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Quiero comenzar diciendo que creo y admiro esas palabras que inspiran, como son las de ese augusto jerarca de la Iglesia Católica local Monseñor Silvio Báez, cuando con mucha valentía dice “moriremos por la verdad”.

Es una declaración sencillamente maravillosa. Mi generación la conoce muy bien. Porque dicha con fe mueve montañas. Prueba de eso es que esa descendencia heroica entregó 60 mil muertos para demostrar que la tiranía somocista y sus aliados eran criminales, y por lo tanto nociva al pueblo nicaragüense y debía desaparecer para  buscar cómo encontrar nuevos amaneceres.

Entonces, así que como ya dije, al querido prelado lo entiendo bien y lo admiro en su espartana voluntad de sacrificio, que debe ser ejemplo para todo el mundo cristiano y más allá.

Sin embargo, lo único que a mí me gustaría preguntar es a cuál verdad por la que va a dar la vida se refiere el notable sacerdote, porque en esta vida de los mortales enyuntados con sus intereses particulares hay dueños de la verdad por millones, ya no digamos verdades mismas que resultan ser  muchísimas más.

Por ejemplo veamos estas dos verdades:
Existe una familia paupérrima que vive a la orilla de un cauce. Conculcada en sus derechos más básicos y empobrecida por el capitalismo salvaje. (¡Sí! Ese mismo que con valentía condena el Papa, máximo guía de la Iglesia Católica Romana y por tanto jefe de Monseñor Báez). Esta prole vive en una humilde choza a la orilla de un cauce con piso de tierra y techo cubierto con mallas de plástico --de esas que usan los ricos egoístas como bolsas para botar los desperdicios de su opulencia--, y tiritan en una humedad perenne que los enferma a todos.

Viene el gobierno y les da 10 láminas de zinc y les cambia la vida, pues dejan de mojarse y se encuentran calientitos aunque todavía en la miseria pues el desarrollo integral no se hace de un día para otro, ya que es un acumulado de más de 500 años de villanías y empobrecimiento. Los comodones dirán como su verdad que es populismo; la familia en la suya dirá gracias Presidente porque usted me cambió la vida, ya que al menos tengo este techo que nos mantiene seco y que ningún otro gobierno antes se preocupó nunca por darme nada…

Entonces en este caso, ¿quién tiene la verdad?, le preguntaría yo al Obispo. ¿Cuál de las dos verdades irá a defender hasta la muerte el señor cura? ¿La del rico comodón o la del desgraciado con techo salvador? Estamos seguros que Monseñor escogería para defender al pobretón, como lo hizo Cristo, que dio la vida por defender esta misma causa.

Pero hay algo más en esto que es preciso resaltar.
Monseñor Báez, en su santa cruzada en busca de la verdad y durante una reciente  procesión que organizó en La Concha antes de que Yazker Blandón se declarara culpable del crimen también dijo -–según sus voceros de La Prensa S.A. --  “Hay puntos oscuros”--. Refiriéndose a la investigación de la  muerte del padre Marlon Pupiro y pidió a la feligresía recolectar pruebas sobre el crimen y que se la entreguen a la Iglesia: “Háganlo con espíritu cristiano”, indicó Báez. Y dicen que la feligresía, siempre obediente al clamor de su pastor insigne ha comenzado a responderle con preguntas para buscar esa verdad por la que está dispuesto a morir el Reverendo Báez. Aquí algunas: ¿Qué motivó al Presbítero Pupiro para levantarse a las 3 de la mañana dejando el candor de su cama para ir al encuentro de un destino incierto en los corredores de una cantina?

Esta pregunta para mí es determinante en la búsqueda de la verdad. ¿Por qué? Sencillísimo. Pues según un celador, escuchó que el padre recibió una llamada telefónica de tal interés que lo saca de la cama a deshoras… ¿Quién pudo ser el personaje de  la llamada?... ¿Qué urgente menester lo empujó a levantarse y salir?… ¿Acaso una extremaunción, un urgente pago de deuda; acaso un acto de conspiración o los bemoles de un amor trolero a los ojos del creador? En fin, el obispo en su santo saber y entender --estamos seguros-- encontrará la verdad, aunque obvie la odiosa autoridad policial en la que no confía por las razones que le den su regalada gana.

Pero bueno, Dios ampare a este hombre santo en sus averiguaciones. Ojalá le ayude a salir con bien de la maldad de los hombres y la ira de todos esos enemigos que le rodean y que según él pueden atentar contra su vida. Dios lo ilumine y le permita darse cuenta que las verdades muchas veces se ocultan en la misma conciencia de los hacedores de mentiras, y en la de otros con menos escrúpulos y un infierno asegurado, que tiran con mampuestas y predican verdades a medias que son las peores canalladas.

En Palmira

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