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La conquista de la felicidad ofrece un agradable viaje por algunos de los motivos que  suelen hacernos sentir infelices y también por las causas que pueden provocar esa  sensación de felicidad. Porque ésta no existe. Existen momentos felices. A pesar de que,  aunque la vida no tuviera sentido, tiene que tener sentido vivir aquí y ahora, y el  principal sentido de este vivir consiste en ser uno mismo, esto es, en ser felices. Querer  lo que hacemos para poder así hacer lo que queremos. No es un juego de palabras.

Ser uno mismo, saberse y actuar en consecuencia. Aunque no siempre la acción sea  imprescindible para la felicidad. Así, al menos, se lo cuenta Krishna al Príncipe Arjuna: “Pon tu ánimo en la acción, más nunca en su recompensa.

Desempeña tu obra en la paz  del yoga y, libre de apegarte a deseos egoístas, no permitas que el éxito o el fracaso te  perturben”. (Bhagavad-Gita, 2,70)

Según Russell, una vida feliz tiene mucho que ver con una vida tranquila pues “sólo en  un ambiente tranquilo puede vivir la auténtica alegría”, la armonía de que hablan los  sabios. Este fenómeno no abunda en las ciudades en donde la vida está separada de la  tierra, de la naturaleza y de sus ciclos. Lo que a veces nos lleva a autoexiliarnos en  frágiles narcóticos o en la enajenación en unos programas de televisión degradantes y  vacíos de contenido. Lo que ofrecen es no pensar, y tirar para adelante desde ese diván  de los sueños freudianos o en percusiones sin sentido en los teclados o en las pantallas  de los nuevos juguetitos.

El libro fue escrito de forma sencilla para que pudiera ser entendido por las personas  sencillas. Pero, ¿qué es lo que hace infelices a las personas? Según el autor, las  conductas egocéntricas, impulsadas por el judeocristiano sentimiento de culpa, la  megalomanía o el narcisismo. También menciona a las personas obsesionadas por el  éxito, por el triunfo, por el dinero.

La felicidad está en el entusiasmo por la vida, el cariño, la familia, los amigos, la  solidaridad y el compromiso con la causa de la justicia.

La felicidad sólo requiere “comida y cobijo, salud, amor, una ocupación satisfactoria y  el respeto de los allegados”, escribe.

Y una gran dosis de imaginación y de voluntad para saberse uno con todos y con todo  cuanto existe. Porque, antes de la muerte, hay vida.

fajardoccs@solidarios.org.es