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Soy un hombre de pocos afectos, pero cuando quiero, quiero de verdad. Estoy en el camino para aprender que la suerte es sólo una carta de presentación, que se atasca en cualquier parte y cambia de tono, cuando se le aprieta el cuello por una malacrianza o un falso rumor.

Son años aferrados a la vida y, por parte de mi sombra, queriendo soltar las amarras de la confusión y sus encuentros. Algo así, como un soldado de fantasía, cocinando su propia historia en los juegos infantiles, y en la otra acera, donde marcha desenfrenadamente el viento de un manicomio.

Son días, de la contemplación y el naufragio. Rompiendo carteles en la vista pública. Cargando espejos en la espalda del amanecer. Arrasando con el grito de la rutina y la prisa del ocio que aún tartamudea.

Necesito un tiempo para mudarme de la ciudad, dijo la mujer, que se empina delante de mí,  un poco de susurro y mantiene intensas sus manos para arrullar un beso. Tal vez, a su amante, tal vez, a su odio enjaulado.

Hay algo que viaja en la sonrisa del niño, que regresa de la nueva escuela y abraza a su madre con árboles de felicidad. Estos son los minutos, que han tardado tanto en mi viejo corazón. El amor a la vuelta de la esquina.
Agarrar a la noche, y ponerla de rodillas, mientras el dolor se hace trizas, y yo sigo pensando  que no volverás.  

Mi oído mecido por el insomnio, me avisa de otras movidas del salvaje incierto de una casa con fantasmas.

Hoy, encontré a la pupila corriendo tras un conejo de la buena suerte, dijo el cronista y limpió la ciudad de ataduras y candados con un dardo de espuma verde.

Así consta, que la palabra se alzó con la nostalgia, mientras ella huía con su belleza a la costa más cercana, donde la esperaba un resplandor nostálgico, y una palabra, dijo secamente el cronista.

Un hombre y una mujer atados a las espinas de sus equivocaciones. Con su clamor de hablar con la tristeza y rosar la voz de la alegría que no llega a puerto.

Un hombre y una mujer sin islas, ni tormentas. Con el agua que busca el anzuelo para atrapar la vida con simple franqueza, con levadura entusiasta.

Un estudio de una aseguradora alemana da cuenta que los trabajadores bien informados y que reciben el reconocimiento de sus jefes por trabajar con eficiencia y eficacia se enferman menos, no se quejan y trabajan mejor organizados en colectivo.

A propósito del trabajo, matices van, matices vienen, y la pregunta y su réplica, son la misma: cómo definir el concepto de eficiencia. Hace años, conocí de un teórico, que la eficiencia no es realizar las cosas durante las ocho horas de la jornada de trabajo y con calificativo de muy bueno, sino que eficiencia es hacer las cosas, en el menor tiempo posible. Entre este punto y seguido y otro hay mucha caña que moler.

Cuando se ha consumido mucha paciencia uno se harta de ilusiones y en el primer acto de la inconsciencia se alarma con lugares dispersos y mucha ruina acumulada.

Para los mejicanos, la virgen de Guadalupe es muy venerada,  porque es parte de sus vidas, pero un equipo de fútbol argentino la retiró de un  estadio, porque les ¨daba mala suerte¨. Ya existen programas informáticos capaces de escribir textos, con la gramática perfecta, sin intervención humana, un software desarrollado por la narrativa de Ciencias estadounidense.   

Esta mañana, un gato cursi y zurdo me contradice en la ventana y yo me río.  Sus pezuñas para mí, no son amenazantes, son afilados puntos ciegos. El cuervo señala que la contradicción es también un gran acuerdo. El popular Víctor de la Jara siempre mantuvo en sus manos una taza para zurdos y cuando se apoyaba en su voz, se oía que huía hacia pistas sin retorno, moliendo el destino hasta lo imposible.

El aventajado personaje vivió solo, entre los harapos de una sociedad que no lo entendía. Vivió dentro de un espíritu de memoria, ironía, tardanzas,  entre objetividades parecidas a un ataúd

Las altas temperaturas de estos días hacen vivir de prisa a los mentirosos, también a los escuálidos de la ocre orfandad. Y por supuesto que a los vendedores de nostalgias, que acuden al suéter por las noches para enterrar recuerdos.

Tremendo revuelo de confrontación y cálida esperanza de vida es la que protagonizan cada vez con más propósito las mujeres solteras por elección, que se desparraman desde República Dominicana y por todo el Caribe, desde el borde de la insubordinación, porque no encuentran un hombre acorde.

Y dentro del humor, El Chavo del Ocho batiendo a la memoria para descubrir más pobreza en el mismo patio del encuentro con sus personajes idénticos y no grotescos, que nos hacen reír con pausa blanca. Es un reclamo a la educación, a la intolerancia de una sociedad que los persigue siempre para hundirlos, en el punto denominador del engaño, la mentira y la traición del valor humanista.

La vida de 57 años, con la parranda seca de la impaciencia y con las ganas de entretener al amor.     

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