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No hay que ser un lince para darse cuenta que en la sociedad actual, las librerías van desapareciendo y los modos de leer se transforman. Aquí pasito a pasito, pero en los países desarrollados a velocidad supersónica. No por eso vamos a dejar de asomarnos al futuro.

Una cadena de librerías de las grandes de Estados Unidos, la Asociación de Editores Americanos, informó hace poco que sus ventas del e-book tuvieron un incremento de 160 por ciento durante lo que va del año, en comparación con el mismo periodo de 2010, según su reporte de ingresos. Otra tienda informó que sus clientes ahora compran más libros electrónicos que en formato impreso. Da mucho pesar la desaparición de librerías. Es triste perder a un integrante de la comunidad editorial pero debemos reconocer que los modos de leer están cambiando. El cambio viene y nadie lo detiene.

En los Estados Unidos los libreros ultiman los detalles legales del proceso de cierre de sus librerías. Hacen promociones, reciben a los lectores que buscan aprovechar entre los anaqueles los precios de liquidación, como quien recorre los restos de un naufragio.

En las crónicas de la prensa estadounidense, no ajenos al sentimiento de nostalgia, algunos deploran perder un lugar adonde ir a la hora de la comida para ver libros, que más tarde bajarán en sus casas con medios electrónicos. Parece que las personas ya no van a las librerías a comprar libros, sino en visita de esparcimiento, como quien visita el zoológico para ver especies en extinción.

Hay estadísticas que señalan que se venden 105 e-book, por cada 100 en formato impreso, incluyendo los que no tienen versión electrónica y excluyendo los ejemplares gratuitos que incrementarían sustancialmente las cifras.
En lo que se refiere a dispositivos de lectura electrónicos, la versión más reciente y barata cuesta 114 dólares en vez de los 400 de inicios de año. Mientras que el porcentaje de estadounidenses que poseen un lector electrónico saltó de 6 a 12 por ciento, mientras 8 por ciento posee una tableta.

Al respecto se ha creado una metáfora que compara la distancia tecnológica entre dos fronteras. Si eres un adulto que lee libros hoy, eres un inmigrante digital de una tierra extranjera, donde visitar los viejos países con librerías es vivir en la marginalidad. La moda actual es bajar los archivos digitales. Una lectora electrónica recién incorporada dijo que es triste que la tecnología esté cambiando las cosas, lo cual es inevitable. Los escépticos sobre los lectores electrónicos, todavía quieren una copia física de algún libro, aunque ya lo tengan en su tableta. Otro con resignación opinan que no es bueno que cierren, pero la forma en que funciona el mercado no tiene vuelta de hoja. Ahora van tras los e-book.

En México, que para nosotros es la avanzada latinoamericana, la industria del libro electrónico es incipiente, no hay cifras sobre las ventas en ese formato, además de que las editoriales aún temen y desconocen su funcionamiento, como manifiesta la Cámara Nacional de la Industria Editorial. El reporte de 2009, tiene datos escasos al respecto y las cifras de 2010 las darán a conocer en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en noviembre próximo, donde podría aparecer un panorama del naciente sector editorial de los e-book en el ámbito latinoamericano.

Desde otro ángulo, en estudios sobre venta de servicios a través de la red de redes, no hay datos reportados del sector editorial. La lista la encabezan los boletos de avión, computadoras y entradas para espectáculos. De manera amigos que hay que ir reuniendo los reales para comprar su dispositivo de lectura electrónico o retorna al analfabetismo.