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Actualmente estoy realizando estudios de Maestría en el exterior y una profesora nos comentó en su cátedra que hace algunos años le impartió clases al Presidente de México Felipe Calderón en una prestigiosa universidad de ese país, en igual sentido mi profesor de filosofía nos comentó hace algunas semanas que fue compañero de curso en una prestigiosa universidad parisina del Presidente de Perú Ollanta Humala en el año 2004. Estas referencias me hicieron sentir una sensación combinada de envidia sana y profunda decepción, porque jamás conoceré a un prestigioso académico que me diga que fue profesor del Presidente Ortega en la universidad ya que él no pasó de la secundaria.

Esta situación ha sido incluso objeto de sátira popular, un chiste relata que la madre del Presidente Ortega responde a un periodista en una entrevista que de haber sabido que su hijo iba a ser presidente lo hubiera mandado a la escuela. Pero para nuestra buena fortuna Ortega es la excepción, Enrique Bolaños Gayer realizó sus estudios superiores en la Universidad de San Luis Misuri, EU; Doña Violeta Barrios resultó electa en buena medida por lo que representó su esposo Pedro Joaquín Chamorro en la lucha contra la dictadura somocista, Chamorro realizó sus estudios superiores en la UNAM de la ciudad de México; el dictador Anastasio Somoza de Bayle realizó sus estudios  universitarios en West Point; René Schick Gutiérrez era abogado; Leonardo Argüello Barreto era médico. Puedo incluso remontarme a los 30 años conservadores y mencionar a Joaquín Zavala, un militar con estudios superiores o bien referir a Adán Cárdenas, médico que realizó sus estudios en la Universidad de Pisa en Italia. No omito manifestar que me impresionan más los estudios de los políticos de origen conservador.

El mérito de Ortega es haber tenido participación en la guerra civil que concluyó con el derrocamiento de la dictadura, y suponiendo que fue “el hombre de la película”- y aclaro que no lo fue- tampoco está calificado para ser Presidente. El Gral. José Dolores Estrada derrotó a los filibusteros en la batalla de San Jacinto marcando un hito en nuestra historia que conmemoramos cada 14 de septiembre, eso lo convirtió en héroe nacional mas no lo calificó para ser Presidente. Por otra parte, Pancho Villa y Emiliano Zapata son héroes indiscutibles de la revolución mexicana y ninguno de ellos pretendió al menos erigirse Presidente.

Es justo reconocer que una persona sin estudios superiores puede llegar a ser un gran estadista, aunque para ello se requiere una inteligencia excepcional, la equivalencia actual de ser casi un genio. Si Ortega es un estadista innato por su notoria inteligencia ¿Por qué nunca ha debatido como candidato presidencial?; ¿Por qué sus discursos son tan malos?; y ¿por qué es incapaz de hilvanar una declaración pública coherente cuando lo abordan los periodistas? Si no podemos atribuir su capacidad a su inteligencia, pensemos un poco en su experiencia, ya que Ortega ha figurado en la política nacional en 5 décadas diferentes, de las cuales ha sido presidente más de una década y no hay un solo hecho atribuible a él que se haya convertido en un parte aguas positivo en nuestra historia nacional, ¿Cuál fuera nuestra historia si él hubiera sabido que iba a perder las elecciones en 1990? Y por último, si su experiencia política ha sido tan positiva para el país cómo explicar el hecho que es repudiado por casi dos tercios de la población o si es tan inteligente, por qué no ha revertido esa tendencia.

Ortega tiene una obsesión de poder porque no tiene el menor sentido ético de la política, ya que la ética se perfecciona en primer lugar con nuestra formación académica profesional y en segundo término por las delimitaciones prácticas que nuestro ejercicio profesional nos va presentando. Ortega no tiene estudios universitarios y tampoco una experiencia laboral distinta a la de la política que le ayude a dimensionar los límites en lo que hace.

Lo trágico de esta historia no es la incapacidad de Ortega, sino la incompetencia en nuestra clase política que permite que personas sin habilidad alguna desempeñen el cargo más importante del país. Incompetencia de la clase política que tiene su origen en que a la fecha premiamos el caudillismo en los partidos políticos y nos resistimos a la institucionalización. La institucionalidad de los partidos políticos funge de filtro natural, ya que hace prevalecer a líderes políticos con capacidades y no a zánganos mercenarios de la política que se abren paso a base de puñaladas y exclusiones.

En Nicaragua posiblemente existan entre 300 y 400 mil profesionales, mismo número de personas que están más calificadas que Ortega para ejercer el cargo que ocupa. Los nicaragüenses en general por medio de su voto y la clase política en particular luchando desde lo interno de nuestros partidos políticos, debemos dar nuestro mejor esfuerzo para que en Nicaragua se instaure una aristocracia en el sentido etimológico de la palabra, el gobierno de los mejores.

*Miembro de la Juventud
Partido Conservador