dar con su casita, metida unos 200 metros hacia el este.

César era hijo de un entrañable amigo, el Dr. César Amador Kuhl y su esposa, Olga Molina Oliu. Su hogar fue un oasis cuando llegamos vapuleados por la Guardia Nacional en el estadio nacional en octubre de 1966. “Traiganlos a todos que aquí voy a hacer un hospital”, dijo Doña Olga.

A las 13:00 horas del 8 de septiembre de 1978, toda la escuadra que atacaría la Sierra UNO, la estación de Policía de la Carretera Sur, en el sitio conocido como Las Jinotepes, estaba ya concentrada y cada quien mataba los nervios a como podía. Alejandro Carrión cargaba y descargaba su escopeta y me ponía más tenso de lo que ya estaba, esperando las 18:00 horas, hora oficial del arranque de la Insurrección Popular Sandinista en toda Nicaragua.

En Managua, los objetivos planteados eran: Carretera Sur, Ciudad Sandino, La Centroamérica, Las Américas, San Judas. Cada escuadra se concentraba independiente de las demás y solo nos unía una hora exacta: las seis de la tarde.
De igual forma se atacaría, en Masaya, León, Chinandega y Estela, en adición a los cinco puntos de Managua.

El estado mayor de Managua estaría ubicado en las antiguas instalaciones de la compañía INDESA, Carretera a Masaya, frente al Ministerio de Agricultura. Allí estaban Joaquín Cuadra (Rodrigo), Raúl Venerio (Willy), Polo Molina.

Cerca de las 14:00 horas recibí una llamada de Joaquín Cuadra (Rodrigo) a mi casa en Serranías, punto de concentración de la escuadra que se tomaría Sierra UNO (las estaciones de policía se identificaban como SIERRAS en el código radial de la guardia, así, sierra uno, sierra dos, sierra tres…y sucesivamente). Nuestro objetivo era: SIERRA UNO.

“Doc, me dijo Joaquín, necesitamos que venga a la casa de Polo urgente…”

“Hermano, nosotros ya estamos en posición de salir hacia el objetivo…”

“No doc…es urgente, es una misión Patria o  Muerte, vengase a Managua…”

Salí hacia Managua más contrariado que preocupado, había que ver el nivel de nerviosismo y tensión que vivíamos en la casa, con 12 compañeros armados y equipados. ¿Qué pasará? Pensaba para mí mismo, debe ser un clavo grande.

Efectivamente, al llegar a la casa de Polo Molina me explican que hay una señal muy fuerte de que la casa del compañero César Amador se ha quemado, ha sido delatada por alguien y que la seguridad somocista vigila los alrededores, ahí están un lote grueso de armas y medios de comunicación que usaría el estado mayor general. Hay que rescatarlos, como sea, “necesitamos que vaya usted y haga ese retiro, prevenga al compañero César y traslade todo a la casa del Comanche Poveda”. Clase clavo, dije para mí mismo, esta es una misión Patria o Muerte, me repitió Joaquín en el lenguaje del FSLN, eso era  equivalente a cumplirla a cualquier precio, incluida tu propia vida..

Fuimos a retirar un carro americano de esos grandotes, tipo Oldsmobile, color amarillo claro, a la casa de la mama de la Carol Baranello, suegra de Polo Molina. En ese vehículo me fui a la casa de César Amador.

Me paré en la casa de los Leal, en la Carretera a Masaya, para ubicar la dirección de Cesarito y la Clarisa me indicó. En el punto, me identifiqué con César, quien estaba con su esposa Yolanda Amaya y su tierno hijo en brazos. Retiramos una dinamita, por cierto ya chorreada y por tanto muy peligrosa de explotar, por simpatía y cargue todas las armas y los radios en el viejo automóvil. Este venia con la trompa para arriba de tanto peso en el valijero.

Finalizado esto le dije a César: bueno, hermano, ahora jalate de aquí lo más pronto que podás, que esta casa está quemada, fue delatada por alguien y es un peligro seguir aquí, andate a cualquier lado y te escondés.  Recuerdo que sudábamos a cántaros, como si nos hubiesen puesto una manguera de agua.
Yo salí con el alma en la mano, rodeada la zona por la seguridad somocista, realmente pensé que ahí iban a quedar mis huesos.

César, en ese tiempo trabajaba como ingeniero en estructuras Kühl, con Eddy  Kühl Aráuz, compañero mío en la Facultad de Ingeniería Civil y gran amigo además, con quien la vida me tenía preparado otro encuentro en las siguientes 48 horas.

César Amador no se movió. No sé por qué. Al día siguiente fue capturado por la Guardia Nacional. Asesinado y desaparecido. Doy este testimonio en honor a su memoria. Ese mismo día 8 de septiembre, fue capturado y asesinado por la Guardia Somocista, otro gran amigo y compañero: Gustavo Adolfo Argüello. Honor a su memoria

Me retiré, descargué todo el armamento en la casa del Comanche Poveda. La operación insurreccional se pospuso 24 horas. Regresé a mi casa, donde quedaron todos los equipos de la escuadra y a esperar al día siguiente.

Por la noche mi hermana María Felicitas me avisa de Granada que la Guardia Nacional estaba cateando la casa de mis padres. ¿Error? ¿Mala información? ¿Suerte? Nunca lo sabré. Pensé salir de la casa, pero no podía abandonar todas las armas. Me quedé ahí en Serranías. Milagrosamente nadie llegó. Al día siguiente a las 18:00 horas del 9 de septiembre, cumplimos nuestro objetivo. En toda Nicaragua solo dos puntos cayeron completamente, Sierra Uno y Monimbó.